Tiene sólo 38 años y tiene muy claros sus límites. Por eso, pase lo que pase, detiene su jornada a las 5 de la tarde. La razón es bien simple, sus dos hijos de 15 y 7 años a los que les dedica tiempo.
La agenda de Andrea Huneeus está siempre bien copada, cuestión que no ha cambiado desde que estudiaba medicina en la Universidad de Chile y luego, durante sus especializaciones en ginecología infanto-juvenil que incluyó una pasantía en Canadá.
Asegura que su primer hijo la pilló con muchas más energías que el segundo. Hacía dos turnos en el hospital y estaba al tanto de su hijo. “No sé como lo hacía”, dice.
“La maternidad a los 31 años fue, en cambio, mucho más consciente. Gocé mucho más el proceso, fue más tranquilo”, recuerda.
-¿Menos aprensiva con la chica?
“No, lo fue con el mayor, como que me lo subía a los hombros como si fuera mi mochila y circulaba por la vida. Andaba conmigo para todos lados, me lo ponía y partíamos (entre risas)”.
-¿Eres mamá de calidad o de cantidad?
“Yo estoy. Los voy a dejar al colegio y trato de llegar a la casa entre 5 y media y 6 de la tarde. Tenemos la rutina de comer los tres juntos en la mesa, compartir ese momento. Además, nos llamamos todo el día”.
-¿La realidad del adolescente que conoces a través de la Unidad ha aumentado tus temores frente a tus hijos?
“No, para nada. Yo comparto mi trabajo con ellos y cuando hay cosas que me complican de adolescentes las comento con él (su hijo mayor). No le hablo de casos, pero si de situaciones.
“No le tengo miedo a la adolescencia y cuando veo casos difíciles, sólo me dan ganas de ayudarlos”.
-Eres joven ¿te sientes exigida o asumes como algo natural en tu vida la doble jornada?
“Es lo que me tocó, es exigente, pero tiene muchos beneficios. Tengo dos hijos exquisitos que a veces me dan ganas de llorar. Sí… de repente me agoto, pero la mayoría del tiempo estoy súper orgullosa de mi vida”.
-¿Cuáles son los beneficios de los que hablas?
“A ellos les gusta que yo trabaje, se sienten orgullosos. Ellos son niños autónomos, son súper inteligentes y vivos porque mantenemos un nivel de discusión elevado en la casa, están metidos en la realidad, en lo que está pasando y como trabajo con niños, esto también nos vincula.
“A mí, además, me ayuda a ser una mamá un poquito más ubicada, porque trabajo con psicólogos y trato de meter menos la pata, de ser menos bruta”.
-¿Y puedes manejar mejor tu culpa?
“¿Y puedo manejar mejor mi culpa? (se pregunta lentamente)… sin duda, pero yo tengo la ventaja de que pertenezco a una familia cuya madre trabaja. Mi mamá trabajaba mucho más que yo o, por lo menos, estaba menos que yo en la casa, entonces, no están culposo salir. Para mí es súper natural y desde chica tengo el orgullo de haber dicho mi papá hace esto (el escritor Pablo Huneeus) y mamá hace esto otro (la periodista Delia Vergara).
“Para mis hijos también ha sido natural y los días que estoy mucho rato en la casa me dicen ya, ándate”.
De proyectos futuros, Andrea Huneeus tiene un listado. No sólo están sus hijos, sino que lamenta haber tenido que dejar el servicio público. “Quiero volver a eso, antes trabajaba en Estación Central; no me basta circular sólo por acá arriba (sector oriente)”.