Los nuevos talentos están cambiando el paradigma de las empresas. Los bonos en dinero ya no son la única respuesta para mantener a los trabajadores y los incentivos no monetarios, como experiencias, reconocimientos, flexibilidad y premios personalizados, se posicionan como una herramienta para impulsar resultados de forma más sostenible
Este cambio de enfoque fue uno de los ejes analizados en un reciente encuentro empresarial organizado por SAWA, instancia que reunió a ejecutivos de diversas industrias para debatir cómo el diseño de los programas de incentivos puede potenciar —o limitar— su impacto real en los equipos de trabajo.
Durante la jornada, se coincidió en que el principal problema de muchos esquemas de incentivos no está en los recursos disponibles, sino en su estructura. Objetivos poco claros, exceso de metas simultáneas o sistemas que terminan premiando siempre a los mismos perfiles generan desgaste y reducen el efecto motivacional. “Cuando no hay foco ni segmentación, el impacto del incentivo se pierde muy rápido”, explicó Sebastián Hevia, fundador de SAWA.
El potencial está en el rendimiento medio
Los análisis presentados muestran que solo entre un 5% y 10% de los equipos comerciales alcanza niveles de alto desempeño, mientras un porcentaje similar se mantiene en rangos bajos. En contraste, cerca del 80% de los colaboradores se ubica en un rendimiento medio, grupo que concentra la mayor oportunidad de mejora si se activan los estímulos adecuados.
“El gran error de muchas empresas es diseñar incentivos pensando solo en el 10% que ya rinde bien. El verdadero impacto está en movilizar al rendimiento medio, que tiene el conocimiento y la experiencia, pero necesita metas claras, seguimiento y motivación bien diseñada para dar el siguiente salto”, señaló Hevia.
En ese escenario, los incentivos no monetarios surgen como una alternativa más efectiva frente a los esquemas puramente monetarios, que en muchos casos se integran al ingreso habitual y pierden rápidamente su efecto motivador.
Tecnología y diseño conductual
Otro de los factores destacados fue el aporte de la tecnología en la gestión de estos programas. Las plataformas especializadas permiten segmentar objetivos, personalizar mensajes y aplicar dinámicas de gamificación, facilitando que los equipos visualicen avances, acumulen logros y mantengan el compromiso en el tiempo.
“La evidencia muestra que cuando los incentivos se diseñan desde el comportamiento humano y no solo desde el premio, el impacto es mucho más profundo. La combinación de datos, comunicación personalizada y experiencias motivadoras es clave para activar al segmento que concentra el mayor potencial de mejora”, concluyó el fundador de SAWA.