Los daños provocados por la guerra, el déficit estructural de generación y el aumento de la demanda eléctrica debido a una intensa ola de calor han obligado a Irán a recurrir de nuevo a los cortes programados de electricidad, que afectan diariamente a millones de personas en Teherán y otras ciudades del país.
Con temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados en Teherán y de hasta 50 grados en el sur del país, el uso masivo de aparatos de aire acondicionado ha elevado la demanda hasta poner aún más presión sobre una red eléctrica que ya arrastraba problemas desde hace años.
Para sortear el problema, las autoridades han vuelto a adoptar una de las medidas extraordinarias de los últimos años:
los apagones programados en casi todo el país, con cortes de al menos dos horas por barrio y varios días a la semana.
El director ejecutivo de la compañía eléctrica estatal Tavanir, Mohammad Allahdad, afirmó recientemente que la capacidad de la red se ha reducido en unos 4.200 megavatios tras los ataques y que más de 2.000 puntos de la infraestructura eléctrica han sufrido daños.
El Presidente iraní, Masoud Pezeshkian, reconoció esta semana la gravedad de la situación y aseguró que el país atraviesa una "guerra a gran escala" con Estados Unidos.
"La realidad es que hoy la República Islámica de Irán está inmersa en una guerra a gran escala. Debemos ser realistas y aceptar las consecuencias naturales de esta resistencia", afirmó el Mandatario, según un comunicado de la Presidencia.
Sin embargo, la guerra solo ha agravado
una crisis energética que ya era recurrente. Irán arrastra desde hace años un déficit de alrededor de 20.000 megavatios entre la demanda y la capacidad de generación durante los peaks de consumo, pese a contar con algunas de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo.
Expertos atribuyen este desequilibrio al envejecimiento de las infraestructuras, la falta de inversión durante años de sanciones y el crecimiento sostenido del consumo eléctrico.
Para evitar una mayor sobrecarga de la red, las compañías distribuidoras publican diariamente los horarios de los cortes por barrios, de modo que los ciudadanos puedan prepararse con antelación.
Cuando se va la luz
Los cortes programados de electricidad han vuelto a alterar la vida cotidiana, obligando a millones de iraníes a consultar el horario del próximo apagón y reorganizar sus jornadas.
"Cuando sabemos que van a cortar la luz, intentamos adelantar todo lo que podemos: cargar los teléfonos, preparar la comida y hacer funcionar los aparatos que necesitamos", cuenta a EFE Mohsen, un vecino de 33 años del norte de Teherán.
Aun así, el joven explica que
pasar dos horas sin electricidad ni aire acondicionado resulta especialmente difícil con las temperaturas de estos días. Pero, según dice, el mayor problema llega cuando también deja de salir agua de las llaves.
"Lo peor es que en mi edificio, cuando se va la luz, tampoco hay agua porque deja de funcionar la bomba", relata.
La situación también golpea a miles de pequeños negocios, obligados a reorganizar cada jornada en función del horario de los cortes.
Restaurantes, panaderías, supermercados y tiendas de alimentación intentan minimizar las pérdidas provocadas por la interrupción de la actividad y la falta de refrigeración.
"Hay productos que no pueden estar dos horas sin refrigeración, especialmente con este calor.
Se derriten los helados y la comida congelada y tenemos que tirarlos", explica Nasrin, empleada de un supermercado.
Además, en una ciudad como Teherán, donde el tráfico es denso y caótico durante buena parte del día, los cortes de electricidad dejan los semáforos fuera de servicio, agravan los atascos y obligan a los agentes de tráfico a regular manualmente la circulación en algunos de los cruces más transitados.
A falta de soluciones inmediatas, en medio de una guerra, una intensa represión estatal y con una economía golpeada por años de sanciones, los iraníes se ven obligados a incorporar los apagones a su rutina con una mezcla de resignación y adaptación.