José Rodríguez Elizondo y la figura de Alan García: "Es lo más parecido a Fidel Castro, sin barba y con alternancia democrática"

Cómo Piñera y Bachelet se relacionaron con el fallecido líder del APRA es uno de los temas que aborda en Emol el escritor y ex diplomático chileno.

19 de Abril de 2019 | 09:07 | Por Benjamín Blanco e Ignacio Guerra, Emol
Emol
SANTIAGO.- José Rodríguez Elizondo no esconde su asombro por el trágico final que tuvo el dos veces Presidente de Perú Alan García, quien el miércoles se disparó en el momento que era detenido debido a su vinculación en el caso Odebrecht. "Cuando uno conoce a una figura como esta, con todos los altibajos que ha tenido, se está un poco frente a la historia", comenta.

Y es que el ex diplomático chileno, versado como pocos de los recovecos de las relaciones entre Santiago y Lima –autor de libros como "Chile-Perú: el siglo que vivimos en peligro" entre otros- sostiene que García era un gran discípulo de Maquiavelo: "Un personaje de altibajos que jugaba con las dos manos, con los dos pies".

En conversación con Emol, hace un análisis de las relación que el líder del Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) tuvo con Chile, subrayando que desde el punto de vista más político "es que es una figura a nivel regional de lo más parecida a Fidel Castro, sin barba y con alternancia democrática".

Se la ha catalogado de camaleónico y cambiante. ¿La relación que tuvo con Chile también fue así?

Primero Alan García llega a la Presidencia con la mejor intención de solucionar todos los problemas pendientes con Chile de acuerdo con su ideario integracionista indoamericano, que aprendiera con su mentor Víctor Raúl Haya de la Torre. Entonces hay una serie de negociaciones con el Gobierno de Pinochet. Le cobran cuentas a Alan García en algunas partes diciendo que cómo va a darle un éxito de mejorar relaciones con un dictador, siendo que él es uno de los pocos presidentes democráticos de la región. Sin embargo, él, desafiante dice que quiere tener la mejor relación posible con Chile. 'Inclusive estoy dispuesto a abrazarme en la frontera con el dictador', dijo.

Pero en su primer Gobierno se produce el mensaje del embajador Bákula sobre los límites marítimos de Chile y Perú, el germen de la demanda en La Haya.

Su acercamiento con Pinochet provocó un escalofrío tanto en la izquierda peruana como en la disidencia chilena. De todos modos los cancilleres de ambos países tuvieron casi listo un acuerdo para arreglar todo lo que estaba pendiente, pero entonces surgió Bolivia, creo que fue la época del llamado "enfoque fresco" de Bolivia, y se reactivó el fantasma del "Chañarazo" en el Perú. Entonces Alan García, recurriendo a su maquiavelismo, hace como que está solucionando los problemas pendientes y con la otra mano advertía a Chile que no había tratado específico en temas marítimos. Ahí viene el embajador (Juan Miguel) Bákula a Chile a plantearle este tema al canciller Jaime del Valle. A mi juicio, Alan García trató de equilibrarse frente a su propio sistema político para no aparecer dándole una victoria a Pinochet, y porque su partido era todavía muy izquierdista.

Y es en su segunda administración que demanda a Chile.

El tema de la frontera marítima explosionó con (Alejandro) Toledo, el Presidente anterior a García, quien le dejó preparada la demanda para que él la presentara. Ahora, en el momento en que la presenta se produce esta secuencia de malos ratos con nuestra Presidenta Bachelet.

¿Cuáles?

Alan García se vio obligado a equilibrarse, lo mismo que en su primer gobierno, lo cual significó resucitar el tema de la frontera marítima pendiente, si no Chile podía volver a negociar soberanía con Bolivia, lo cual podría poner nuevamente a Arica en el debate. En esos años fue el movimiento de la caseta naval, donde se incurrió sin previo aviso a un territorio que los peruanos consideraban propio. En ese contexto vino un momento muy duro de relación de Alan García con Chile y que le correspondió llevarlo a la ex Presidenta Bachelet.

"El tema de la frontera marítima explosionó con (Alejandro) Toledo, el Presidente anterior a García, quien le dejó preparada la demanda para que él la presentara"

José Rodríguez Elizondo
Hubo una crispación muy grande, los peruanos acusaron de espionaje a Chile y el comandante del Ejército, Edwin Donayre, 'mandó' a nuestros muertos envueltos en bolsas para Chile. Ahí se produjo una diablura típica de Alan García en contra de nuestra Presidenta, cuando puso el teléfono con el micrófono abierto con todos sus ministros para mostrarles cómo él la tranquilizaba. Y entre las cosas que le dijo fue 'mira Michelle no te preocupes, que este general sale de inmediato'. No obstante, el general salió por que tenía planteado su expediente de jubilación y no fue removido por Alan García. Y nuestra Presidenta creyó que lo iban a sancionar.

Y con Piñera, aunque coincidieron poco, la relación mejoró.

Ahí de nuevo aparecen los altibajos de García. Él promueve un encuentro entre Piñera, y el presidente que lo sucedía a él, que era Ollanta Humala, quien era doctrinariamente antichileno. Esto se refleja en una anécdota que estaba un poco olvidada: Ollanta Humala le mandó una carta Piñera del mismo estilo de la carta de AMLO al Rey de España, diciéndole 'mire señor presidente, para tener una relación buena usted tendría que darnos muchas explicaciones con respecto a lo que sucedió con lo de la tropelía de la Guerra del Pacífico'. En ese momento hubo una sabiduría grande de Piñera, pues se guardó la carta en el bolsillo y no la comentó. Esa carta se filtró en Lima por los adversarios de Humala. Y se consideró lo mismo que con la carta de AMLO: una pieza demagógica. La gestión final de Alan García es la reunión en Lima donde acuden Ollanta Humala y Sebastián Piñera, y después viene la escena del pisco sour.

El famoso brindis de la frase de Piñera, el pisco no es peruano ni chileno, es de quien se lo toma.

Esa escena aquí se consideró sin conocer los antecedentes que estoy explicando y se puso el énfasis en la chabacanería, en un montón de cosas subalternas, pero nadie se dio cuenta de que entre Sebastián Piñera y Alan García habían desmontado un curso de colisión. Además, el brindis con pisco sour había sido antecedido por un episodio muy notable, que es el paseo por el salón diplomático del Palacio Pizarro, donde están todos los cuadros de la Guerra del Pacífico. Alan instaló a todo el séquito de Piñera para que vieran los cuadros. En ese contexto entra Alan García, se dirige a Piñera y le dice que hay que solucionar el tema de los espías. Y ahí viene otra anécdota que me parece deliciosa. El canciller chileno Alfredo Moreno se acerca a García y le dice 'me permite una palabra Presidente'. Y éste, un poco desconcertado, lo queda mirando y lo escucha: 'Mire Presidente, en esto hay que hacerse el huevón'. Todo bien hablado por Moreno, con su estilo. Le dice que hay que hacerse el huevón con los casos de espionaje que afectaban a ambos países. La escena siguiente es la del pisco. Y con estos dos episodios se desmonta la tensión tremenda que se arrastraba por el tema de los espías y por el tema del general Donayre.

Existió un área donde hubo elogios de García a Chile que fue en lo económico.

El primer gobierno de Alan García fue un fracaso económico lamentable. Él terminó con una inflación del orden del 1000%. Hubo hasta conspiraciones en el Ejército, pero se decidió que él terminara su período fracasado. Pero Alan García era un político inteligente y supo hacer una autocrítica, supo estudiar.

" (Alan García) llegó al segundo gobierno con la experiencia de la Concertación chilena y se dio cuenta de que ser de izquierda después de la Guerra Fría y con la experiencia de la Revolución Cubana, no significaba romperse la cabeza contra la muralla del imperialismo norteamericano

José Rodríguez Elizondo
Era un hombre muy versado. Tenía dos postgrados, de ciencias y sociología en Europa, por lo tanto llegó al segundo gobierno con la experiencia de la Concertación chilena y se dio cuenta de que ser de izquierda después de la Guerra Fría y con la experiencia de la Revolución Cubana, no significaba romperse la cabeza contra la muralla del imperialismo norteamericano. Por lo tanto tomó un talante socialdemócrata que desde otra perspectiva podría llamarse centroderechista. Esa es la clave del comportamiento en que él por un lado elogiaba la economía de Chile, y que por otro lado decía: 'Le vamos a ganar a Chile en el terreno económico'. Que era su manera de decir: 'olvidémonos de los rencores de la Guerra del Pacífico'. Él nunca fue anti chileno.
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