El viernes pasado,
Abelardo de la Espriella asumía como Presidente de Colombia. Solo tres días después, un devastador terremoto de magnitud 7,4 azotó al centro y oeste del país, dejando al menos 240 muertos y 195 desaparecidos, además de 1.136 viviendas destruidas y casi medio centenar de edificios colapsados.
Menos de una semana después de jurar en el cargo, el nuevo Mandatario ha debido afrontar la mayor tragedia de los últimos años en Colombia, una que hizo recordar el gran sismo de 1999, que causó 1.185 muertos en la zona cafetera del centro del país.
Con todo, De la Espriella hizo un par de cosas antes de la catástrofe. En sus primeros tres días de Gobierno, el dirigente derechista dio algunas señales de lo que será su administración, distanciándose de su antecesor, el izquierdista
Gustavo Petro. Ya lo dejó claro incluso antes de asumir, con su decisión de
trasladar la ceremonia de investidura desde la capital Bogotá a la ciudad de Cali, rompiendo con una tradición de décadas, todo esto como señal de descentralización.
Ese espíritu descentralizador fue el que llevó al nuevo Mandatario a decidir no ocupar la Casa de Nariño -que durante casi medio siglo fue sede del Gobierno colombiano- y convertirla en museo. El autodenominado "Tigre" optó por crear sedes presidenciales alternas en Barranquilla, Medellín y Cali, mientras que cuando esté en Bogotá despachará desde el Palacio de San Carlos, que alberga al Ministerio de Relaciones Exteriores.
En materia política, el nuevo Gobierno colombiano ya hizo un primer (y polémico) anuncio el lunes: reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por el Estado israelí desde 1967 y cuya anexión no es avalada por la comunidad internacional. Se trata de una señal clara de desmarque de la administración anterior, después de que Petro rompiera las relaciones con Israel en 2024.
Así las cosas, De la Espriella intentaba imponer su sello, hasta que llegó el terremoto, obligándolo a cambiar las prioridades y volcarse en las regiones más afectadas.
Una prueba después de asumir
Al flamante Mandatario colombiano le tocó cambiar la agenda prevista para el comienzo de su Gobierno, marcada por el componente de seguridad, para coordinar in situ la respuesta a la emergencia que ha devastado amplias zonas de los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas.
Desde esas zonas, De la Espriella ha buscado mostrar la presencia del nuevo Ejecutivo frente a una catástrofe que, según el Servicio Geológico Colombiano, es el sismo más fuerte en el país en lo corrido del siglo.
La emergencia también ha expuesto contradicciones del nuevo Presidente, que antes de asumir prometió descentralizar el poder y dar protagonismo a las regiones, pero
tras el terremoto decidió centralizar los balances oficiales, que no coinciden con los conteos regionales.
El martes, De la Espriella cifró en 181 los muertos a nivel nacional, mientras que las autoridades del Valle del Cauca hablaban de 130 fallecidos, las de Risaralda de alrededor de 90, las del Chocó de 14 y las de Caldas de seis, para un total de 240.
La diferencia se produce un día después de que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), entidad encargada de coordinar la respuesta del Estado ante emergencias y desastres, informara que, por instrucción presidencial, toda la información oficial sobre el terremoto sería divulgada exclusivamente por la Presidencia.
El propio Mandatario reconoció el martes que la emergencia ha causado, además de los fallecidos, 2.595 heridos, 195 desaparecidos, 1.136 viviendas destruidas, 48 edificios colapsados, 8.357 viviendas averiadas, 85 centros de salud afectados y daños en unas 74 carreteras.
Transición administrativa
La magnitud de la emergencia coincide además con un momento de transición administrativa entre el Gobierno del expresidente Petro y la nueva Administración, un proceso que se caracterizó por la falta de comunicación entre ambos equipos.
Por lo anterior, el equipo de ministros de De la Espriella ha tenido que asumir la respuesta junto a funcionarios de la anterior Administración, mientras toman posesión los nuevos servidores públicos que se encargarán de atender la catástrofe.
Uno de esos casos es precisamente la UNGRD, cuyo director,
Javier Pava, estuvo al frente de la entidad durante las primeras horas de la emergencia, antes de entregar el cargo al funcionario designado por el nuevo Gobierno, el geólogo
David Tamayo Roldán.
De la Espriella había anunciado la designación de Tamayo el pasado 21 de julio y le encargó la dirección de la entidad con la misión de reorganizarla después de los escándalos de corrupción que la golpearon durante el Gobierno de Petro.
Mientras, el nuevo Ejecutivo sigue desplegándose en terreno, al mismo tiempo que se instala para asumir el mando de Colombia por los próximos cuatro años. Una tarea que ya se complicó tras la catástrofe.