Revertir la contaminación: Las ciudades que lograron superar su pasado industrial y volverse sustentables

Bilbao en España, Düsseldorf en Alemania y Adelaida en Australia vivieron en su pasado una realidad similar a la que hoy enfrentan Quintero y Puchuncaví de la mano de las industrias, pero hoy se alzan como ciudades limpias en todos los rankings internacionales.

05 de Septiembre de 2018 | 12:58 | Por Consuelo Ferrer, Emol
Agencias
SANTIAGO.- Para la ciudad de Bilbao, en el norte de España, la cristalización del cambio está a las orillas de la ría Nervión, y se alza de manera curva, retorcida y brillante. Es el Museo Guggenheim Bilbao, un edificio de 24 mil metros cuadrados cubierto de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio, que fue inaugurado en 1997. El día de su apertura, el caudal que lo custodiaba todavía hedía.

"Lo que más me impactó, más que la deslumbrante arquitectura o el arte, era el horrible olor. Ahí estaba ese magnífico museo, la pieza arquitectónica más célebre de su generación, y sin embargo el río a su lado era tan café como el barro y tan pútrido como una alcantarilla. Un museo de clase mundial nadando en el riesgo biológico del tercer mundo", publicó The New York Times ese año.

El río era todavía un vestigio de la ciudad que Bilbao quería dejar atrás: aquella urbe que brilló durante la Revolución Industrial en España, de montañas con abundante hierro, con ferrocarriles y puertos. La ciudad que se forjó de la mano de la minería, la metalurgia y la construcción naval, y que desde hace 40 años buscan transformar en otra.

El Museo Guggenheim en Bilbao. Foto: New York Yimes

Se trata de una realidad que enfrentan ciudades a lo ancho del mundo, sobre todo aquellas que tuvieron su auge en la era de las industrias, que contaminaron sus fuentes de agua con desechos y su atmósfera con emisiones tóxicas. Las hay, sobre todo, entre los países desarrollados.

"Muchas pasaron por una revolución industrial y posterior a los movimientos ambientales de los años 60, así como de eventos extremos de contaminación en los 70 y 80, mejoraron sus estándares, como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, o Japón", dice a Emol Kay Bergamini, geógrafo y académico del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC.

Es una realidad que, si bien se distingue de la chilena por el contexto histórico, no se aleja tanto de lo que hoy enfrentan Quintero y Puchuncaví, autodenominadas "zonas de sacrificio" cuyas aguas ya han sufrido derrames de petróleo y que acaban de protagonizar un episodio tóxico que afectó a más de 300 personas. Para estas ciudades internacionales, esos hechos quedaron en el pasado.

El "Efecto Bilbao"


La pujante economía que caracterizaba a Bilbao se vio truncada a fines del siglo pasado, de la mano de una crisis en la minería y la industria naviera. Muchas empresas se marcharon y lo que quedó fueron bajos niveles de oxígeno en el río —inferiores a los límites en un 20%— y la desaparición de peces y vegetación acuática. Por eso, en 1978, las autoridades lanzaron un ambicioso plan para contrarrestar la situación, con miras a convertir la ciudad en un centro internacional de la cultura y las finanzas.

Una de las piezas de esa estrategia fue el Museo Guggenheim, que costó US$100 millones. A partir de su inauguración, comenzó a atraer a cerca de un millón de visitantes anualmente, generando un gran impacto en la economía y la sociedad. Como él, se construyeron otros imponentes edificios en la ciudad y se invirtió en un renovado sistema de transporte público que incluyó un metro diseñado por Norman Foster, que se ha convertido en el símbolo de la nueva cara de la ciudad.

La desembocadura del Nervión a fines de 1974 y actualmente. Foto: El Correo

Luego de la retirada de las industrias de la ribera de la ría y de la mano de las plantas de tratamiento de aguas, el cauce volvió a tener peces y vegetación, y dejó de oler. Hoy, los niveles de oxígeno del Nervión rondan el 60% y en sus aguas se pueden encontrar anchoas, róbalos, y cangrejos.

Como resultado del trabajo, Bilbao se llevó en 2010 el Premio Lee Kuan Yew World Prize, considerado el Nobel del urbanismo. Tres años después, su alcalde recibió el Premio Alcalde del Mundo por la transformación experimentada durante la década de 1990 y a fines de 2017 fue elegida la Mejor Ciudad Europea en The Urbanism Awards.

Se trata de un ejemplo tan emblemático que los académicos del mundo llamaron al mecanismo el "Efecto Bilbao", y en las universidades se utiliza como un libro de estudio acerca de cómo reinventar ciudades arrasadas de la mano de la arquitectura.

El modelo australiano


A inicios del siglo XX, el motor de la ciudad de Adelaida, en Australia, era la agricultura. Tras la llegada de grandes industrias manufactureras como General Motors Holden y Chrysler, se convirtió plenamente en una urbe industrial. Con el tiempo vinieron oleoductos, aeropuertos, universidades y centros médicos.

Al igual que Bilbao, a fines del siglo la ciudad se encontraba colapsada medioambientalmente. Las autoridades buscaron su propia manera de revertir la situación, y un primer paso fue un "renacimiento cultural", convirtiéndola en la sede de la bienal Festival de Artes de Adelaida, además de alojar el Gran Premio de Fórmula Uno de Australia hasta 1996.

Pero las políticas públicas enfocadas en la descontaminación aparecieron a principios de los años 2000, cuando el gobierno comenzó a invertir en infraestructura. Se gastaron más de 2 mil millones de dólares australianos en construir un nuevo hospital, y se extendieron tanto las rutas del tranvía como del tren subterráneo.

Adelaida sufre problemas de sequía de manera permanente. Foto: Reuters

También se renovó el Centro de Convenciones de Adelaida por 350 millones de dólares australianos y se adaptaron tres edificios históricos para fines académicos. El gobierno invirtió, además, más de 2 mil millones de dólares australianos en construir una planta de desalinización con energía renovable, que provee a casi 50% de la población de la región, enfrentada usualmente a sequías.

Entre las múltiples iniciativas que han impulsado los gobiernos, se cuentan la plantación masiva de árboles, la promoción de la energía solar, y el poner a disposición de los habitantes más de 500 bicicletas gratuitas. Gracias a esto, se ganó el título de Ciudad del Ciclismo. Hoy Adelaida cuenta con una treintena de parques públicos, que suman más de 500 mil hectáreas con especies animales y vegetales nativas de Australia.

En 2014, fue reconocida por la consultara estadounidense Mercer como una de las ciudades más limpias del mundo, considerando aspectos como el reciclaje, tratamiento de residuos, fluidez en el tránsito, calidad del aire y disponibilidad de agua potable.

Salvar el Rin


Con casi 1.300 kilómetros de longitud, el río Rin nace en los Alpes suizos y atraviesa seis países europeos antes de desembocar en el mar de Holanda. Durante su trayecto, recibió por años los residuos de las zonas industriales de cada uno de ellos. La contaminación llegó a tal punto que en la década de los 70 comenzó a conocerse como "la cloaca a cielo abierto de Europa".

Una de las ciudades que baña es la Düsseldorf, en Alemania, que durante la Revolución Industrial vivió un abrupto aumento de población: si en 1882 había 100 mil habitantes, diez años después el número se duplicó. Así continuó creciendo, apoyada por las empresas.

El punto de inflexión para el Rin vino en noviembre de 1986, cuando una de las principales empresas químicas de Suiza, Sandoz, se incendió y vertió al río más de 20 toneladas de insecticidas, fungicidas y herbicidas, contaminando sus aguas hasta por 500 kilómetros. Como respuesta, todas las ciudades afectadas se reunieron y crearon el Programa de Acción en el Rin.

Con un presupuesto conjunto que superaba los 15 mil millones de dólares, se construyeron estaciones monitoreadas de tratamiento de agua. Se propusieron reducir en un 50% las sustancias peligrosas vertidas al río, meta que superaron. Con el tiempo, sus aguas volvieron a ser apropiadas para el abastecimiento de agua potable.

También se fijaron como objetivo recuperar el salmón, que solía habitar allí, para el año 2000. Tres años antes de la fecha límite, el pez volvió, y junto a él hoy conviven más de 60 especies. Para 2020, las ciudades se proponen que el río vuelva a ser apto para el baño.

¿Y en Chile?


Los casos se replican en el mundo. En Inglaterra ocurrió con Manchester y Liverpool, y en Japón con Aichi-Nagoya. En París, en tanto, está el Sena, cuyas aguas comenzaron a tratarse en los 60. El Estado tomó una posición firme: creó leyes que multan a las fábricas y empresas que vierten sustancias en él, además de fijar un incentivo para los agricultores que no lo contaminan.

Para Bergamini, en Chile, recuperar una zona degradada es posible, pero requiere "tomar estrategias que necesariamente involucren múltiples herramientas". Entre ellas, menciona implementar o mejorar normas de calidad para el aire, el agua y el suelo, que permita establecer planes de descontaminación si fuesen necesarios.

Quintero ya ha sufrido derrames de petróleo. Foto: El Mercurio

También propone generar planes de recuperación ambiental, centrados en "eliminar pasivos ambientales existentes" y establecer planes estratégicos urbanos, que apunten a "identificar las oportunidades de desarrollo, generando obras e infraestructura en las ciudades, para favorecer procesos de regeneración y mejoras económicas, sociales y ambientales".

"Todo lo anterior requiere de un importante rol del Estado, y una fuerte inversión", aclara. En el caso chileno, el académico cree que hay ciudades que son "sectores deteriorados ambientalmente producto de la actividad minero-industrial" que podrían someterse a estos procesos. Entre ellas menciona a Chañaral, Huasco, Coronel y Til-Til, además de aquellas afectadas por la contaminación por leña, como Temuco y Coyhaique.
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