La decisión de España de no colaborar con el ataque que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán el sábado —ni permitir el uso de sus bases militares para operaciones logísticas y de apoyo— abrió un nuevo foco de tensión política con Washington.
La reacción desde la Casa Blanca no se hizo esperar. El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó ayer que "no quiere tener nada que ver con España" y ordenó suspender "todas las negociaciones" con el país, al que calificó como un aliado "terrible".
"Vamos a cortar todo el comercio con España", añadió Trump, aunque sin detallar cómo podría materializar esa medida, más allá de mencionar la posibilidad de “embargos”.
En un escenario internacional ya marcado por la tensión geopolítica, la posibilidad de que el desacuerdo derive en represalias comerciales vuelve a poner bajo la lupa a los sectores españoles más expuestos al mercado estadounidense. El impacto, además, podría extenderse al resto de Europa, dado que España forma parte del mercado único.
Según una nota de El Pais de España, en 2025, España exportó a Estados Unidos bienes por 16.716 millones de euros (unos US$18.200 millones), un 8% menos que el año anterior, mientras que las importaciones alcanzaron los 30.174 millones de euros (unos US$32.900 millones), un 7% más. Como resultado, el déficit comercial con Washington se amplió hasta los 13.458,4 millones de euros (unos US$14.700 millones). Solo el saldo negativo con China fue mayor, con 42.278 millones de euros (unos US$46.100 millones) el año pasado.
En términos sectoriales, las exportaciones españolas a Estados Unidos estuvieron lideradas por maquinaria y equipos eléctricos, con casi 4.000 millones de euros (unos US$4.360 millones). En las importaciones, en tanto, cerca de un tercio correspondió a productos energéticos, seguidos por productos farmacéuticos y maquinaria de diverso tipo.
Aun así, el margen legal para sancionar exclusivamente a España es limitado. Cualquier arancel o restricción dirigida a productos españoles afectaría inevitablemente al conjunto de la Unión Europea, que negocia la política comercial de forma conjunta y responde en bloque a este tipo de medidas.
Washington podría, sin embargo, optar por gravámenes selectivos sobre categorías de bienes donde el peso de España sea especialmente visible o donde el impacto político resulte más inmediato. En ese escenario, el sector agroalimentario volvería a quedar en primera línea.
Aunque Estados Unidos no es el principal destino de las exportaciones españolas —solo el 4,3% se dirige a ese mercado—, existen sectores particularmente expuestos, como el del aceite de oliva o el de la maquinaria y los equipos eléctricos.
El mercado estadounidense concentra cerca del 50% del consumo mundial de aceite de oliva fuera de la UE. En caso de restricciones comerciales, competidores extracomunitarios podrían ocupar parte de ese espacio. Uno de ellos es Túnez, que además se beneficia de la anulación de los aranceles recíprocos decretada por el Tribunal Supremo estadounidense.
En cualquier caso, un eventual gravamen no afectaría únicamente a España. También impactaría a otros grandes productores europeos, como Italia o Grecia. En 2025, España exportó a Estados Unidos 970 millones de euros en aceites (unos US$1.060 millones).
Estados Unidos también representa un mercado estratégico para el vino español, tanto por volumen como por precio. Es, además, el principal destino de los espumosos españoles. En este segmento también existe competencia fuera de la UE, especialmente de productores latinoamericanos como Argentina y Chile. Un eventual arancel, sin embargo, también alcanzaría a países como Italia o Francia.
Algo similar ocurriría con los productos cárnicos curados, como el jamón ibérico, aunque en este caso el impacto recaería principalmente sobre España.
La exposición al mercado estadounidense no se limita al sector agroalimentario. En el ámbito industrial, Estados Unidos absorbe una parte relevante de las exportaciones españolas de maquinaria, bienes de equipo y material eléctrico, que en conjunto superan los 4.000 millones de euros anuales (unos US$4.360 millones).
De hecho, algunos de estos segmentos registraron en 2025 crecimientos de dos dígitos, según datos recientes de la Cámara de Comercio. Las exportaciones de maquinaria y aparatos mecánicos alcanzaron los 2.600 millones de euros (unos US$2.830 millones), mientras que los materiales eléctricos sumaron 1.765 millones de euros (unos US$1.920 millones)**. También destacaron los productos cerámicos (590 millones de euros; unos US$640 millones) y las manufacturas de piedra y yeso (335 millones de euros; unos US$365 millones).
Por su dinamismo y valor agregado, estos productos podrían convertirse en un instrumento de presión si la administración estadounidense buscara generar un impacto económico tangible en España. A ellos se sumarían otros sectores como los componentes de automoción o la fundición de hierro y acero, que ya han mostrado retrocesos en los últimos años y que podrían verse aún más afectados por nuevas barreras comerciales. El sector farmacéutico, con 1.265 millones de euros en exportaciones (unos US$1.380 millones), también figura entre los potencialmente expuestos.
No sería la primera vez que la Casa Blanca recurre al comercio como herramienta de presión diplomática. Aunque España no negocia de manera individual —la política comercial es competencia exclusiva de la Comisión Europea—, precedentes recientes han encendido las alertas en sectores especialmente sensibles a los vaivenes de la política comercial estadounidense.
El verano pasado, Trump criticó duramente a España por no elevar su gasto militar hasta el 5% del PIB y advirtió que el país pagaría “el doble” a través del comercio. Una amenaza que finalmente no se concretó.