"Chalecos amarillos", los grupos ciudadanos de autodefensa que se organizan en las poblaciones para evitar saqueos

Ante los disturbios en varias ciudades del país, vecinos se preparan en las esquinas para defender el comercio y sus propias viviendas.

21 de Octubre de 2019 | 13:11 | Felipe Santibáñez y Fabrizio Belmar, Emol

Los "Chalecos amarillos" en Peñalolén junto a Carabineros en la madrugada de este lunes.

Archivo personal
En menos de una semana, el "oasis" chileno explotó. Lo que partió como una protesta estudiantil por el alza en el pasaje del metro terminó en una manifestación colectiva como nunca se había visto desde el retorno a la democracia. Sin embargo, todo se ha visto empañado por actos vandálicos. Ni el Estado de Emergencia ni el Toque de Queda declarados por el presidente Sebastián Piñera pudieron ponerles freno.

Supermercados con estanterías vaciadas, cortinas reventadas, incendiados y hasta con muertos en su interior se pudieron ver en ciertas zonas de la capital. La gente aprovechaba el caos y corría con lo que pillase a manos tratando de esquivar las cámaras de televisión.

Ante esa situación, y ante el desborde de las fuerzas de seguridad, la gente se ha ido organizando en algunos sectores en grupos de autodefensa. Aparecieron los "chalecos amarillos".


Utilizando la prenda reflectante que exige la Ley de Tránsito para los automovilistas, los vecinos se apostaron en las esquinas de sus vecindarios y a la entrada de los grandes almacenes para al menos intentar impedir los saqueos. Una muestra de solidaridad y al mismo tiempo de hartazgo.

En las ferias, bastiones de la cultura nacional y lugares sacros en las poblaciones de la periferia, la situación no era muy distinta. En la que se ubica a un costado del metro Elisa Correa -una de las estaciones de metro más afectadas- a eso de las dos de la tarde del domingo, llegó el rumor de que venía una turba a arrasar con todo. Los locatarios guardaron su mercadería y estaban dispuestos a defenderse con palos. Lo mismo ocurría en San Ramón.

"En La Bandera se bajaron de unos autos y robaron de todo. Nosotros no estamos asegurados", decía una vendedora mientras apilaba cajas rápidamente en su pequeño furgón.

Sin embargo, y con el correr de las horas, la misma gente comenzó a correr el rumor que el objetivo ya no era solo el comercio, sino que viviendas particulares.



David Navarro vive en Peñalolén. En la tarde del domingo, el grupo de whatsapp de su condominio encendió la alarma.

"Por el colegio de los niños, conocemos personas que viven en otros condominios. Empezaron a mandarse mensajes, de que había tipos metiéndose a las casas. Supuestamente, porque yo no vi nada", cuenta.

Pese a que no había certezas, la preocupación se hacía sentir. "Los vecinos nos juntamos en la entrada. Los guardias no vinieron a trabajar porque no tenían cómo llegar. Formamos cuadrillas y recorríamos el condominio con palos, fierros. Se acercó una patrulla y nos explicó cómo nos podíamos organizar para defendernos. Yo estuve hasta las cinco de la mañana, porque tenía que venir a trabajar", explica David.

La escena se repitió en La Florida, Maipú, Renca, Puente Alto, Huechuraba y varias comunas a lo largo de la capital. Grupos se reunían en la calle en torno a una fogata para capear el frío de la madrugada. El toque de queda había iniciado hace varias horas.

Apoyos y críticas

Los "chalecos amarillos" dividieron aguas en redes sociales. Para algunos, eran una muestra de la dignidad del pueblo.

"Gente de trabajo y esfuerzo, que están bajo la misma causa pero resguardando lo suyo y lo de su vecino. Organización ciudadana local es la base para enfrentar situaciones como estas u emergencias a futuro. Un ejemplo de resiliencia y compromiso mutuo". "Los Chalecos Amarillos demostrando el Chile real, ese que no justifica la violencia, el Chile de las familias, el Chile que se ha visto perjudicado por la destrucción", afirmaban.


Otros lo ven como una paranoia colectiva, una situación particularmente peligrosa en la era de las "fake news".

"Ahora quieren poner al pueblo contra el pueblo. Yo no estoy en guerra. "Chalecos Amarillos" no se dejen 'engrupir', nadie está saqueando casas". "Cabros, para el terremoto en Concepción hicimos lo mismo y, sorpresa, nadie se metió en la casa de nadie. Todos esperaban que la población de al lado atacara y ellos pensaban lo mismo. No caigan en el pueblo versus pueblo, por favor", respondían.

Para los manifestantes es importante que la violencia no le reste legitimidad a las demandas que plantean y ven con peligro que se hagan generalizaciones apresuradas.

"Ha sido todo súper pacifico, no se ha sabido de saqueos. Pero los militares han sido muy violentos en el sector. Al papá de una amiga, que salió a guardar su auto, le dispararon y lo detuvieron. Después que lo fueron a buscar vieron que estaba en condiciones súper precarias. En la plaza de El Salto la gente se manifiesta tranquila, con cacerolas, y los militares pasan apuntando, donde hay niños y todo", relata Carla Moraga, de la comuna de Recoleta.

Este lunes, los "chalecos amarillos" han seguido con lo suyo. Protegiendo sus casas, bombas de bencina, tiendas y ayudando a orientar a la gente con el uso del transporte público, como se vio en Vicente Valdés.

Pensar en el jueves pasado parece evocar una vida anterior.
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