El
11 de septiembre de 2001 el mundo cambió. Ese día,
19 terroristas de Al Qaeda secuestraron en Estados Unidos cuatro aviones comerciales que estaban en pleno vuelo, para usarlos como armas de destrucción masiva.
Dos aparatos impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York,
otro contra el Pentágono en Washington D.C. y
el cuarto se estrelló en un campo en Shanksville, Pensilvania.
Un total de 2.977 personas murieron a causa de los atentados, sin contar a los secuestradores. La noticia causó impacto mundial y generó cambios tanto en los viajes como en la vida cotidiana de las personas, algunos de los cuales repasamos a continuación.
Reforzamiento de la seguridad
Los vuelos domésticos en EE.UU. se reanudaron tres días después de los ataques terroristas, pero la experiencia de los pasajeros sufrió grandes cambios en pos de la seguridad.
De esta manera, comenzaron a hacerse chequeos exhaustivos, los que luego se replicaron en el resto del mundo y permanecen hasta hoy.
Llegada anticipada
Como consecuencia directa de lo anterior, en la actualidad quienes viajan en avión deben
llegar con un mínimo de tres horas de anticipación a la partida del vuelo. Esto debido a que
además de presentar la documentación respectiva, deben acceder a revisiones corporales que muchas veces incluyen sacarse los zapatos y cinturones.
Y aunque en algunos aeropuertos solo solicitan a los pasajeros pasar por
detectores de metales, en otros hay
escáneres de cuerpo completo que permiten ver si las personas ocultan algo debajo de su ropa que pueda ser imperceptible a simple vista.
Asimismo, es posible que algunos pasajeros sean sometidos a
pruebas de trazas de explosivos, para lo cual funcionarios pasan un papel o un hisopo sobre manos, ropa o equipaje de los viajeros con el fin de detectar partículas microscópicas de sustancias.
Restricción de objetos y líquidos
Por otra parte,
algunos objetos que estaba permitido llevar en el equipaje de cabina, fueron prohibidos tras el 11-S. Ejemplo de esto son los
envases de líquidos, geles y aerosoles de más de 100 ml, objetos cortopunzantes (navajas, cuchillos cartoneros, tijeras, herramientas, etc.) y
artículos que eventualmente puedan ser usados como armas (bates de béisbol, palos de golf, bastones de senderismo, etc.).
No más cubiertos metálicos ni vajilla de cerámica o vidrio
Sumado a lo anterior,
los tradicionales cubiertos metálicos que muchos pasajeros se llevaban como recuerdo de su viaje en avión,
fueron eliminados de los vuelos. En su lugar
se introdujeron los de plástico o madera.
Además,
los platos de cerámica y los vasos de vidrio fueron reemplazados en muchas rutas
por productos de policarbonato o cartón encerado.
No obstante, con el paso de los años, algunas aerolíneas han reintroducido los cubiertos metálicos sobre todo en las clases ejecutiva y primera, eso sí con algunas modificaciones que impiden que sean utilizados como armas.
Hoy es prácticamente imposible que un pasajero acceda a la cabina de mando durante un vuelo. Crédito: El Mercurio (imagen referencial).Prohibición de acceso a la cabina de mando
Si bien antes del 11-S los pasajeros podían solicitar visitar las cabinas de mando para conocer al piloto y copiloto durante los vuelos, luego de los atentados terroristas esto quedó totalmente prohibido. Sin embargo, según el sitio Simple Flying, en la actualidad "muchas aerolíneas aún permiten las visitas después del vuelo, siempre que cumplan con las normas de seguridad, y los pilotos estén dispuestos y en condiciones de atender la solicitud".
De esta manera, si un pasajero está interesado en conocer la cabina de mando, debe solicitarlo a una auxiliar de vuelo idealmente cuando el avión está en la puerta de embarque y las personas a bordo hayan comenzado a desembarcar.
Reforzamiento de la puerta de la cabina de mando
Por otra parte, previo al 11-S, las puertas de las cabinas de mando de los aviones cumplían más que nada la función de dar privacidad a los pilotos. Pero luego de esa fecha clave,
se instalaron puertas reforzadas que, según un artículo de Deutsche Welle son
antirrobos y antibalas, cuentan con
triple cerrojo electrónico y mirilla a través de la cual los pilotos pueden ver hacia afuera.
"Normalmente los dos pilotos se encuentran en la cabina de pilotaje con la puerta cerrada. En este estado,
la puerta no se puede abrir desde afuera, porque no tiene una manilla (...) En caso de que una azafata quiera entrar a la cabina de pilotaje, primero llama al capitán de vuelo y después acciona un timbre", sostiene el medio alemán.
En tanto, en el caso de que algún miembro de la tripulación necesite ingresar a la cabina por una urgencia -por ejemplo, una situación de salud del piloto-,
existe un código de acceso. "Después de ingresar el código, suena una alarma y en la cabina de pilotaje se ilumina una señal de 'abierto'. Si los pilotos no reaccionan, la puerta se abre automáticamente después de 30 segundos por un lapso de cinco segundos. Durante ese tiempo, la azafata puede entrar", puntualiza Deutsche Welle.
Pilotos autorizados a portar armas y agentes encubiertos en vuelos
Después del 11-S se creó el
programa Federal Flight Deck Officer (FFDO), en el que
pilotos de aerolíneas son capacitados y autorizados para portar armas a bordo, y defender aviones comerciales contra actividades delictivas y terrorismo.
"El programa FFDO está dirigido a pilotos e ingenieros de aerolíneas, tanto de aviación comercial como de carga (...) Los solicitantes deben ser ciudadanos estadounidenses y superar exhaustivas verificaciones de antecedentes y evaluaciones psicológicas", señala Simple Fying.
De acuerdo al sitio enfocado a la industria de la aviación comercial, los pilotos deben asistir a un entrenamiento intensivo de cinco días, durante los cuales se preparan para posibles secuestradores que intenten robarles sus armas y aprenden a disparar tanto sentados como de pie. Deben regresar cada seis meses para recibir capacitación adicional y cada cinco años para un curso de actualización de dos días.
Por otro lado, tras los atentados también se masificó en varios países el uso de agentes encubiertos de las fuerzas de orden o agentes antiterroristas entrenados para prevenir el secuestro de aviones. Estos viajan de civil, y suelen portar armas cortas y elementos no letales para su uso en espacios confinados.
Fin de las bromas sobre atentados o explosivos
En la actualidad, hay
ciertas palabras que simplemente no pueden decirse en vuelos o aeropuertos, ni siquiera a modo de broma o chiste. Entre estos términos están
"bomba", "explosivo", "atentado" y "secuestro".
Y no es que quien las diga vaya a recibir solo un llamado de atención, sino que las consecuencias van más allá. En primer lugar, si la persona aún está en el aeropuerto,
es retenido por los agentes de seguridad, y si ya subió al avión, es desembarcado del aparato. Además,
es acusado ante la justicia e incluso podría cumplir pena de cárcel.
Por otra parte, muchas veces también deben
pagar multas altas,
y la aerolínea involucrada puede poner su nombre en una
"lista negra" y vetarlo como pasajero en futuros viajes.
Creación de la TSA
Antes del 11-S, las aerolíneas comerciales eran las encargadas de velar por la seguridad de los vuelos, subcontratando a empresas de seguridad privada que realizaban los controles de pasajeros. Sin embargo, a raíz de los atentados terroristas, el 19 de noviembre de 2001 se creó la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), agencia dependiente del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU., cuyo trabajo está enfocado a la seguridad aeroportuaria y la prevención del secuestro de aviones.
De esta manera, en la actualidad son los funcionarios de la TSA los encargados de la inspección de los pasajeros y de su equipaje.
Protocolos de emergencia
Los ataques terroristas en EE.UU. también llevaron a modificar los protocolos de emergencia en ese país, esto ya que hasta ese momento estaba diseñados para situaciones convencionales y aisladas, y no para atentados coordinados y masivos.
De esta manera, ahora bomberos, policías y autoridades portuarias pueden comunicarse entre sí a través de redes de banda ancha exclusivas para socorristas.
Asimismo, el 25 de noviembre de 2002 se creó el Departamento de Seguridad Nacional, para centralizar la seguridad interna y la protección civil de ese país. Sus misiones principales son prevenir ya analizar amenazas de terrorismo; el control migratorio y de aduanas; preparación, mitigación y ayuda ante catástrofes; y velar por la seguridad tecnológica.
Modificaciones en los edificios
Muchos de las víctimas de los atentados a las Torres Gemelas fallecieron porque no pudieran escapar debido a que los ascensores ubicados en el centro de los edificios quedaron inmediatamente inutilizables tras el impacto de los aviones y, además, las escaleras no dieron abasto para una evacuación de esa magnitud.
El mundo de la construcción aprendió de la tragedia y se transformó radicalmente el Código Internacional de Edificación. Así, por ejemplo, en la actualidad muchas torres de más de 128 metros de altura deben contar con ascensores de emergencia especiales que puedan usarse durante incendios y una escalera de adicional para que los socorristas no interfieran con la evacuación, según señala un artículo de The Conversation.
En cuanto a las escaleras, hoy estas deben tener al menos 137 cm de ancho (las de las Torres Gemelas medían 112 cm), y contar con pintura y cintas fotoluminiscentes en los peldaños que sean visibles incluso si está oscuro. Asimismo, deben estar ubicadas en zonas distantes unas de otras, de manera que si una queda inutilizada, la otra aún permita la evacuación de personas.