Los resultados de la prueba Pisa han provocado preocupación entre voces ligadas al mundo de la educación, incluyendo ex autoridades que miran en retrospectiva los escenarios que derivaron en que Chile obtuviera la puntuación más baja en las últimas dos décadas en el test de Matemáticas.
En el caso de Lectura, Chile promedió 436 versus los 442 que se registraron en 2006; y en Ciencias, el promedio fue de 442, 1 punto menos respecto a 2022 y tres menos que Uruguay.
De todos modos, los resultados dieron cuenta de un deterioro que va más allá de Chile: entre 2015 y 2025, el promedio de la OCDE cayó 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas.
La OCDE ya calificó los resultados como preocupantes, y a diversas causas como el creciente uso de pantallas, la pérdida de interés por la lectura entre los jóvenes y los cambios en la relación de los estudiantes con la escuela tras la pandemia.
Consultado por Emol, el exministro de Educación y director ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello, Raúl Figueroa, coincide con que los resultados de la prueba se deben a causas multifactoriales, y en el caso de Chile, destaca "la interrupción de clases y la violencia de 2019".
Dice que la apertura de colegios a partir de 2020 se dio de forma "dispar", por razones políticas, donde algunos sostenedores aprovecharon cada posibilidad que permitían las condiciones sanitarias, pero otros, "se resistieron e hicieron de la suspensión un punto político evidente".
— ¿A qué se puede atribuir la caída de los puntajes en Chile en la Prueba Pisa?
Los resultados de la prueba Pisa dan cuenta de un fenómeno complejo de deterioro tanto en Chile como en el resto del mundo, cuyas causas son múltiples. La pandemia ciertamente influye, pero a mi juicio está lejos de ser la única causa y parece ser más bien un acelerador de una tendencia preexistente de baja en resultados a lo que se unen otros factores.
Afloran también otras causas, entre las que destaco un clima escolar deteriorado, el mal aprovechamiento del tiempo escolar, la distracción y falta de disciplina en el aula, los cambios en los hábitos de lectura influidos por las nuevas tecnologías, una menor disposición al esfuerzo y a la perseverancia, así como un menor involucramiento familiar.
Respecto de la inteligencia artificial, se debe estar atento a un fenómeno cada vez más complejo: la rendición cognitiva. El aprendizaje exige esfuerzo y no reemplazarlo. La tecnología no puede sustituir el esfuerzo cognitivo y solo es útil cuando lo complementa.
A las causas ya descritas a nivel global, se agrega en el caso de Chile la pérdida de foco que el sistema tuvo desde antes de la pandemia como consecuencia de reformas estructurales que no tuvieron relación con la mejora en los aprendizajes, así como la interrupción de clases y la violencia de 2019.
— ¿La pandemia intensificó un mal desempeño que ya se venía presentando en esta medición?
La caída de los resultados en 2022 claramente se asoció a la pandemia, pero llama la atención que en esta nueva entrega no hayan vuelto al menos a los promedios anteriores, sino que en muchos sistemas se estancaron o siguieron deteriorándose. Esto apunta a que la pandemia operó más como un acelerador de una tendencia preexistente que como la causa principal de una baja sistemática a estas alturas.
En nuestro caso, desde 2014 se produjo una pérdida de foco en los aprendizajes derivada, entre otras cosas, de un debate estructural cuyas consecuencias estamos apreciando hoy y que se ve reflejado también en los resultados del SIMCE, que muestran un estancamiento de más de una década.
—Los resultados de 2025 también están por debajo de los registrados en 2015 y 2018, ¿Lo ve como un problema estructural?
Tanto Pisa como el Simce dan cuenta de un estancamiento en los resultados de aprendizaje por más de una década, en un periodo en el que coinciden elementos comunes a todo el mundo, como los cambios tecnológicos y el desarraigo escolar, con otros propios de nuestro debate educativo que a mi juicio requieren un análisis más profundo. Las reformas educativas del año 2015, el foco del gasto en la educación superior y la falta de cobertura a nivel de jardines infantiles son aspectos cuyo impacto empieza a verse reflejado en los resultados.
— ¿Fue un error la decisión de cerrar los colegios durante un tiempo tan extenso? ¿Faltó voluntad política?
"Mientas algunos sostenedores y comunidades educativas tomaron todas las oportunidades para abrir sus establecimientos cada vez que sanitariamente fue posible, otros se resistieron e hicieron de la suspensión un punto político evidente".
Raúl Figueroa
Durante la pandemia se hizo un esfuerzo enorme. Primero, por mantener la operación del sistema educativo en un contexto sanitario que llevó a la suspensión de clases presenciales y, luego, por recuperar la presencialidad en un contexto político particularmente hostil. La apertura de colegios se inició en el año 2020 y fue, por razones políticas, muy dispar. Mientas algunos sostenedores y comunidades educativas tomaron todas las oportunidades para abrir sus establecimientos cada vez que sanitariamente fue posible, otros se resistieron e hicieron de la suspensión un punto político evidente.
Recordemos que la oposición de entonces presentó cuatro iniciativas legales que impedían abrir jardines infantiles y colegios, además de una acusación constitucional por insistir en la apertura. Esas iniciativas no prosperaron, pero generaron un clima poco propicio para avanzar. Con todo, Chile fue uno de los pocos países de Latinoamérica que terminó el 2021 con todos sus colegios abiertos.
— ¿Impactó aquello en la capacidad de aprendizaje y otras habilidades de los alumnos?
Por supuesto que la pandemia, el confinamiento, la suspensión de clases presenciales y la dificultad de la educación remota en algunos sectores influyeron tanto en los aprendizajes como en el desarrollo socioemocional de los niños y jóvenes. Los esfuerzos que se hicieron durante ese periodo ayudaron a mitigar los efectos, pero en todo el mundo se vio un deterioro.
— ¿Cómo se observa el impacto de los dispositivos digitales en el aprendizaje?
Los dispositivos digitales impactan por diversas vías, tanto en la distracción que producen dentro del aula, como en la forma en que afectan los hábitos de lectura y en la disminución del esfuerzo cognitivo por parte de los jóvenes. Bien utilizadas, las tecnologías pueden mejorar los aprendizajes, en la medida que sean un complemento del esfuerzo, pero no un sustituto.
— ¿Qué medidas cree que se deberían tomar para revertir estos resultados en los próximos años?
Es importante retomar una agenda que ponga el foco en los aprendizajes y en la sala de clases. Fomentar la lectura sistemática y extensa, fortalecimiento matemático desde básica, recuperación del tiempo efectivo de enseñanza, disciplina, puntualidad y rigor que permita recuperar el clima en el aula. Todo en un contexto de mayor involucramiento familiar y de uso de la inteligencia artificial que complemente y no sustituya el esfuerzo cognitivo.