La educación superior chilena enfrenta un desafío que va más allá de impartir conocimientos. En la actualidad es necesario formar profesionales y técnicos capaces de responder a un mercado laboral cada vez más dinámico, marcado por la transformación tecnológica, nuevas demandas productivas y cambios en las habilidades requeridas por las empresas.
En este escenario, el aseguramiento de la calidad se ha consolidado como una herramienta clave para garantizar que las instituciones no solo cumplan estándares académicos, sino que también entreguen una formación actualizada y alineada con las necesidades actuales.
La instalación de este sistema en Chile comenzó formalmente en 2006 con la promulgación de la Ley 20.129, que creó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Posteriormente, la Ley 21.091, promulgada en 2018, fortaleció la institucionalidad del sector al establecer la acreditación obligatoria para las instituciones de educación superior, además de crear la Subsecretaría y la Superintendencia de Educación Superior.
José Julio León, vicerrector de Desarrollo y Aseguramiento de la Calidad de Santo Tomás, conversó con EmolTV sobre estos desafíos y la evolución del sistema, hechos que han significado un cambio profundo en la forma en que las instituciones enfrentan su gestión y su vínculo con la sociedad.
“Hoy los principales desafíos de las instituciones de educación superior tienen que ver con que la sociedad está demandando una formación más pertinente, una mayor sintonía con el mundo del trabajo y con el mundo productivo, y una mayor capacidad de las propias instituciones para responder a los requerimientos del entorno”, señala.
La autoridad académica destaca que, si bien los mecanismos de evaluación y supervisión existían desde antes, la acreditación obligatoria marcó un punto de inflexión al transformar la calidad en una responsabilidad permanente para las instituciones.
“La calidad pasa a ser un deber de las instituciones, no solo en cuanto a su trabajo interno, sino también en dar cuenta pública de sus resultados”, afirma.
Calidad más allá de la acreditación
Aunque los procesos de acreditación suelen ser el aspecto más visible para la opinión pública, el vicerrector explica que la calidad va mucho más allá de la obtención de certificaciones o reconocimientos externos. Sino que se observa desde una mirada integral.
En el caso del Instituto Profesional Santo Tomás, este trabajo comenzó tempranamente. La institución participó en sus primeros procesos de acreditación desde 2005 y ha completado seis procesos de evaluación externa, consolidando una política y un sistema interno orientados a la mejora continua.
“Hemos aprendido mucho en este trayecto. Cada vez que hay una revisión externa y se hacen recomendaciones, estas se incorporan a los planes de mejora institucionales”, comenta León.
A juicio del vicerrector, uno de los mayores avances ha sido instalar una cultura de calidad que involucre a toda la comunidad educativa.
“Es muy importante que la institución desarrolle capacidades de autorregulación y mejora continua, que todos los integrantes de la comunidad participen en el sistema interno de calidad, cada uno desde sus roles y funciones y que los mecanismos funcionen”, sostiene.
El impacto en la experiencia estudiantil
La calidad también tiene un impacto concreto en la experiencia de los estudiantes, desde el diseño curricular hasta los mecanismos de apoyo académico, acompañamiento y seguimiento durante la trayectoria formativa.
Según León, el objetivo final es que la educación superior genere una transformación efectiva en la vida de quienes ingresan a las instituciones.
“Hemos incorporado dentro de la definición de calidad el cumplimiento del propósito institucional, que busca formar personas con las competencias para transformar sus vidas e impactar positivamente en sus entornos”, explica.
En esa línea, el Instituto Profesional Santo Tomás ha desarrollado un Sistema Interno de Aseguramiento de la Calidad basado en el modelo PEER -Planificar, Ejecutar, Evaluar y Retroalimentar-, una metodología que permite monitorear permanentemente los resultados y realizar ajustes cuando es necesario.
“Tenemos distintos mecanismos de aseguramiento de calidad para ir monitoreando, evaluando y retroalimentando lo que cada uno de nosotros hace dentro de la institución, de manera que se logre este espiral virtuoso de mejora continua”, sentencia.
A continuación, puedes revisar la entrevista completa: