Durante décadas, Chile logró equilibrar su relación entre China —su principal socio comercial— y Estados Unidos —su mayor inversionista extranjero—. Sin embargo, ese margen de maniobra se estaría estrechando.
Todo se complicó la semana pasada, cuando Washington impuso restricciones de visado a tres funcionarios chilenos vinculados a un proyecto de cable digital submarino impulsado por firmas chinas, al considerar que podría implicar riesgos para la seguridad nacional.
La medida ocurre a pocos días de una cumbre de líderes latinoamericanos en Miami y en la antesala del cambio de mando en Chile, donde el próximo 11 de marzo asumirá un nuevo gobierno encabezado por
José Antonio Kast.
El embajador estadounidense en Santiago, Brandon Judd, afirmó que la administración de Donald Trump advirtió previamente sobre eventuales amenazas de hackeo extranjero en redes de telecomunicaciones, señalando además que el país podría arriesgar su participación en el programa de exención de visas.
"Si Chile quiere participar en la exención de visado, debe asegurar todas las telecomunicaciones", declaró el diplomático, añadiendo que no se trata de una amenaza, sino de un compromiso que Chile adquirió cuando entró en el programa.
Tales advertencias, según Bloomberg, están provocando llamamientos a un examen de conciencia en Santiago.
"Chile tiene que empezar a pensar estratégicamente en un escenario cambiante de confrontación geopolítica", dijo John Griffiths, analista del grupo de expertos en seguridad AthenaLab en Santiago.
"Le guste o no, la administración Trump está actuando en su interés nacional en una región que considera su esfera de influencia", agregó Griffiths, quien también es exgeneral del Ejército de Chile.
Presión regional
El caso chileno se enmarca en una estrategia más amplia de EE.UU. para limitar la influencia china en América Latina.
Panamá enfrentó represalias comerciales tras cancelar concesiones portuarias ligadas a capital chino: Beijing pidió a sus empresas estatales paralizar las conversaciones sobre miles de millones de dólares en nuevos proyectos y endureció las inspecciones aduaneras sobre los envíos panameños de plátanos y café.
En Perú, Washington advirtió sobre riesgos de soberanía tras la inauguración de un puerto financiado por China y propuso financiar una base naval cercana por US$1.500 millones.
En Argentina, el gobierno de Javier Milei frenó proyectos chinos, entre ellos un telescopio y una central nuclear por US$8.000 millones. Incluso en Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva mantiene un equilibrio diplomático entre ambas potencias.
En Chile, el cable propuesto —que conectaría el país con Hong Kong— es particularmente sensible porque cerca del 85% del tráfico mundial de información circula por cables submarinos. Paralelamente, Chile mantiene un acuerdo con Google para un enlace hacia Australia.
Desde Beijing, la embajada china en Santiago acusó a Washington de mostrar un "evidente desprecio por la soberanía, la dignidad y los intereses nacionales de Chile", mientras el gobierno saliente reiteró que el país "es soberano".
Cambio de ciclo en Chile
Chile es el mayor productor mundial de cobre y una puerta estratégica hacia la Antártida, por lo que no es la primera vez que enfrenta presiones desde Washington.
El año pasado, la administración Trump instó al gobierno a descartar un proyecto de telescopio chino en el desierto de Atacama y, en 2021, EE.UU. ya había presionado para cancelar un acuerdo chino-alemán destinado a fabricar pasaportes y documentos de identidad.
Esta vez, sin embargo, hay más en juego. El cable submarino propuesto por empresas chinas entre Chile y Hong Kong no solo involucra infraestructura tecnológica, sino también consideraciones de seguridad nacional, dado que cerca del 85% del tráfico mundial de información circula a través de este tipo de conexiones, explicó Griffiths.
Las tensiones surgen además en la antesala del cambio de mando. El Presidente Gabriel Boric —quien criticó las restricciones de visado— se prepara para entregar el poder a José Antonio Kast, figura que ha recibido señales de apoyo desde sectores de la administración Trump, particularmente del Secretario de Estado, Marco Rubio.
Kast, por su parte, mantiene posiciones más cercanas a Washington en materias como inmigración y política exterior, y participará la próxima semana en la cumbre "Escudo de las Américas" en Miami junto a otros líderes regionales afines, previo a asumir el 11 de marzo.