Occidente vs. el velo islámico: El debate que resurgió en Europa ante la restricción al burka en Países Bajos

Este mes comenzó a regir la prohibición de la prenda que cubre el rostro en edificios y transporte públicos. Aunque se aludió a temas de seguridad, el tema dividió a los ciudadanos, entre quienes consideran la prenda una forma de represión a las mujeres y quienes defienden la libertad de elegir.

08 de Agosto de 2019 | 08:11 | Redactado por Valentina Salvo U., Emol
AFP
Ni burka ni niqab. Desde principios de este mes comenzó a regir en los Países Bajos la prohibición parcial del uso del velo islámico integral, es decir, aquel que tapa por completo a las mujeres. Con una sanción de cerca de 116.000 dólares para quienes incumplan la normativa, la ley establece la prohibición de llevar "prendas que cubran el rostro" en escuelas, hospitales, edificios o transporte de carácter público.

"En estos lugares, es importante para la seguridad pública y para el buen funcionamiento de los servicios públicos, que todo el mundo pueda reconocerse y mirarse", argumentó el Gobierno, el 1 de agosto recién pasado, fecha en comenzó a regir la ley.

Aunque bajo la premisa de la seguridad la medida afecta a todas las vestimentas que oculten la cara, ya sean un velo, un casco o un pasamontañas, lo cierto es que la discusión de la polémica normativa -aprobada en junio de 2018 por el Parlamento – estuvo centrada en el uso de los velos islámicos y lo que éstos simbolizan para la sociedad holandesa. Lo mismo que ocurrió en países como Francia, Bélgica, Dinamarca, Austria y muchos otros, donde actualmente existen legislaciones similares.

Pero, en el grupo de países occidentales que han restringido estas prendas islámicas, el debate no solo no cesa sino que se ha intensificado: hay quienes consideran que vetar el uso del velo busca impedir el avance del radicalismo islámico y luchar por los derechos de la mujer, y quienes creen que prohibirlo es un acto discriminatorio que vulnera la libertad religiosa y el derecho a elegir.

¿Problemas de seguridad?

El burka, la túnica que cubre totalmente el cuerpo y que sólo deja ver a la mujer a través de una rejilla, es, sin duda, la más polémica de todas las prendas utilizadas por las musulmanas. Aunque también es la menos común. Según un estudio realizado por la Universidad de Michigan en 2014, en la que se consultó a musulmanes de Túnez, Egipto, Irak, Líbano, Turquía, Pakistán y Arabia Saudita, la mayoría de los encuestados, a excepción de los de los últimos dos países, no consideró el burka ni el niqab (se ven solo los ojos) como la prenda más apropiada.

De todas formas, su uso es una temática conflictiva en varios continentes. En 2017, la senadora australiana Pauline Hanson acudió al Parlamento de su país vistiendo un burka para abogar por su prohibición. "Si una persona debe quitarse un pasamontañas o un casco antes de entrar en un banco o cualquier otro edificio, incluido un tribunal, ¿por qué no sucede lo mismo con alguien que tiene la cara cubierta y no se puede identificar?", argumentó la líder del partido ultraconservador Una Nación.

Europa es la región que más ha debatido al respecto. Francia, donde hay alrededor de cinco millones de musulmanes y cerca de 2.000 mujeres utilizan estas vestimentas, fue el pionero en restringir su uso, incluso en la calle, en 2011. Pero aunque la base para su implementación fue la seguridad, para muchos solo respondió al temor a la vulneración de sus valores. La prohibición es necesaria "no solo para garantizar el orden público, sino también para proteger los bienes culturales de Letonia", diría luego, en 2017, el entonces ministro de Justicia letonio, Dzintars Rasnacs, para defender una normativa similar en su país.

Valores en juego

Uno de los principales ejes en el debate valórico por el uso del velo tiene que ver con que éste, en parte, es visto por los ojos occidentales como un símbolo de represión a la mujer. Incluso, la discusión ha dejado de aludir solo al velo integral y ha pasado a poner en duda la idoneidad de otras prendas, como el hijab (cubre solo el pelo y las orejas).

Una de las representantes de esta visión es Ayaan Hirsi Ali, activista crítica del Islam, quien llegó a comparar el burka con una esvástica y una bandera del Estado Islámico en 2017, y al hijab con un cinturón de castidad que "justifica la violación de mujeres que se niegan a usarlo". "El burka simboliza la tradición, es cierto, pero su significado es el del control de la sexualidad. Indica a la mujer que se quede en casa y señala al hombre como incapaz de controlar sus instintos sexuales. Eso es lo que inculcan los islamistas radicales a la gente", consideró en 2011 esta somalí, proveniente de una familia islamista.

"No basta con eliminar el burka de las calles europeas (...). La cultura de acogida debe exigir que los que llegan no solo aprendan el idioma y acaten las leyes sino que también acepten el sistema de valores", añadió quien sufrió la ablación a los 5 años y huyó a Europa para evitar un matrimonio arreglado.

"El burka simboliza la tradición, es cierto, pero su significado es el del control de la sexualidad. Indica a la mujer que se quede en casa y señala al hombre como incapaz de controlar sus instintos sexuales. Eso es lo que inculcan los islamistas radicales a la gente"

Ayaan Hirsi Ali, activista
Esa visión es compartida por muchas activistas defensoras de las mujeres musulmanas. Masih Alinejad, fundadora del movimiento "Miércoles Blancos" contra el uso del hijab en Irán, consideró un "insulto" que mujeres occidentales utilicen este ropaje cuando visitan países árabes, en "señal de respeto". "Llamar a una ley discriminadora 'parte de una cultura' es un insulto para una nación", aseveró en abril pasado, luego de que varias actrices y políticas utilizaran hijab en su paso por Medio Oriente.

En el debate en los Países Bajos también surgieron quienes aseguraron que la utilización del burka y el niqab daña la moral pública de la nación por ser una vestimenta demasiado denigrante para la mujer. Pero para Javier Martínez-Torrón, abogado y académico de la Universidad Complutense de Madrid, la medida solo responde a "la censura, sin posibilidad de recurso, a quienes se apartan de lo establecido".

"Nadie tiene inconveniente en aceptar que alguien se cubra la cara para protegerse del frío; o porque es un motorista que usa casco integral; o un nazareno que participa en una procesión de Semana Santa (…) En el fondo, el problema no es el burka o niqab sino su porqué: el significado que se les atribuye. Quien lleva esas prendas suele ser señalada como sospechosa de posiciones islamistas radicales", explicó en su última columna publicada en el diario ABC de España. "Sería paradójico que, en nombre del feminismo, se negara a las mujeres la libertad de elegir, o se partiera de la premisa de que, cuando no optan por lo que parece razonable a la mayoría, es porque no son verdaderamente libres", añadió.

"Las mujeres se ven obligadas a elegir entre el respeto de sus convicciones religiosas (…) y el acceso a los servicios públicos"

Organización Alliance Citoyenne
En Francia, una polémica por el uso del burkini (contracción de burka y bikini) hizo emerger una percepción parecida. En julio pasado, un grupo de mujeres de la organización Alliance Citoyenne decidió revelarse a la prohibición de utilizar este traje en zonas públicas y acudieron con él a una piscina del municipio de Grenoble. "Las mujeres se ven obligadas a elegir entre el respeto de sus convicciones religiosas (…) y el acceso a los servicios públicos", afirmaron.

La respuesta de las autoridades aludió a la higiene, pues el burkini es visto como poco adaptado al baño, pero también a que éste arriesga la seguridad, ya que se le considera un polémico símbolo de integrismo religioso. La ministra de Igualdad, Marlène Schiappa, dijo que estas militantes pretendían impulsar "un mensaje político: 'cúbranse'", para "crear una nueva norma" que no es "deseable", según citó RFI. Paralelamente, surgió un evento en Facebook titulado: "Contra el islam radical, todos desnudos para hacer que (el alcalde local) actúe", que llamaba a acudir a la piscina sin ropa.

No todas son iguales

Durante su visita a Chile en enero de este año, Ayaan Hirsi Ali también opinó que la clave para detener la radicalización está en impulsar el "pensamiento crítico" entre las mujeres musulmanas en Europa. "No hay que enseñar qué pensar, sino cómo pensar. Y eso es lo que ha hecho Occidente (…) Emancipar a las mujeres es la mejor manera de terminar con el islamismo radical", aseveró.

La periodista egipcia Mona Eltahawy coincide en que la lucha contra la misoginia en el islam la deben hacer las propias mujeres musulmanas. "Es imposible comprender el debate a menos que seas una de ellas", afirmó en entrevista con la agencia Efe, en marzo. Sin embargo, también critica a Occidente: "El cuerpo de la mujer musulmana es el campo de batalla de dos frentes; por una parte, están los que dicen querer liberarnos y, por otra, los misóginos de nuestra comunidad, que quieren imponernos un modo de ser", añadió.

"El cuerpo de la mujer musulmana es el campo de batalla de dos frentes; por una parte, están los que dicen querer liberarnos y, por otra, los misóginos de nuestra comunidad, que quieren imponernos un modo de ser"

Mona Eltahawy , periodista y activista egipcia
Proveniente de una familia musulmana, Eltahawy asegura que existen diferentes argumentos por los que las mujeres de esa religión utilizan estas prendas, además de la obligación religiosa. "Las mujeres llevan el hijab por diferentes motivos. Mi madre, por devoción: piensa que es una obligación religiosa. Yo discrepo de ella, y ella discrepa de mí. Mi hermana lleva hijab para decirle 'vayan a tomar por culo' a los racistas. Quiere que ellos vean que es musulmana. También discrepo de ella", comentó a eldiario.es en abril, y contó que ella misma comenzó a utilizar hijab a los 16 años, pero a los 25 decidió quitárselo.

En ese sentido, recalcó que parte de la pelea debe ser contra la "homogeneización" de las mujeres musulmanas, que "quedan reducidas a lo que visten en la cabeza", y reivindicó la "obviedad" de comprender "que son seres humanos completos y complejos, con problemas, ambiciones, y vidas más complicadas y que no están atravesadas únicamente por el velo".

"Para el PvdA Ámsterdam, la libertad significa que puedes ser quien eres y, por lo tanto, puedes ponerte lo que quieras", escribieron miembros del partido socialdemócrata holandés este fin de semana. Y es que el debate en Países Bajos, no ha terminado. Además de la discusión valórica, las críticas surgieron de los propios gremios públicos y policías que consideran la medida inviable de fiscalizar – al ser un grupo muy minoritario quien lo utiliza -y se han rechazado a respetarla.

Para Martínez-Torrón, la normativa simplemente no es solución a nada. "La amenaza de radicalización que existe en determinados ámbitos de población musulmana en Europa es una cuestión seria y compleja. Como lo es la protección de la libertad de las mujeres, musulmanas o no. Es de una banalidad inaceptable abordarlos mediante gestos del legislador que sólo buscan proteger la sensibilidad estética del occidental medio, ocultando a su vista indumentarias que puedan resultarles visualmente agresivas", sentenció.

Infografía: AFP | Diseño: Johanna Mellado, Emol
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