La historia comenzó con una limonada olvidada en el refrigerador. Lo que para muchos habría sido simplemente una bebida echada a perder, para María José Aguilar se transformó en el descubrimiento de un proceso natural que terminaría cambiando su vida y dando origen a un negocio con sello propio.
Tras dejar el consumo de alcohol, comenzó a buscar alternativas distintas para acompañar su día a día. Fue así como se adentró en el mundo de las bebidas fermentadas, investigando, probando recetas y perfeccionando una preparación a base de jengibre que combinaba sabor, naturalidad y propiedades probióticas.
En plena pandemia, junto a su pareja Luis Calquín, decidió convertir esa inquietud personal en un emprendimiento familiar. Con producción propia y un proceso artesanal basado en fermentación natural, lograron desarrollar Vibra Jengibre Vivo, una ginger beer sin alcohol que hoy supera las 2.600 botellas mensuales y ha encontrado espacio en supermercados de la Región Metropolitana.
¿Cómo una casualidad doméstica terminó convirtiéndose en una marca que busca abrirse paso en el mercado de las bebidas funcionales? ¿Cuáles fueron los principales desafíos para pasar de una cocina familiar al retail? En una nueva edición de Lo pensó/ lo hizo de Emol, María José Aguilar relata el camino detrás de Vibra Jengibre Vivo y los planes para seguir creciendo sin perder su esencia artesanal.