El verano es sinónimo de descanso y desconexión para gran parte de los trabajadores. Sin embargo, para quienes permanecen activos en las empresas, el periodo estival también puede transformarse en una etapa de alta exigencia, marcada por la reducción de colaboradores y la redistribución de funciones.
La combinación de estos factores puede derivar en sobrecarga laboral y desgaste de los equipos si es que no se gestiona de manera adecuada. De ahí la importancia de conocer estrategias para evitar caer en riesgos que generen mayores problemas para la organización.
En ese sentido, especialistas en gestión de personas advierten que este fenómeno se repite año a año y que, en muchos casos, sus efectos se normalizan. Desde Adecco Chile, su directora de Servicio y Calidad, Carolina Varela, explica que durante los meses de verano suelen aparecer alertas claras que las organizaciones debieran observar con mayor atención.
“Las más frecuentes son jornadas que se extienden de manera sistemática, dificultad para cumplir plazos que antes eran razonables, aumento de errores operativos y una sensación constante de urgencia. A nivel humano, se observa mayor irritabilidad, menor disposición a colaborar y una baja en la energía general del equipo”, señala.
Según la ejecutiva, uno de los aspectos más preocupantes es que muchas personas dejan de tomar pausas reales y mantienen una conexión permanente con el trabajo, incluso fuera de horario. “Responden mensajes, correos o llamados y sienten culpa por desconectarse. Esa es una alerta temprana de desgaste que las empresas debieran leer a tiempo”, advierte.
Una mirada similar tiene Paula Penjean, gerente regional y de nuevos negocios de Grupo Teamwork, quien apunta a que la sobrecarga laboral en vacaciones suele instalarse de forma progresiva. “La sobrecarga laboral suele manifestarse de manera gradual y silenciosa. Algunas señales claras son el aumento sostenido de la jornada laboral, la sensación de cansancio permanente, mayor irritabilidad o tensión en el equipo, errores que antes no ocurrían y una menor disposición a colaborar”, comenta.
Ambas expertas coinciden en que uno de los principales riesgos es que estas conductas se normalicen. Cuando eso ocurre, la sobrecarga deja de ser excepcional y pasa a formar parte de la rutina, afectando no solo el desempeño inmediato, sino también el clima laboral y el compromiso a mediano plazo.
Planificación y prioridades: La clave para sostener la operación
Frente a este escenario, el desafío para las organizaciones es lograr un equilibrio entre la continuidad operativa y el bienestar de los equipos. Un punto en el que la planificación previa resulta determinante.
Para Carolina Varela, la solución no pasa por exigir un mayor esfuerzo a quienes permanecen activos, sino por anticiparse. “Las organizaciones que lo hacen bien identifican procesos críticos, definen prioridades realistas y aceptan que no todo puede avanzar al mismo ritmo que en meses normales”, afirma.
“También es clave que los liderazgos modelen el comportamiento esperado: respetar horarios, validar la desconexión y ajustar expectativas. En la práctica, comunicar claramente qué es urgente y qué puede esperar reduce mucho la presión innecesaria y permite sostener la operación sin comprometer la salud del equipo”, complementa.
Desde Grupo Teamwork, Penjean subraya que equilibrar operación y bienestar implica asumir que el funcionamiento cambia cuando hay menos personas disponibles. “Es necesario priorizar. Definir con claridad qué tareas son realmente críticas y cuáles pueden esperar, ajustar plazos y comunicar expectativas de forma transparente”, sostiene.
La ejecutiva ejemplifica que, durante el verano, muchas organizaciones optan por concentrarse en asegurar la continuidad del servicio y los procesos esenciales, dejando para más adelante proyectos estructurales o evaluaciones de desempeño. Una estrategia que permite disminuir la carga y evitar tensiones innecesarias.
Distribución de tareas y apoyo oportuno
Otro aspecto clave para enfrentar la sobrecarga laboral en vacaciones es la forma en que se distribuyen las tareas. La falta de planificación puede llevar a que el peso del trabajo recaiga siempre en las mismas personas, aumentando el riesgo de agotamiento.
Varela destaca la importancia de anticipar este escenario. “Una de las mejores prácticas es planificar la redistribución del trabajo con criterios claros y consensuados, evitando sobrecargar siempre a los mismos. La polifuncionalidad planificada, con personas previamente capacitadas para cubrir funciones clave, marca una gran diferencia”, explica.
También recomienda simplificar procesos durante el verano, reducir reportes o reuniones no esenciales y evaluar apoyos temporales cuando sea necesario. “Cuando las tareas están bien priorizadas y los roles claros, el equipo responde mejor y con menos estrés”, afirma.
El impacto post verano y la recuperación de la motivación
Una mala gestión de la sobrecarga laboral durante las vacaciones no solo tiene efectos inmediatos. Sus consecuencias suelen evidenciarse con mayor fuerza al retorno del verano, cuando reaparecen la desmotivación y el cansancio acumulado.
“Si las personas sienten que solo ‘sobrevivieron’ a ese período, es probable que enfrenten marzo con desánimo y menor compromiso”, advierte Penjean. Para evitarlo, recalca la importancia de reconocer el esfuerzo realizado y reequilibrar las cargas una vez que los equipos retoman su dotación habitual.
Desde Adecco Chile, Varela agrega que “el impacto de una mala gestión estival no se nota solo en enero o febrero, sino en marzo, cuando aparecen la desmotivación y el cansancio acumulado. Para evitarlo, es fundamental reconocer el esfuerzo realizado, normalizar espacios de recuperación y retomar el año con cargas de trabajo progresivas. Las empresas que cuidan este aspecto revisan aprendizajes del verano, ajustan dotaciones si es necesario y abren conversaciones honestas sobre lo vivido. Cuando las personas sienten que su esfuerzo fue visto y que la organización se hace cargo, la motivación se recupera mucho más rápido y el compromiso se fortalece”.