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Bonos, reemplazos y horas extra: El impacto silencioso del verano en las pymes

Menor actividad, pero mayores egresos marcan enero y febrero para muchas pequeñas y medianas empresas, en un período donde vacaciones, reemplazos y gastos operativos tensionan el flujo de caja. Expertos entregan recomendaciones.

06 de Febrero de 2026 | 15:36 | Patricio Gutiérrez
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Aunque para muchos rubros el verano es sinónimo de menor actividad, para las pequeñas y medianas empresas este período puede venir acompañado de una presión extra sobre sus finanzas. A la baja en las ventas que se registra en enero y febrero, se suman una serie de costos operativos que no siempre se anticipan y que pueden afectar de forma directa el flujo de caja.

Vacaciones legales, reemplazos temporales y horas extra, entre otros, crean un escenario que, si no se planifica con anticipación, puede desordenar el equilibrio financiero del negocio.

De acuerdo con especialistas, uno de los principales errores es asumir que el verano es un período “más liviano” desde el punto de vista financiero. Mario Zúñiga, fundador y director de Expansión Global de Zenta Group (Aceleradora tecnológica), advierte que “durante el verano no solo bajan las ventas en algunos rubros, también aparecen costos que muchas veces no se anticipan. Hablamos de reemplazos temporales, pagos de horas extra, menor productividad por equipos incompletos y gastos operativos que siguen corriendo aunque la actividad disminuya”.

A estos factores se agregan “desajustes desajustes administrativos, como rendiciones atrasadas o facturas que se pagan fuera de plazo, lo que termina afectando la planificación financiera sin que sea tan evidente al principio”, explica Zúñiga.

Más egresos en meses de menor facturación


El impacto de estos costos se siente con fuerza en la caja durante los primeros meses del año. En muchas pymes, enero y febrero concentran el pago de vacaciones, finiquitos temporales y horas extra destinadas a cubrir funciones críticas.

El impacto es directo en la caja. En verano se concentra el pago de vacaciones, finiquitos temporales y, muchas veces, horas extra para cubrir turnos críticos. El problema es que estos desembolsos no siempre vienen acompañados de un aumento en los ingresos, e incluso pueden coincidir con meses más lentos en ventas”, señala Zúñiga.

Una visión similar plantea María José Donatucci, gerenta de BDO Pyme (Consultoría), quien enfatiza que este desbalance entre ingresos y egresos es complejo para empresas de menor tamaño. “Enero y febrero suelen ser meses de menor facturación para muchas pymes, pero paradójicamente con mayores egresos. Las vacaciones obligan a redistribuir funciones, pagar horas extra o contratar reemplazos, lo que aumenta el gasto en remuneraciones justo cuando la caja está más ajustada”, indica.

En empresas pequeñas, este desequilibrio se siente con fuerza, ya que no siempre existe un colchón financiero para absorber esos costos sin afectar el flujo diario”, complementa.

Señales de alerta en la gestión financiera


Cuando los costos del verano comienzan a desordenar el equilibrio financiero, aparecen señales claras. Una de las primeras es la pérdida de visibilidad sobre los gastos, junto con una gestión reactiva.

Una señal clara es cuando se empieza a perder visibilidad de los gastos: rendiciones que se acumulan, pagos duplicados o dificultad para saber cuánto se está gastando realmente. También aparecen atrasos en pagos a proveedores, uso más frecuente de líneas de crédito o la necesidad de `parchar´ la caja para llegar a fin de mes”, dice Zúñiga.

Donatucci agrega que también es una alerta el aumento sostenido de horas extra sin planificación y los pagos imprevistos a fin de mes. “También es una alerta cuando la gestión se vuelve reactiva: se cubren turnos ‘sobre la marcha’, se toman decisiones de corto plazo y se pierde visibilidad del gasto real. Cuando esto se repite cada verano, deja de ser algo puntual y pasa a ser un problema estructural”, advierte.

Anticipación y control, más que recorte


Para los expertos, la clave no está en eliminar costos que muchas veces son inevitables, sino en anticiparlos y administrarlos con mayor control. La planificación previa y el orden interno aparecen como factores determinantes para atravesar el período estival sin sobresaltos.

Lo principal es anticiparse. Proyectar los costos del verano con datos reales de años anteriores, ordenar los procesos internos y tener visibilidad diaria de los gastos marca una gran diferencia”, sostiene Zúñiga. En ese sentido, destaca la importancia de definir presupuestos claros para reemplazos y horas extra, así como de acortar los tiempos de rendición y pago.

Desde la mirada financiera, Donatucci subraya la necesidad de planificar con tiempo las vacaciones y definir escenarios de reemplazo. “La clave está en anticiparse. Planificar vacaciones con tiempo, proyectar escenarios de reemplazo y definir límites claros para las horas extra ayuda a evitar sorpresas”, señala.

Ambos concuerdan en que una buena gestión del verano no busca frenar la operación ni recortar gastos, sino proteger la continuidad del negocio. “No se trata de gastar menos a toda costa, sino de saber exactamente en qué, cuándo y por qué se está gastando”, concluye Zúñiga.