La preocupación por el estrés hídrico en la zona central del país volvió a instalarse con fuerza en las autoridades, a raíz de factores como la sequía estructural, la acumulación de nieve, la escasez de lluvias y el estado de los embalses.
Según datos recientes entregados por la Dirección Meteorológica de Chile, mayo recién pasado finalizó con registros históricos, pues se convirtió en el quinto mes más seco en Santiago desde 1967, acumulando solo 4,3 milímetros de precipitaciones, muy por debajo de un año normal con 42,6 mm.
A raíz de esto, este mes, la Junta de Vigilancia del Río Maipo Primera Sección (JVRM) y Aguas Andinas solicitaron formalmente ante la Dirección General de Aguas (DGA) declarar zona de escasez en la primera sección del río Maipo por el período de un año.
La solicitud también incorpora las preocupaciones contenidas en el estudio de abril de este año, de la Universidad de Chile y publicado en la prestigiosa revista Annals of Glaciology, con respecto al glaciar Echaurren Norte, que ha disminuido su superficie en un 65% desde 1955.
El glaciar Echaurren Norte aporta agua a la cuenca del río Yeso (Región Metropolitana), y es una de las pocas masas de hielo de nuestro país que ha contado con un monitoreo permanente desde la década del setenta.
Otros datos relevantes los contiene la versión más reciente del World Resources Intitute, que en su ranking de estrés hídrico, sitúa a Chile en el puesto 16 del mundo.
Sobre este tema, el gobernador de la RM, Claudio Orrego, sostiene a Emol que "la crisis hídrica es una realidad y ya es algo estructural. Llegamos a julio y aún no tenemos las tan esperadas lluvias, de hecho, tenemos un 85% de déficit respecto de un año normal a la fecha, lo que afecta directamente al funcionamiento de la ciudad. El embalse El Yeso se encuentra aproximadamente a un 65% de su capacidad, lo cual es muy bajo para estar en pleno invierno".
DGA: Embalse El Yeso al 65%
Consultados por Emol, desde la Dirección General de Aguas (DGA) precisan que el diagnóstico más reciente, basado en los datos de la Red Hidrométrica Nacional de la DGA, evidencia un escenario de desafíos hídricos en la Región Metropolitana, asociado a una menor recarga natural por lluvias y nieve.
"Las precipitaciones son deficitarias a la fecha en Santiago, a lo que se suma una escasa acumulación de nieve en la cordillera. El embalse El Yeso se mantiene cercano al 65% de su capacidad total, lo que asegura por el momento la disponibilidad del recurso para el abastecimiento de agua potable", comentan.
65% de capacidad mantiene actualmente el embalse El Yeso
Agregan que no obstante lo anterior, esta menor disponibilidad de precipitaciones y nieve "mantiene al principal reservorio en una tendencia descendente, por lo que la gestión coordinada y el monitoreo constante serán claves para garantizar un uso eficiente del recurso hídrico".
Respecto a la solicitud de la JVRM y Aguas Andinas de declarar zona de escasez la primera sección del río Maipo por un año, comentan que los decretos de escasez hídrica se solicitan ante la Delegación Presidencial que corresponda y es la Delegación Presidencial quien envía los antecedentes a la DGA del MOP para estudiar la declaración, de acuerdo a los criterios técnicos establecidos.
En el caso señalado, la Junta de Vigilancia 1° Sección Río Maipo y Aguas Andinas presentaron ante la Delegación Presidencial Regional Metropolitana una solicitud de declaración de zona de escasez por extrema sequía el 26 de mayo de 2026, y la Delegación Presidencial, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 314 del Código de Aguas, requirió el pronunciamiento de la DGA.
"El Departamento de Hidrología de la DGA realizó el análisis de los índices en base a la información de las estaciones de medición, de acuerdo con el cierre del mes de mayo, e informó a la Delegación Presidencial el 3 de junio de 2026 que a esa fecha los índices estandarizados de sequía, ICE e IPE, no alcanzaban los umbrales técnicos definidos para la declaración de zona de escasez por extrema sequía", sostuvieron.
Fenómeno de El Niño, ¿ayuda?
El miércoles, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) entregó sus proyecciones respecto a las precipitaciones para esta temporada de invierno, junto con la confirmación de la presencia de condiciones de El Niño.
Según informó el organismo, para el trimestre de julio, agosto y septiembre, se proyectan precipitaciones acumuladas sobre lo normal en el centro del país "extendiéndose desde la Región de Coquimbo hasta la Región de Magallanes".
"En consecuencia, se prevé que los montos acumulados de precipitación superen los valores climatológicos habituales para este trimestre, configurando un escenario caracterizado por una mayor ocurrencia de eventos de lluvia", aseguraron.
¿Cuánto de este fenómeno podría "aliviar" la situación de estrés hídrico? Pablo T. Silva Jordán, especialista en recursos hídricos de Formation Environmental, comenta que el estrés hídrico es parte esencial de nuestro clima mediterráneo, "por lo tanto, sigue muy presente, incluso después de dos años con precipitaciones más normales".
"El problema de fondo es que el sistema está expuesto a una variabilidad creciente: períodos secos prolongados pueden alternarse con eventos intensos de precipitación. La pregunta ya no es solo cuánto llueve en un año, sino cuánta agua logra almacenarse, infiltrarse y quedar disponible para los meses de mayor demanda", subraya.
En ese sentido, enfatiza en que no se puede depender únicamente del año normal: se requiere una gestión más robusta de los recursos hídricos que integre esta variabilidad y se traduzca en mayor seguridad hídrica.
"Ayuda, pero no resuelve"
Alex Sánchez, director de Nuevas Tecnologías para la Incidencia Ambiental de la Fundación Ecosur, enfatiza en que el hecho de que este año llueva más "ayuda, pero no resuelve".
"Comparada contra la normal (el promedio del período 1991-2020 que se usa como referencia internacional) la zona central viene muy abajo: entre Coquimbo y el Maule el déficit de lluvia supera el 50% en varios sectores, la nieve en cordillera está bajo los registros históricos y hay embalses con menos del 20% de su capacidad en Coquimbo, Valparaíso y el Maule", precisa.
El experto destaca que Santiago es el caso extremo: a esta altura del año deberían haber caído unos 146 milímetros y llevamos 22,7, con el junio más seco desde que existen registros. "Y ojo con un detalle: como esa normal ya incluye los años de megasequía, la vara de comparación es más baja que la de décadas anteriores. Estamos perdiendo contra un estándar que ya bajó", comenta.
"Que llueva más este invierno alivia el año, pero no cambia el escenario de fondo, que es un clima donde la sequía larga y la inundación de golpe son dos caras de la misma moneda. La pregunta ya no es cuánta agua cae, sino qué hacemos con ella".
Álex Sánchez, Fundación Ecosur
Por eso, si este invierno llueve más de la cuenta, el experto dice que es "bievenido", porque esto recarga embalses, moja suelos, mejora los caudales de primavera. Pero advierte que hay que tener cuidado con dos aspectos.
"Primero, ya tuvimos años buenos hace muy poco (2024 cerró con 38% de superávit en Santiago) y la sequía estructural siguió ahí; las napas subterráneas se siguen agotando, en el Gran Santiago bajan cerca de un metro por año, y una temporada buena no las recupera", sostiene.
En segundo lugar, que "con temperaturas más altas, parte de lo que antes caía como nieve ahora cae como lluvia. La nieve es el embalse natural de toda la zona central: se guarda en la cordillera y se derrite en verano, cuando más la necesitamos. La lluvia escurre y se va".
A esto se suma un factor que no se puede perder de vista: el cambio climático no es solo más calor y olas como las de Europa, sino que en todo el mundo este se está manifestando "como una alteración de los patrones de lluvia; es decir, poca agua durante periodos largos (sequía) y de repente, muchísima agua (inundación). Y Chile central aparece entre las tres zonas del planeta donde más aumentará la aridez, junto al Mediterráneo y el oeste de Norteamérica".
"En definitiva: que llueva más este invierno alivia el año, pero no cambia el escenario de fondo, que es un clima donde la sequía larga y la inundación de golpe son dos caras de la misma moneda. La pregunta ya no es cuánta agua cae, sino qué hacemos con ella: guardarla cuando sobra, infiltrarla, reutilizarla, y preparar los territorios para recibirla sin que termine inundando a los de siempre. Ese es el trabajo que Chile tiene pendiente", subraya.
Factores del estrés hídrico
A la sequía estructural que afecta a la zona, se suman varios factores que han hecho "retornar" el fantasma del estrés hídrico, es decir, cuando la demanda de agua supera la cantidad disponible en un periodo específico.
Por ejemplo, el estudio de la U. de Chile relativo al glaciar Echaurren Norte, destaca el déficit de nieve. "El glaciar depende de las nevadas invernales para recargar su masa. Sin embargo, desde 2010, Chile central vivió la denominada megasequía, con déficits de precipitación cercanos al 30%. Adicionalmente, sin nieve que lo cubra, el hielo queda expuesto y más vulnerable al derretimiento en verano", detallan.
También destaca que la isoterma 0°C en ascenso, uno de los datos más preocupantes presentados por el artículo. Los investigadores estimaron cuántos días al año la temperatura media es tan alta que el punto de fusión (0°C) se sitúa por encima de la cabecera del glaciar (4.038 m s.n.m.). Si en 2015 el punto de fusión a esa altitud se presentaba 110 días al año, en 2020 se registraron 166 días de fusión ininterrumpida. Básicamente, el glaciar pasa casi medio año derritiéndose sin freno.
Por último, apuntan al "fin de la resiliencia". Esto, porque "históricamente, el fenómeno de El Niño traía inviernos lluviosos que aportaban masa al glaciar. Pero el estudio muestra que esta relación se rompió después de 2010. Incluso en años con condiciones de El Niño, las precipitaciones ya no son suficientes para compensar el intenso calor y radiación solar del verano".
Silva Jordán comenta que los factores como escasez de lluvias, la poca nieve y el estado de los embalses influyen en el estrés hídrico, pero "deben leerse en conjunto". "La lluvia muestra la disponibilidad inmediata y se asocia directamente al caudal superficial, la nieve funciona como reserva para deshielos de primavera y verano, y los embalses reflejan la capacidad de regulación del sistema", explica.
Sin embargo, esos indicadores no capturan todo: "también son relevantes el almacenamiento en acuíferos y su evolución, la tendencia y estacionalidad de la demanda y la capacidad real de recuperar reservas cuando ocurren lluvias intensas. La crisis nos obliga a reaccionar, pero rara vez a planificar".
Medidas urgente
Desde el Gobierno Regional Metropolitano se han impulsado distintos proyectos y medidas para avanzar en una tarea que a todas luces debe ser mancomunada e integral.
"La invitación es a no confiarnos, no bajar los brazos y en ese sentido, como Gobierno de Santiago estamos impulsando una cartera de proyectos que promueven un uso sostenible del agua. Estamos construyendo Estrategias Hídricas Locales para todos los municipios, financiamos APRs en el mundo rural, estamos trabajando con pequeñas empresas para optimizar el uso de agua, en definitiva, nos estamos haciendo cargo, porque cada gota cuenta y no hay agua que perder", comenta el gobernador Orrego.
"Todos somos usuarios y todos tenemos un rol; incorporar en nuestras decisiones que la seguridad hídrica es una visión de largo plazo, no una reacción frente a cada emergencia".
Pablo Silva Jordán, especialista en recursos hídricos
En tanto, Silva Jordán subraya que "lo urgente es dejar de gestionar el agua solo cuando la crisis ya se instaló".
En el caso de la institucionalidad, comenta que "es fundamental fortalecer el monitoreo, anticipar escenarios y planificar infraestructura para convivir con la variabilidad por la vía de la gestión del almacenamiento, infiltración, reúso y eficiencia en la distribución del recurso".
Sobre aquello, recuerda que "todos somos usuarios y todos tenemos un rol: incorporar en nuestras decisiones que la seguridad hídrica es una visión de largo plazo, no una reacción frente a cada emergencia. La verdadera adaptación al cambio climático exige decisiones coordinadas y sostenidas en el tiempo, más que respuestas puntuales frente a cada episodio de sequía o lluvias intensas".