El pasado 26 de abril comenzó a regir una nueva etapa en la reducción de la jornada laboral en Chile, fijando un máximo de 42 horas semanales. Si bien se trata de un avance en la implementación de la ley, el proceso es gradual y contempla nuevas disminuciones en los próximos años hasta alcanzar las 40 horas, por lo que empresas y trabajadores siguen en una fase de adaptación a un cambio que todavía no se completa.
En ese contexto, las organizaciones enfrentan el desafío de mantener sus niveles de productividad con menos tiempo disponible para operar, lo que ha llevado a revisar procesos internos y replantear modelos de trabajo.
Nuevas exigencias para la gestión interna
El nuevo escenario laboral está impulsando cambios en la forma en que las empresas organizan sus operaciones. Más allá de ajustar horarios, muchas compañías están identificando tareas críticas, eliminando ineficiencias y reorganizando funciones para responder a las nuevas exigencias de tiempo.
Así, procesos manuales, tareas repetitivas y flujos poco optimizados han quedado en evidencia como puntos críticos dentro de las organizaciones.
En paralelo, este proceso también está modificando los perfiles laborales más demandados. Las funciones operativas comienzan a ceder espacio a roles ligados al análisis, la supervisión de procesos y la toma de decisiones, lo que exige nuevas habilidades y una mayor capacidad de adaptación por parte de los trabajadores.
Capacitación y nuevas habilidades laborales
La incorporación de nuevas tecnologías también ha impulsado cambios en la formación de trabajadores y equipos. Según un
informe sobre capacitación en inteligencia artificial en Latinoamérica elaborado por Buk,
6 de cada 10 empresas han aumentado su inversión en capacitación, mientras que el 44% de los trabajadores participa actualmente en procesos formativos.
El estudio además señala que Chile es el mercado más activo de la región en formación en IA (23%), y advierte que habilidades como adaptabilidad, resiliencia, liderazgo híbrido y pensamiento crítico serán cada vez más relevantes en el mercado laboral.
El foco está puesto en habilidades digitales, análisis de datos y uso de herramientas de inteligencia artificial, en línea con las nuevas necesidades operativas de las organizaciones.
Automatización y análisis de datos ganan terreno
En este escenario, la inteligencia artificial y las herramientas de automatización han comenzado a consolidarse como apoyo para mejorar la eficiencia operativa.
Desde la generación de reportes hasta el análisis de datos, pasando por procesos de recursos humanos o gestión de cobranzas, estas tecnologías están siendo utilizadas para agilizar tareas y reducir tiempos de ejecución.
Por ejemplo, actividades como la elaboración de informes financieros, que antes podían tomar varias horas, hoy pueden resolverse en pocos minutos mediante sistemas automatizados. Algo similar ocurre con el análisis de grandes volúmenes de información, donde las plataformas basadas en IA permiten detectar patrones y generar reportes de manera más rápida.
Además, el uso de datos en tiempo real está modificando la forma en que las empresas toman decisiones. Cada vez más organizaciones utilizan estas herramientas para planificar turnos, gestionar inventarios o asignar recursos con mayor precisión.
Decisiones basadas en datos y mayor eficiencia
La automatización de procesos administrativos y financieros es una de las tendencias más visibles en este contexto. Desde la gestión de nóminas hasta el seguimiento de pagos, cada vez más tareas están siendo gestionadas por sistemas inteligentes que reducen errores y optimizan tiempos.
El conjunto de estos cambios está generando una transformación más profunda en las empresas. Las que han avanzado con mayor rapidez en la adopción tecnológica comienzan a evidenciar mejoras en eficiencia, agilidad y capacidad de adaptación.