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La factura de los temporales: Expertos sacan primeros cálculos del impacto en el PIB y la inflación

Los especialistas coinciden en que la velocidad de la reconstrucción será clave para evitar que el impacto se vuelva más persistente.

22 de Julio de 2026 | 08:01 | Por Martín Garretón, Emol.
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ATON CHILE
¿Cuál será el costo del intenso sistema frontal sobre la economía? Esa es la interrogante que ya se plantean varios economistas, tras las intensas lluvias que afectaron a gran parte del país y dejaron una emergencia humana y material, con pérdidas que hasta ahora se cuantifican en unos US$400 millones según la consultora Colliers.

Aunque todavía es prematuro cuantificar el impacto definitivo, los expertos coinciden en que las consecuencias se sentirán en la actividad durante los próximos meses, especialmente por los daños en infraestructura, la interrupción de la producción y los problemas logísticos.

Sin embargo, las coincidencias terminan ahí.

Mientras algunos advirtieron que la emergencia podría traducirse en un menor crecimiento, presiones temporales sobre los precios de los alimentos y pérdidas relevantes para sectores como la agricultura, el comercio y parte de la minería, otros creen que el efecto sobre el PIB será acotado y que incluso las obras de reconstrucción podrían compensar parte de las caídas registradas durante el trimestre.

Con todo, en conversación con Emol, expertos analizaron los distintos escenarios y coincidieron en que la velocidad de la respuesta pública y privada será determinante para definir si el sistema frontal deja solo un tropiezo transitorio o termina afectando con mayor fuerza el desempeño económico de Chile.

Los primeros damnificados económicos


Si hay un punto donde prácticamente no existen discrepancias es en los sectores que resentirán con mayor fuerza la emergencia. La agricultura aparece como la principal afectada por las inundaciones, la pérdida de cultivos y el deterioro de los sistemas de riego, mientras que el comercio enfrenta menores ventas producto de los cortes de caminos y la menor circulación de personas.

Juan Ortiz, economista sénior del OCEC-UDP, sostuvo que uno de los efectos más visibles será el daño sobre el sector agrícola y el transporte, "producto de inundaciones en diversas regiones del país". A ello agregó que el comercio también se ha visto afectado "toda vez que se reduce el flujo de personas dadas las condiciones climáticas".

Una visión similar planteó Viviana Véjar, docente investigadora de Faro UDD, quien advirtió que las interrupciones logísticas pueden multiplicar sus efectos sobre distintas actividades. "Basta que falle un eslabón de la cadena para afectar múltiples actividades económicas", afirmó, agregando que carreteras dañadas, problemas eléctricos e infraestructura comprometida reducen la capacidad de producir e intercambiar bienes y servicios.

Desde el Instituto Libertad, Gustavo Díaz también sitió al agro como el sector más vulnerable debido a las pérdidas de cultivos y daños en sistemas de riego. Sumó las dificultades que enfrentan las pequeñas y medianas empresas por cierres temporales e inundaciones, mientras que Gonzalo Escobar, académico de la Universidad Andrés Bello, incorporó al turismo entre las actividades que podrían resentir especialmente la emergencia en regiones como Atacama y Coquimbo.

Minería: Un impacto desigual

Aunque la minería aparece entre los sectores afectados, los especialistas distinguen entre la realidad de las grandes operaciones y la de los productores de menor escala.

Véjar advirtió que ya existen problemas para movilizar los cambios de turno de trabajadores provenientes de ciudades como Ovalle, La Serena y Coquimbo, situación que podría retrasar la producción si las precipitaciones continúan afectando caminos e infraestructura crítica.

Para Díaz, la gran minería cuenta con protocolos que le permitirán absorber mejor la contingencia, mientras que "la pequeña minería será más vulnerable por problemas de acceso y suspensión de faenas".

Víctor Silva, académico de la Usach, coincidió en ese diagnóstico. A su juicio, las grandes compañías solo deberían experimentar una caída acotada en su producción mensual, aunque señaló que ya existen registros de suspensiones puntuales de operaciones y dificultades para el transporte de carga en el norte del país.

Nicolás Román, académico de la Universidad de los Andes, añadió que el deterioro de caminos, puentes y otra infraestructura pública termina ralentizando el abastecimiento de insumos para la minería, generando efectos sobre la producción mientras no se normalice la conectividad.

¿Corregir las proyecciones?

Donde aparecen las mayores diferencias entre los especialistas es respecto del impacto que podría tener el sistema frontal sobre el crecimiento económico de este año.

Ortiz estimó que el efecto será acotado, aunque medible. Según sus proyecciones, el fenómeno restaría entre 0,2 y 0,3 puntos porcentuales al Imacec de julio, principalmente por la suspensión de clases y la menor producción agrícola.

"En este escenario estimamos un impacto negativo en el Imacec de Julio entre 0,2 y 0,3 pp explicado principalmente por la suspensión de clases

Juan Ortiz
Silva también prevé un impacto negativo, aunque concentrado en el tercer trimestre. A su juicio, si las pérdidas económicas se acercan a los niveles registrados en el temporal de 2023, la economía podría resentirse durante algunos meses antes de mostrar una recuperación impulsada por las obras de reconstrucción y una mayor generación hidroeléctrica.

Otros economistas llaman a la cautela. Véjar sostuvo que "es prematuro modificar las proyecciones macroeconómicas", ya que la magnitud dependerá de la extensión de los daños, la rapidez para recuperar la infraestructura crítica y el peso de los sectores afectados sobre la economía nacional.

Además, enfatizó que "no se debe caer en la falacia de la ventana rota", recordando que reconstruir infraestructura destruida no implica crear nueva riqueza.

"No se debe caer en la falacia de la ventana rota ya que la reconstrucción compensa una pérdida previa de riqueza; no constituye creación neta de bienestar"

Viviana Véjar
Desde el Instituto Libertad, Díaz consideró que el efecto sobre el PIB será transitorio y "como máximo unas pocas décimas de crecimiento", dependiendo de la velocidad con que se restablezca la conectividad y avance la reconstrucción.

Más optimista es Escobar, quien enfatizó que los efectos sobre las proyecciones "deberían ser bastante acotados" e incluso planteó que el gasto asociado a la reconstrucción podría terminar generando un impulso sobre la actividad en el mediano plazo.

Inflación: alzas puntuales


En materia de precios también predomina un diagnóstico común: el sistema frontal podría provocar aumentos transitorios, especialmente en alimentos, pero difícilmente cambiará la trayectoria de la inflación. Ortiz proyectó un efecto marginal de 0,1 puntos porcentuales sobre el IPC de julio, concentrado principalmente en frutas y verduras debido a las pérdidas agrícolas.

Véjar coincidió en que es probable observar aumentos en alimentos perecibles y materiales de construcción, aunque enfatizó que ello no implica necesariamente un proceso inflacionario generalizado. "Lo más probable es observar efectos localizados y transitorios más que un cambio permanente en la trayectoria inflacionaria", afirma.

"Los riesgos sobre la inflación están completamente acotados"

Gonzalo Escobar
Díaz compartió esa visión y aseveró que las mayores presiones provendrán de las interrupciones logísticas y del abastecimiento agrícola, pero recuerda que este tipo de shocks climáticos suele disiparse una vez normalizada la cadena de suministro.

Silva advirtió que el contexto inflacionario ya era desafiante antes del temporal y cree que frutas, verduras y otros productos frescos podrían registrar alzas relevantes durante las próximas semanas. No obstante, también estimó que esas presiones deberían diluirse entre cuatro y ocho semanas después de restablecida la conectividad.

Escobar, por su parte, es el más categórico y afirmó que "los riesgos sobre la inflación están completamente acotados", argumentando que los problemas de abastecimiento serán principalmente regionales y difícilmente se transformarán en un fenómeno nacional.

Para los especialistas, el verdadero costo económico dependerá menos de las lluvias que de la rapidez con que el país logre recuperar su infraestructura. Para Román, la capacidad del Estado para reponer caminos, puentes, puertos, electricidad y agua será decisiva para evitar efectos más persistentes sobre el PIB.