Bocanáriz nació hace más de una década con la idea de crear un espacio -en Santiago- donde cualquier persona pudiera descubrir la diversidad del vino chileno sin salir de la ciudad.
Inspirada por su experiencia en Napa Valley y por las inquietudes de turistas que buscaban conocer la cultura vitivinícola nacional, la enóloga y socia fundadora Katherine Hidalgo decidió transformar esa necesidad en un emprendimiento.
Con el paso de los años, el proyecto evolucionó desde el primer wine bar de Chile a un restaurante especializado que reúne cientos de etiquetas nacionales, una amplia oferta de vinos por copa y una propuesta centrada en acercar el vino a todo tipo de público.
Su carta, además, ha sido distinguida durante una década entre las mejores del mundo por la revista Wine Spectator, consolidando a Bocanáriz como una vitrina para la industria vitivinícola chilena.
Pero el camino no ha estado exento de dificultades. La intensa dedicación que exige el rubro gastronómico, el impacto del estallido social en el barrio Lastarria y el golpe de la pandemia pusieron a prueba la continuidad del negocio.
¿Cómo nació la idea? ¿Qué obstáculos debió enfrentar para sacar adelante el proyecto? ¿Por qué cree que el vino debe dejar de verse como un producto exclusivo? Esas y otras reflexiones las aborda Katherine Hidalgo en una nueva edición de Lo pensó/ lo hizo de Emol, donde repasa la historia de Bocanáriz, los desafíos del emprendimiento y la visión que guía su próximo paso.