Las agresiones a alumnos de la Universidad Católica registradas el pasado jueves en el marco de la marcha de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) continúan generando reacciones y cuestionamientos.
A la denuncia de una de las estudiantes afectadas se sumaron críticas a la violencia y al análisis del rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, quien llamó a abordar las causas que subyacen a este tipo de hechos, más allá de solo condenarlos.
En una carta publicada el domingo en El Mercurio, una de las estudiantes agredidas del movimiento Solidaridad UC, Carolina Mingo, señaló que "muchos habrán visto el video que circula en redes sociales y medios de comunicación: tras ser escupida, agredida con piedras y rociada con gas pimienta en el rostro, un encapuchado patea por la espalda a una mujer que apenas lograba ver y respirar por los químicos. Es crudo describirlo así, pero es todavía más crudo constatar que esos hechos ocurrieron en el frontis de la Universidad Católica. Esa mujer soy yo. Mi nombre es Carolina Mingo, soy estudiante de cuarto año de Terapia Ocupacional y lo vivido no fue un hecho aislado, sino la manifestación de una violencia que se ha tolerado tanto dentro como fuera de la universidad".
Pese a que desde la rectoría de la UC indicaron que toda conducta violenta será investigada y sancionada, Mingo mencionó que "siento el deber de transparentar lo ocurrido, porque situaciones similares se repiten en todo el país ante la mirada evasiva de muchos".
"Durante 2025 fui parte de la directiva de la FEUC. En ese período presencié cómo se normaliza la hostilidad: desde grupos instalados frente a nuestras oficinas para agredirnos y empapelar el campus con carteles que decían 'aborta por si sale solidario' —hecho denunciado sin que existieran sanciones efectivas—, hasta la autorización de espacios para colectivos que coordinan salidas a marchas violentas", afirmó, acusando que las situaciones han sido reportadas pero "la respuesta institucional ha sido pasiva e insuficiente. Situaciones límite como la del jueves son la consecuencia directa de eludir la responsabilidad y permitir estas dinámicas día tras día".
Añadió que "frente a esto, nos encontramos ante dos caminos: alimentar la rabia, la polarización y la ley del más fuerte, o detenernos a mirar de frente las heridas que dividen a Chile para hacernos cargo. Hago un llamado especial a los jóvenes que hoy prefieren marginarse: la indiferencia también es una postura y tiene consecuencias. No podemos ceder ante el temor a denunciar, la comodidad o el miedo a la cancelación".
"Nos encontramos ante dos caminos, alimentar la rabia, la polarización y la ley del más fuerte, o detenernos a mirar de frente las heridas que dividen a Chile para hacernos cargo".
Carolina Mingo, coordinadora general de Solidaridad UC
En esa línea, también interpeló el rol de la propia casa de estudios: "Cabe preguntarse si las medidas administrativas bastan o si urge una reflexión más profunda. Una universidad debe ser referente en formación y humanismo, no solo un engranaje técnico orientado al mercado laboral. Sin desmerecer la excelencia académica, la formación moral resulta prioritaria: ¿qué tipo de personas estamos formando y qué valores se cultivan en las aulas cuando se vuelve imposible salir de la confrontación sistemática y reconocer la dignidad intrínseca del otro?".
"Quienes tienen la misión de educar deben evaluar qué están entregando a las nuevas generaciones. Abordar esta crisis de fondo requiere tiempo, pero es la vía imprescindible para reconstruir una convivencia donde la verdadera paz surja de la justicia y del respeto auténtico por el bien común", cerró la coordinadora general de Solidaridad UC.
Peña llama a "intentar comprender por qué se produjo"
A través de una columna de opinión publicada el domingo en el citado medio, el rector de la Universidad Diego Portales (UDP), Carlos Peña, indicó que "no cabe duda de que en una democracia —donde todos nos reconocemos la misma capacidad de discernimiento— los problemas y los conflictos han de resolverse mediante el diálogo o, si se prefiere, el intercambio de razones. Es obvio entonces que cuando las personas resuelven sus diferencias a golpes o hacen valer sus ideas a patadas, ese ideal se desconoce, se abandona".
El académico señaló que eso es lo que ocurrió en los incidentes frente a la Universidad Católica el pasado jueves. "Algunos integrantes de una marcha estudiantil agredieron a algunos estudiantes que enarbolaban lienzos cuyos mensajes se oponían a aquello que proferían los primeros. Es obvio que se trató de un hecho condenable. Faltaba más", mencionó.
Ante ello, cuestionó "¿signo de qué es esa actitud agresiva de unos estudiantes? Responder una pregunta como esta, o pensar acerca de una probable respuesta, no tiene por objeto exculpar a los estudiantes agresores, tampoco justificar sus acciones, sino intentar explicar las causas y los procesos subyacentes (...) No hay ninguna contradicción entre condenar un hecho y, acto seguido, intentar comprender por qué se produjo".
"Vale la pena recordar esa distinción en esta época en que existe la tentación de moralizarlo todo, y reducir la reacción pública a la condena. Entonces frente a hechos como los del jueves, abundan las reacciones por llamarlas así morales (...) y escasean las preguntas que apunten a discernir las causas y los significados de esos hechos. Es probable que esa reducción del análisis se deba a los acontecimientos de octubre del 19 y su carácter de verdadero trauma", afirmó el rector de la UDP.
En ese sentido, afirmó que "un trauma es un evento que para una persona es imposible procesar, un hecho que rompe la continuidad de la propia comprensión, como una página en blanco en una novela que amenaza con despojar de sentido a todas las páginas anteriores y a las siguientes. Eso que ocurre a las personas ocurre también a las sociedades. Y es probable que por eso —porque cada hecho violento parece hoy un signo de eso que entonces ocurrió— acontecimientos como los del jueves desatan la condena y silencian la comprensión del fenómeno".
"Sin embargo, se avanza poco si al lado de la condena, no existe un esfuerzo un poco más reflexivo acerca de hechos como los del jueves (...) Desde luego, no se trató de hordas inflamadas de ideología las que protagonizaron esos hechos. No. Eran estudiantes que realizaban una marcha de protesta legítima, envuelta en la dinámica de una masa donde la reflexión disminuye y la agresión tiende a brotar. No es necesario advertir que ese tipo de hechos seguirán, desgraciadamente, ocurriendo porque son propios de la dinámica social. Esto no quiere decir que no haya que controlarlos, solo quiere decir que, mal que pese, seguirán de algún modo ocurriendo de lado y lado", afirmó.
"No es necesario advertir que ese tipo de hechos seguirán, desgraciadamente, ocurriendo porque son propios de la dinámica social. Esto no quiere decir que no haya que controlarlos, solo quiere decir que, mal que pese, seguirán de algún modo ocurriendo de lado y lado".
Carlos Peña, rector de la UDP
"Tampoco hay que echarse tierra a los ojos —una de las tentaciones de estos días— y creer, o desear creer, que no hay motivos de frustración entre los más jóvenes o entre los estudiantes. Los hay (...) los jóvenes justamente porque se saben y se sienten iguales a todos los demás, detectan y se hieren por esas diferencias inmerecidas. Hay, pues, un proceso subyacente cuyas contradicciones no se han resuelto. Es verdad (la idea es de Jorge Millas) que los jóvenes no saben cómo resolver los problemas, pero suelen detectarlos", aseguró.
Cerró con que "ah, y por supuesto, los hechos del jueves fueron hechos condenables, delictuales, impropios de jóvenes educados, contrarios a la democracia, hechos que todos deben condenar, nada justifica golpear a otro, válgame Dios lo que será de la sociedad con estos jóvenes, etcétera, etcétera. Faltaría más".
Acusan "trivialización" de Peña
La columna de Peña fue refutada hoy en las cartas de El Mercurio. Claudio Arqueros señaló que "ciertamente los acontecimientos merecen examinarse, entre otros criterios, también por sus causas sociopolíticas y culturales. Pero ello no debiese llevarnos a convertir la condena a la violencia política en una consecuencia accesoria, una nota a pie de página. Porque ello no solo no dialoga con la democracia, sino porque el objetivo de marginar la violencia está en la razón de existir del sistema democrático".
Añadió que "permitirse ironizar, como hace Carlos Peña en su columna, simplemente porque en este caso concreto la violencia no ha provocado una tragedia, también es una forma de trivializarla y, de esa manera, abrir un pequeño espacio en una puerta que debe estar siempre clausurada".
También Carlos Williamson indicó que "Carlos Peña sostiene que buscar las causas de la agresión a estudiantes de la UC no equivale a justificarla. El principio es correcto, pero su propia columna lleva a pensar que falta algo más para entender lo sucedido más allá de su propia línea argumentativa".
"Primero, dice que la agresión 'brota' de la dinámica de masa, como si fuera un fenómeno natural y no un acto decidido por una persona concreta. Nadie 'brota' violento; alguien elige golpear. Al borrar al sujeto de la frase, Peña borra también su responsabilidad, por más que luego aclare que no busca exculparlo", sostuvo.
Agregó que "su comprensión es asimétrica. Dedica párrafos enteros a explicar la frustración social de 'los jóvenes' que agredieron —segregación, horizonte sombrío, trayectorias heredadas—, pero no intenta comprender en absoluto a quienes sostenían un lienzo pacíficamente y en silencio. Un análisis causal debería aplicarse a ambos actores, no solo al que golpeó".
"Finalmente, qué base hay para suponer tan categóricamente, como declara Peña, que no se trató de 'hordas inflamadas de ideología', sino que 'hay motivos de frustración'. Es decir, razones. Dicho así, se corre el riesgo de minimizar el valor moral y cívico de esa condena transversal. A esta columna, en efecto, le faltó más", cerró Williamson.
También abordó la situación el Arzobispo de Santiago y Gran canciller de la Universidad Católica, el cardenal Fernando Chomali. En su texto, indicó que "la patada artera que le propinó un joven encapuchado a una estudiante de la Universidad Católica de Chile, es una patada a la universidad y a su vocación de dialogar en la búsqueda sincera de la verdad con transparencia y honestidad intelectual".
"Esa patada fue dada por un encapuchado, es decir, por una persona que esconde su identidad, lo que se contrapone claramente con el sentido propio de lo que significa ser humano: capaz de responder frente a los actos. Doloroso resulta también que con una actitud muy agresiva y desafiante le quita la bandera chilena de las manos", afirmó.
El arzobispo subrayó que "el día que todos, con mucha claridad y sin ambigüedades, digamos no a la violencia de cualquier índole, podremos pensar en una sociedad más humana. Ello requiere mucho coraje que, claramente, el encapuchado no tuvo (...) Obviamente queda la pregunta ¿qué hemos hecho como sociedad para que haya personas capaces de tanta violencia? ¿No será tiempo de una reflexión serena al respecto?".