Juan Pablo Valdivia: Espacios para compartir y descubrir

10 de Mayo de 2013 | 08:56 | Por Juan Pablo Valdivia

El ritmo de la ciudad es vertiginoso, todo sucede a mil: los atochamientos en las calles, carreras al supermercado, el colegio de los hijos, el trabajo. La lista suma y sigue. Y también está ese otro lado de la moneda, ese que nos invita a relajarnos y conversar un vino y debatir sobre la inmortalidad del cangrejo sin complejos ni restricciones. Y así -en la suma de esas dos agendas- jugamos a lograr el equilibrio y mantenernos cuerdos.

No soy psicólogo, ni terapeuta, pero mi negocio también pasa por conocer la importancia de regalarse y disfrutar un tiempo con la pareja o los amigos, rompiendo la rutina y alejándose del ajetreo cotidiano. La gastronomía genera ese espacio, ese minuto de contraste y también de recogimiento. Comer (y comer juntos) - leí una vez por ahí- es mucho más que el puro acto de nutrirse: es un ritual cargado de significado que crea vínculos sociales y muchas veces nos invita a celebrar.

Las posibilidades para encontrar este espacio son variadas: cocinar en pareja, salir -cuál turistas- a descubrir la ciudad y sus distintos rincones gourmet, o reunirse con los amigos de siempre en torno a la calidez del fuego y de una buena parrilla (espacialmente ahora que es otoño). Un buen bocado - en el lugar y con la persona correcta- y el mundo externo puede desvanecerse por un par de horas, la cabeza se despeja, las ideas surgen y el cuerpo se repone para comenzar energizado una nueva jornada.

No es necesario gastar fortunas para conseguir nuestro objetivo, por eso esta semana les quiero enseñar a preparar tres fáciles recetas que son furor en nuestro restaurant Al Fuego: mini brochetas de pollo, vacuno y camarón (maridadas con un buen vino tinto), osobuco asado con risotto de mote (muy fácil de preparar pese a su rimbombante nombre) y para el postre, uno típico de la temporada otoñal: torta de cuatro leches. Pero si su problema es el tiempo o simplemente no tiene ganas de cocinar, también puede disfrutarlos en la preparación propia del restaurant. Muchas veces hay buenos sitios que –ante la premura- se esconden de la vista en las rutas donde circulamos a diario: parar una hora a la mitad de la jornada laboral, “airearse” y realmente almorzar es justo y necesario para el organismo (así como para nuestro cerebro).

Finalmente les recomiendo intercambiar comentarios gastronómicos con quienes se comparte la mesa; preocuparse de las sensaciones del otro también ayuda a que el almuerzo sea un rito mágico. Porque está probado que comer compartiendo no sólo es ventajoso para nuestra salud, sino que también para nuestro ánimo.

Disfruten la vida, Juan Pablo Valdivia, chef ejecutivo del restorán Tierra Noble.


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