Geólogo que coordinó la travesía por las cicatrices de los Andes Australes: "Para poder explorar la zona hay que ir convencido"

Gerd Sielfeld (36) y sus once compañeros fueron parte de la expedición PAAUS II que emprendió camino hacia el remoto fiordo Iceberg. En el camino se evaluó el estado de un proyecto sismológico, monitorearon la fauna e incluso recolectaron piezas para una escultura que mezcla la ciencia con el arte.

02 de Diciembre de 2019 | 17:30 | Por José Manuel Vilches, Emol

De café, Sielfeld registra los descubrimientos de su equipo en la isla Cueri-Cueri.

Paula López
SANTIAGO.- El pasado 29 de noviembre desembarcaron en Puerto Natales los 12 integrantes que formaban parte de la expedición multidisciplinaria "Pulso de los Andes Australes (PAAUS) II", la cual navegó durante diez días por los canales de la Región de Magallanes, desde la base del imponente volcán Burney en el paso Kirke, hacia el gélido fiordo Iceberg. Un lugar del que los mapas más utilizados, los más comunes y accesibles, no guardan rastro.

"Es un territorio bastante rudo. Un lugar azotado por una meteorología variable con episodios intermitentes de mucha lluvia, viento y nieve; donde las planicies son casi inexistentes y en el que hay zonas muy peligrosas porque se generan cavernas y grietas de rocas adornadas con una serie de filos", relata desde el aeropuerto de Punta Arenas el coordinador científico de esta travesía, el doctor chileno Gerd Sielfeld.

"Meterse a trabajar ahí significa verdaderamente abrir camino, entrar con un machete o con un hacha para tratar de llegar a los distintos objetivos que uno quiere. Esto hace que para explorar la zona haya que ir convencido, con gente preparada que tenga cierta experiencia en trabajos al interior de la naturaleza con condiciones adversas", agrega el también geólogo de la Universidad de Concepción.

El motor inicial de esta travesía organizada por la Fundación Prisma Austral, relata Sielfeld, era recolectar los datos de ocho estaciones sismológicas puestas en noviembre de 2018 por investigadores de la Washington University en Saint Louise, quienes tenían la necesidad de cubrir un área en torno a los Campos de Hielo Sur, para evaluar principalmente la respuesta postglacial del manto terrestre. Es decir, cómo ha cambiado la capa profunda de la Tierra por el derretimiento de estos gigantes helados.

Mientras tanto, Sielfeld junto a Francisco Muñoz y Juan Pablo Letelier tomaban muestras del territorio para realizar un levantamiento de información estructural y escudriñar en la historia geológica de la Cordillera de los Andes. De esta forma levantaban indicadores cinemáticos y geométricos, identificaban las fallas de la Tierra —o "cicatrices" como las llama el coordinador científico— y veían aparte si se mantienen activas.

*El equipo haciendo ingreso a la isla Madre de Dios por el paso del Seno Soplador. "Un lugar singularmente épico, único en su tipo en el cono Sur", dice Sielfeld. | Crédito: Juan Carlos Campos.

Las otras disciplinas que conocieron los fiordos

La expedición a bordo de la barcaza Cabo Philips no sólo estuvo constituida por geólogos y geofísicos, sino también por un par de veterinarios, un arqueólogo y un artista visual que vieron también la oportunidad de explorar la riqueza natural de los Andes Australes desde otras perspectivas, yendo más allá de la sismología y la profundidad de la Tierra.

Fue por ejemplo el caso de los veterinarios Ismael Barría y Paula Ramírez, quienes constituían el equipo "Fauna" de PAAUS II. Ellos mantuvieron un constante monitoreo y catastro de especies silvestres en ambientes marinos y terrestres, aprovechando el terreno para instalar cámaras trampa y detectores de murciélagos, entre otros. Sin embargo, algunos de los hallazgos más importantes estipulados en el reporte preliminar, fue el avistamiento de una veintena de ballenas sei y de una cuantiosa población de huemules en el fiordo Témpano.

También es el caso del arqueólogo Alfredo Prieto que pudo realizar estudios en torno a la huella costera de estos fiordos, determinando que estas rutas fueron una zona de traslado para los pueblos canoeros de hace unos 6.500 años y no de asentamiento. Asimismo, en función de los recorridos y su significado con el paisaje, el artista Nicolás Spencer recolectó material geológico para montar una escultura sonora con rocas que cuelgan de una caja acústica, obra que forma parte de su proyecto Terra Australis Ignota: un viaje poético a través de formas, luces y sonidos de zonas aisladas del extremo sur del continente americano.

*La travesía multidisciplinaria a punto de zarpar en el Cabo Philips | Crédito: Juan Carlos Campos.



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