En la madrugada del miércoles 21 de mayo, y producto de una enfermedad, falleció Ronald Steve Bown Fernández. Tenía 80 años.
Con él se va uno de los arquitectos más influyentes del Chile exportador: el hombre que durante más de tres décadas condujo la Asociación de Exportadores de Frutas de Chile (Asoex) —hoy Frutas de Chile— y que transformó la fruta nacional en un producto de reputación global.
La noticia desató una ola de condolencias desde los más altos niveles del sector agrícola y del Gobierno, con dirigentes gremiales y autoridades coincidiendo en que su partida deja un vacío difícil de llenar.
Nacido en Santiago, hijo de padre de origen inglés y escocés y de madre chilena —descendiente del prócer José Miguel Carrera, según el propio Bown—, Ronald cursó ingeniería comercial en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, donde también ejerció como dirigente estudiantil y se formó bajo la guía de quien sería su mentor intelectual: Carlos Cáceres Contreras, futuro ministro de Hacienda y presidente del Banco Central.
Con el título en mano, Bown inició su vida laboral lejos del mundo agrícola: pasó por Sindelen, Ambrosoli, CIC, Laboratorio Chile y Schering-Plough antes de recalar, en noviembre de 1986, en la entonces Asociación de Exportadores.
Llegó como director ejecutivo, cuando Roberto Izquierdo Menéndez presidía el gremio. Cuatro años después, en 1990, asumió la presidencia de la entidad, sucediendo a Enrique Bruzzone, y no la soltaría hasta septiembre de 2022, cuando traspasó el mando a Iván Marambio.
Fuera del ámbito profesional, Bown fue esposo de María Teresa Sepúlveda y padre de siete hijos —entre ellos, la actual alcaldesa de San Miguel, Carol Bown— y abuelo de ocho nietos.
El salto exportador
Cuando Bown tomó las riendas de Asoex en 1990, Chile no contaba con ningún tratado de libre comercio vigente y la fruta nacional generaba exportaciones por alrededor de US$700 millones. Treinta y dos años después, al momento de dejar el cargo, el sector había alcanzado cifras récord que en 2025 rozaron los US$ 9.000 millones.
Una multiplicación por doce que no es azarosa: quienes lo conocieron señalan que Bown estuvo presente, como representante de los exportadores frutícolas, en la mayoría de las negociaciones para la apertura de mercados que Chile emprendió durante ese período.
El ministro de Agricultura, Jaime Campos, lo resumió así: "Fue un gran embajador de Chile en el mundo; permitió que se abrieran muchos mercados, particularmente en el sector frutícola". Campos, quien trabajó junto a Bown durante largos años, fue enfático al calificarlo como "uno de los artífices de los logros que Chile ha alcanzado en esta materia".
"Su fallecimiento es para mí una pérdida irreparable", subrayó.
Iván Marambio, su sucesor al frente de Frutas de Chile, destacó que Bown condujo el gremio "con visión, generosidad y un compromiso inquebrantable", pero subrayó que su legado va más allá de los volúmenes exportados. Según Marambio, Bown fue un articulador nato entre el sector público y privado, capaz de construir consensos donde otros encontraban obstáculos, y un defensor incansable de los fruticultores a lo largo de décadas.
"Su liderazgo trascendió al ámbito frutícola, convirtiéndose en un referente de cómo el diálogo y la articulación público-privada pueden contribuir al desarrollo y a la proyección internacional de Chile", sostuvo.
Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), se sumó a las condolencias destacando su "permanente compromiso con el crecimiento del país" y calificándolo como una figura clave en el fortalecimiento de "una agricultura moderna, competitiva y conectada con el mundo".