Empresaria de 44 años dedicada al rubro agrícola, madre de tres hijos y recién enviudada; sonrisa encantadora y cabellera negra de larga extensión. Así era María Chindamo al momento de desaparecer aquel 6 de mayo de 2016 a manos de la mafia italiana en la puerta de su casa en su granja de Montalto di Limbadi, región de Calabria, sur de Italia.
Siete años después, la Fiscalía de Catanzaro entregó las conclusiones de su investigación sobre el asesinato de Chindamo, cuyo desenlace conmocionó a Italia al conocerse que su cuerpo fue triturado y arrojado como alimento para cerdos.
El ente persecutor solicitó la detención de 84 personas relacionadas a la mafia calabresa, organización conocida como
'Ndrangheta, una de las más peligrosas de Italia. Entre los arrestados se encuentran abogados, hosteleros y políticos, como el ex presidente de la provincia de Vibo Valentía, según consignó el medio ABC.
Uno de los sincados como autor del homicidio de María Chindamo es Salvatore Ascone, sujeto que estaría ligado al narcotráfico y cuya finca se encuentra al frente de los terrenos de la víctima.
Los detalles del caso se revelaron gracias a un arrepentido ex miembro de la mafia, Emanuele Mancuso. Este "pentito" -como se conoce en Italia a quien deserta de una organización criminal- relató a las autoridades cómo se perpetró el asesinato de Chindamo, gracias al testimonio que recibió de boca del hijo de Ascone, del que se había ganado la confianza: "Me dijo que en 20 minutos los cerdos se habían devorado el cuerpo de la mujer que habían triturado después los restos de los huesos con un tractor".
La muerte de Chindamo ocurrió un año después del suicidio de Vincenzo Puntoriero, su esposo, quien decidió ahorcarse días después de que la pareja se separara. Con tres hijos y decidida a rehacer su vida, la empresaria publicó en redes sociales una foto con su nueva pareja, un policía. "Algo que fue imperdonable para la familia del marido", señala el fiscal Nicola Graterri, cuyas declaraciones recogen medios italianos.
Chindamo se negaba a vender los terrenos heredados por su marido, pese a los intereses de la familia Mancuso y de Ascano, este último ofreció un valor muy superior al de su tasación normal.
Ella quería gestionar esas tierras, algo que desencadenó su asesinato. "No le perdonaron su libertad, el deseo de ser independiente y, tres días después de haber publicado en redes sociales la foto con su nueva pareja, desapareció", explica el fiscal.
Para hacerla desaparecer, los criminales orquestaron un encuentro con la empresaria, quien comúnmente se citaba con sus trabajadores en su casa. Los secuestradores la esperaron en la puerta de la finca. Se estima que eran tres y no descartan que fueran conocidos de Chindamo, por lo que no sospechó verlos en ese lugar.
Frente a esa puerta, Salvatore Ascano mantenía cámaras de seguridad, las que fueron intervenidas por él para no mostrar las imágenes del momento en que la mujer fue raptada. Quienes lo conocen lo definen como un hombre peligroso, ligado al tráfico de drogas.
Los primeras pistas que revelaron su asesinato fue el hallazgo en el auto de la víctima de sangre y restos de cabello. Posteriormente, fue mutilada durante 20 minutos, desmenuzada con un cortador y lanzada como alimento de cerdos.
Su familia clama justicia, aunque "siempre de la parte de la legalidad, sin peros. Nunca han titubeado sobre la voluntad de entender y obtener justicia. Nosotros hemos valorado esta actitud a lo largo de los años", dijo el fiscal Nicola Gratteri.