Durante casi un siglo, los diamantes fueron sinónimo de lujo, estatus social y compromiso.
El eslogan "A Diamond is Forever", acuñado por De Beers en 1947, convenció a generaciones enteras de que el amor debía sellarse con una piedra extraída de la tierra. Hoy, ese relato se desmorona junto con el valor de mercado de las empresas que lo construyeron.
La semana pasada, el mundo minero fue testigo de un hito que pocos habrían imaginado hace apenas una década.
Rio Tinto cerró definitivamente su mina Diavik, ubicada en los Territorios del Noroeste de Canadá, el 24 de marzo de 2026, tras 23 años de operaciones y más de 150 millones de quilates de diamantes en bruto extraídos, completando así su salida total de la industria después de más de 50 años en el negocio.
El golpe simbólico es mayúsculo. Rio Tinto, uno de los gigantes globales de la minería, abandona para siempre una industria que alguna vez fue uno de sus pilares. Y lo hace desde una posición debilitada: registró una pérdida de US$79 millones en esa unidad durante 2025.
La situación de De Beers
Pero si hay una historia que refleja con mayor crudeza la caída del negocio diamantífero, es la de De Beers.
La compañía que durante décadas controló hasta el 80% del mercado mundial de diamantes en bruto hoy representa apenas una fracción de lo que fue.
De Beers ha perdido más de la mitad de su valor en los últimos años: desde una valoración de US$8.500 millones en 2023, cayó hasta los US$4.100 millones. Si se compara con el pico de US$12.750 millones registrado en 2011, la destrucción de valor resulta evidente: hoy la empresa equivale a cerca de un tercio de ese máximo.
Además, la firma produjo menos de 22 millones de quilates el año pasado, frente a los casi 35 millones de 2022, en un intento por sostener los precios.
Anglo American, dueña de la firma junto a Botswana, intenta desprenderse de De Beers desde mayo de 2024, cuando anunció su intención de vender o escindir la compañía. La búsqueda de compradores continúa.
En febrero de 2026, Anglo registró una depreciación adicional de US$2.300 millones en De Beers —la tercera en dos años—, elevando el total de amortizaciones a US$6.800 millones en ese período. El valor contable de la filial se sitúa ahora en apenas US$2.300 millones. "Espero sinceramente que este sea un punto de inflexión", dijo el director ejecutivo Duncan Wanblad. La industria observa con cautela.
El enemigo número uno
Parte importante de la explicación está en los diamantes sintéticos: piedras químicamente idénticas a las naturales, fabricadas a una fracción del costo.
La producción global de diamantes de laboratorio superó los 9 millones de quilates en 2023 —nueve veces más que en 2010—, impulsada principalmente por China e India.
De Beers perdió casi US$1,5 millones diarios el año pasado, en parte por el rápido auge de estas alternativas, que ya capturan una porción creciente del mercado. En Estados Unidos, se utilizaron en casi la mitad de los anillos de compromiso vendidos entre enero y agosto de 2025, según datos de BriteCo.
"Los diamantes naturales enfrentan una presión estructural cuando el precio se vuelve el principal criterio de compra", dijo Paul Zimnisky, analista independiente del mercado con sede en Nueva York.
En el corazón del estado indio de Gujarat, Surat es la capital mundial del pulido de diamantes naturales.
Por sus talleres pasa aproximadamente el 90% de todos los diamantes extraídos de minas que se venden en el mundo: llegan en bruto desde los yacimientos de Botswana, Rusia o Canadá y salen convertidos en las piedras que terminan en los anillos de compromiso de Nueva York, Tokio o París. Durante décadas, la ciudad fue sinónimo de prosperidad. Hoy funciona como un termómetro de la crisis.
De acuerdo con Bloomberg, su nueva Bolsa de Diamantes —inaugurada en 2023 y diseñada para ser el mayor centro de comercio de gemas naturales del planeta, con capacidad para 4.700 oficinas— se encuentra prácticamente vacía.
Desde su apertura, solo unas 250 de esas oficinas están operativas. El vasto corredor central, concebido para cerrar acuerdos millonarios, permanece desierto.
Además, grandes marcas han abrazado la tendencia de los diamantes artificiales: Pandora eliminó los diamantes naturales en 2021; Swarovski duplicó sus ventas de sintéticos en 2024; y Signet Jewelers los ofrece junto a los naturales en todas sus cadenas.
En paralelo, los compradores chinos de artículos de lujo —históricamente el principal motor de crecimiento del sector— han reducido su demanda de gemas.
Los minoristas chinos comenzaron a liquidar masivamente sus inventarios de diamantes pulidos, añadiendo una presión adicional de US$2.000 millones sobre la cadena de suministro global. En Amberes, otra capital del comercio diamantífero, las transacciones cayeron a unos US$19.000 millones desde un máximo de US$41.000 millones en 2022, reflejando el declive de la industria.