Son cerca de las 17.00 horas de un jueves y en Los Cobres de Vitacura el silencio pesa más que la historia.
El centro comercial, ubicado en Avenida Vitacura, todavía conserva la forma que lo volvió reconocible y un ícono arquitectónico del sector Ortiente de Santiago: seis pabellones octogonales dispuestos alrededor de una plaza hundida central.
En sus primeros años, ese espacio fue una postal moderna para Santiago. Había pista de patinaje, cines, recorridos interiores, locales de ropa, servicios y marcas que, según recuerdan antiguos comerciantes,
formaban parte de la vida cotidiana de la comuna y del barrio.
Hoy la escena es otra.
En los pasillos hay movimiento, pero no masa. Hay clientes, pero no vitrineo. Hay locales abiertos, pero muchos parecen depender más de una clientela fija que de un flujo constante. La antigua plaza central ya no concentra niños ni patines. En la noche, el panorama cambia con Club Amanda, Jardin Mallinkrodt y Lucas Bar. Pero durante el día, buena parte del pulso comercial se sostiene sobre peluquerías, barberías, costureras, zapaterías, casas de cambio, farmacia y servicios específicos.
"Ya no es un centro comercial de ropa, es un centro de servicios", resume uno de los locatarios que lleva décadas en el lugar.
La frase se repite, con distintos tonos, en varios comercios. Algunos hablan con nostalgia. Otros, con resignación. Y otros derechamente con molestia.
Los Cobres fue construido en 1977, en una época en que Santiago recién comenzaba a experimentar con los primeros formatos de centros comerciales. Su propuesta arquitectónica era particular, pues buscaba aumentar el perímetro comercial del terreno mediante módulos suspendidos y recorridos en dos niveles, con una gran plaza hundida como corazón del proyecto.
"Antes esto era un boom"
Entre los locatarios más antiguos, la memoria del lugar opera casi como archivo.
Uno de ellos, con 47 años vinculado al centro comercial, recuerda que en los años 80 y 90 Los Cobres "era un boom". No estaban aún los grandes malls que hoy concentran buena parte del consumo del sector Oriente de la capital y tampoco existía el mismo ecosistema y comercio online.
Otro comerciante, cuya familia lleva más de cuatro décadas en el recinto, recuerda que en sus inicios el centro comercial era "súper popular" porque había pocos lugares similares en Santiago. Tenía cine, pista de patinaje y locales que en ese momento eran considerados de alto atractivo comercial, relata.
La caída, según esa mirada, no comenzó necesariamente con la pandemia ni con el estallido social, aunque ambos fenómenos habrían profundizado el problema.
Pues, para varios, el punto de inflexión fue anterior, precisamente con la aparición de malls más grandes, cerrados, con estacionamientos masivos, tiendas ancla, oferta gastronómica y experiencia de paseo.
"Se empezaron a ir las tiendas importantes", dice una locataria. Con el tiempo, agrega, muchos locales fueron arrendados mayoritariamente a peluquerías, talleres de costura y servicios. El público dejó de ir "a dar una vuelta" y comenzó a llegar por motivos puntuales, es decir, arreglar un zapato, comprar hilos, ir a la peluquería, hacer una gestión rápida o retirar algo.
El problema del flujo
La crítica más repetida apunta al bajo flujo de personas durante el día.
Una locataria que lleva tres años en el centro comercial lo describe sin anestesia: "Para mí hoy día estar acá es como estar en una calle cualquiera". A su juicio, la gente que entra a su tienda lo hace porque ya la conoce, no porque vaya caminando por el centro comercial y decida descubrir un local nuevo.
La comparación con otros espacios cercanos aparece una y otra vez.
Algunos mencionan Pueblo del Inglés, Parque Arauco o Alto Las Condes. No solo por tamaño, sino por atmósfera. Dicen que otros lugares "invitan" más, tienen mejor iluminación, más orden visual, vitrinas más atractivas, activaciones y una sensación de paseo que Los Cobres habría perdido.
En ese diagnóstico también aparece la mezcla comercial. Varios reconocen que las peluquerías y barberías mantienen clientela propia, pero creen que esa concentración redujo la diversidad del centro.
Uno de los entrevistados afirma que cerca de la mitad de los locales son salones de belleza o rubros similares. Se contabilizan unas 73 peluquerías dentro del recinto. Consultada la administración por Emol sobre este punto, señala que el porcentaje ronda el 50%.
Pero entrega otra lectura, las peluquerías tienen baja rotación porque funcionan con una lógica distinta. Muchos peluqueros arriendan sillones, forman clientela y luego abren su propio local. Esa dinámica, sostiene, explica el incremento del rubro.
Para algunos locatarios, sin embargo, el problema no es solo que haya muchas peluquerías, sino que otros tipos de tiendas duran poco. Varios coinciden en que los comercios de ropa, decoración o productos más tradicionales suelen resistir dos o tres años, y en algunos casos bastante menos.
Explican que el bajo flujo, costos fijos altos, gastos comunes, personal generan ingresos insuficientes para sostener la operación.
Los Arriendos que no aguantan y la promoción
Los montos de arriendo mencionados por los locatarios varían según el tamaño y ubicación.
Algunos hablan de arriendos cercanos a los $700 mil mensuales. Otros mencionan cifras cercanas a $990 mil. Una locataria cuenta que llegó a pagar alrededor de $1,4 millones antes de renegociar. En casi todos los casos, el diagnóstico es el mismo: con poca circulación, cada peso pesa más.
Una comerciante dice que abrir en Los Cobres exige llegar con clientela previa o con una propuesta muy específica. De lo contrario, el local queda expuesto a una realidad difícil, ya que no hay suficiente público al paso.
Otra locataria, con un negocio de perfumería, cuenta que su modelo funciona mejor cuando la gente agenda, es decir cuando ya la conocen, pero reconoce que a la perfumería le ha costado "un montón" debido a la baja circulación.
Su estrategia, dice, ha tenido que ser casi artesanal, repartir flyers, apoyarse en sus propios clientes y visibilizarse por fuera de la administración.
$800 mil pagan al mes algunos arrendatarios consultados en Los Cobres
Ahí aparece una segunda crítica fuerte: la falta de promoción.
Varios comerciantes acusan que el centro comercial podría hacer más en redes sociales, eventos, señalética, actividades y coordinación interna.
También reclaman que existen restricciones para poner carteles fuera de los locales, lo que —según ellos— limita la posibilidad de atraer público desde los pasillos o desde la calle.
"No nos permiten poner un letrero afuera", dice una locataria. Otro apunta a que falta "presencia" y una comunidad más cohesionada.
La crítica no es unánime. Algunos locatarios tienen una relación cordial con la administración y valoran que Los Cobres siga siendo un espacio tranquilo, seguro y con identidad de barrio, pero incluso entre quienes matizan, aparece la misma idea de que falta empuje.
La respuesta de la administración
Jorge Lama, administrador de Los Cobres de Vitacura, conoce el lugar desde sus inicios. Llegó como propietario en 1978, fue presidente de la junta de vigilancia y luego asumió la administración.
Su diagnóstico parte por un dato: el centro comercial tiene 176 locales y, según afirma, solo uno está vacío y actualmente en remodelación. También sostiene que existen cerca de 120 propietarios, ya que algunos dueños concentran más de un local.
Para Lama, Los Cobres no está abandonado, sino transformado. Pasó de ser un centro comercial de escala metropolitana a un centro comercial de barrio, con fuerte presencia de pymes, servicios y emprendedores que antes trabajaban desde sus casas.
"Hoy lo que más tenemos son pymes", plantea.
El administrador reconoce que el formato cambió y que la aparición de grandes malls, strip centers y nuevos hábitos de consumo modificó el lugar que ocupaba Los Cobres en la ciudad. También señala que el comercio vive un momento difícil, pero lo enmarca en una realidad más amplia, es decir a nivel país, menor consumo, menos efectivo disponible y ventas más bajas a nivel general.
Sobre la concentración de peluquerías, confirma que el porcentaje ronda el 50%, pero defiende que se trata de un rubro con estabilidad. En cambio, reconoce que otros locales comerciales rotan más. Según sus cifras, entre 10 y 12 locales cambian al año.
Frente a las críticas por la falta de publicidad, Lama responde que la administración se rige por una lógica de comunidad, similar a la de un edificio, bajo ley de copropiedad. Por eso, asegura, no pueden cargar gastos de publicidad general a los gastos comunes si no todos los locatarios están de acuerdo o si algunos consideran que esa inversión no les sirve.
También defiende la prohibición de instalar letreros fuera de los locales. Dice que el reglamento lo impide y que la medida busca evitar conflictos entre locatarios, obstrucciones visuales y problemas en caso de emergencia.
"Yo estoy aquí para hacer cumplir el reglamento", remarcó.
Un plan de renovación
La administración asegura que existe un plan de renovación en marcha. El proyecto contempla cambios de imagen, iluminación, baños, paisajismo, mantenciones y mejoras progresivas en infraestructura.
Uno de los proyectos más relevantes es la iluminación. Según Lama, solo esa etapa podría costar alrededor de $100 millones. La idea no sería simplemente cambiar ampolletas, sino incorporar una propuesta lumínica más llamativa, con tecnología LED y efectos de color para renovar la imagen nocturna del recinto.
En total, la administración menciona una inversión proyectada cercana a los $200 millones, ejecutada por etapas y financiada con recursos generados por la propia comunidad. Lama explica que la administración ha creado locales en espacios antes subutilizados y que esos ingresos ayudan a subvencionar gastos comunes en torno a un 20% o 25%, además de financiar mejoras.
También acusa dificultades con la Municipalidad de Vitacura.
Según su versión, han enfrentado trabas vinculadas a patentes, permisos, publicidad y definiciones sobre el destino del centro comercial. Incluso afirma que han debido recurrir a Contraloría en algunos procesos.
Entre los locatarios también abundan los rumores de una eventual venta del lugar, surgiendo el nombre de Walmart entre los supuestos interesados. El administrador lo descarta como algo concreto. Dice que durante años ha escuchado versiones, pero que nunca ha recibido una oferta formal. Además, asegura que una operación de ese tipo sería compleja por la cantidad de propietarios, diferencias de valor entre locales y sucesiones involucradas.