Los británicos decidieron poner fin a 43 años de integración en la Unión Europea, en un referéndum que se saldó con 52% de votos a favor y 48% en contra.
Este resultado llevó al primer ministro, el conservador David Cameron, a dimitir. Él había convocado la consulta y encabezó la campaña por permanecer en la UE.
Theresa May, quien fue ministra del Interior de Cameron durante seis años, se convirtió en primera ministra.
El gobierno británico puso en funcionamiento el Artículo 50 del Tratado europeo de Lisboa que rige el mecanismo de retirada voluntaria de un país miembro. Esto, a través de una una carta al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en la que anunciaba formalmente su intención de salir del bloque.
Se inició así el plazo de dos años que debe desembocar en la salida británica el 29 de marzo de 2019.
May adelantó las elecciones y fracasó: perdió la mayoría absoluta y tuvo que negociar el apoyo de los 10 diputados del partido unionista norirlandés DUP para poder gobernar.
La cuestión de Irlanda se convirtió en el principal escollo en la negociación sobre los términos de divorcio. La UE y Dublín exigen que la frontera entre la provincia británica de Irlanda del Norte y la República de Irlanda siga siendo de libre tránsito, pero ello choca con la oposición del DUP a que los norirlandeses tengan un trato diferente al resto de británicos.
Tras negociaciones maratónicas, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y May anunciaban en Bruselas haber llegado a un acuerdo sobre algunos términos claves de la separación.
Estos incluían la factura que Reino Unido deberá pagar respetando los compromisos previamente adquiridos con el bloque: 39.000 millones de libras (51.000 millones de dólares).
May obtuvo el acuerdo de su gobierno para negociar el mantenimiento de estrechas relaciones comerciales con la UE tras el Brexit.
En los tres días siguientes, dimitieron el euroescéptico y entonces ministro del Brexit, David Davis, quien afirmó que May estaba "cediendo demasiado y demasiado rápido", y el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, que se convirtió en el principal detractor de los planes de May a través de su columna semanal en el diario Daily Telegraph.
El gobierno británico anunció que los negociadores de Reino Unido y la UE alcanzaron un "proyecto de Acuerdo de Retirada", que al día siguiente recibió la luz verde del gobierno pese a sus divisiones.
Pero dos días después cuatro miembros dimiten afirmando estar en desacuerdo con el texto, pese a lo cual May siguió adelante con su plan.
Tras superar una amenaza de veto, planteada a última hora por el gobierno de España respecto a las relaciones con Gibraltar tras el Brexit, el 25 de noviembre el Reino Unido y los 27 sellan el Acuerdo de Retirada y una declaración política sobre la futura relación.
La Cámara de los Comunes debía ratificar o rechazar ambos texto en una histórica votación el 11 de diciembre.
Sin embargo, tras tres días de debates parlamentarios en que se hizo patente que se encaminaba al fracaso, May anunció el 10 de diciembre que aplazaba la sesión y volvería a conversar con los líderes europeos en busca de "garantías" para tranquilizar a los legisladores.
Una cincuentena de "rebeldes" entre los 315 diputados del Partido Conservador de May lanzaron una moción de censura para arrebatarle el poder
Para prosperar, necesitan el apoyo de al menos la mitad más uno, es decir 158 votos.