Los mercados mundiales tuvieron un frenético inicio de semana este lunes, en medio de un conflicto en Medio Oriente que no da tregua y ha impulsado con fuerza el precio del petróleo, inyectando altas dosis de temor entre los inversionistas y reviviendo el fantasma de la estanflación.
Durante este lunes de volatilidad extrema, el crudo Brent -de referencia mundial- llegó a rozar los US$120 por barril, situándose en sus niveles más altos desde 2022, cuando Rusia invadió Ucrania.
Si bien durante el transcurso de la jornada el crudo moderó sus alzas y se ubicó bajo los US$100 ante el anuncio del G7 respecto a que están analizando el uso de sus reservas estratégicas, los expertos coinciden en que el escenario internacional es especialmente complejo
y que las repercusiones para economías importadoras de petróleo —como Chile— podrían ser más rápidas y profundas de lo previsto.
"Un petróleo por encima de los US$100 es un golpe directo a la estructura de costos del país. Chile importa prácticamente la totalidad del crudo que consume, lo que presiona tanto a las empresas con alta intensidad energética como a las expectativas de inflación doméstica", comentó Emanoelle Santos, analista de XTB Latam.
En cuánto hasta dónde podría llegar el precio del petróleo, Santos no descarta nada mientras se mantenga bloqueado el estrecho de Ormuz, la principal ruta de exportación de petróleo del mundo. "US$150 (por barril) no es el escenario base de ningún banco importante hoy, pero tampoco era $120 hace diez días. Lo que ha cambiado en esta semana es la naturaleza del riesgo, porque ya no estamos hablando de una prima geopolítica transitoria sobre un mercado bien abastecido, estamos hablando de pérdidas de producción físicas, almacenamiento colapsando en tiempo real y una arteria energética que no tiene fecha de reapertura".
Para el economista de OCEC-UDP, Juan Ortiz, el alza del crudo ha sido extremadamente abrupta y su efecto ya se está reflejando en Chile con un dólar fortalecido, que ha vuelto a ubicarse sobre los $910, El golpe en Chile, agregó, será especialmente claro en el precio de los combustibles.
"Para un país importador de energía como Chile, esto es un shock negativo de costos. Vamos a tener nuevas alzas en los combustibles durante las próximas semanas", afirmó. De acuerdo con sus estimaciones, el impacto podría comenzar a reflejarse hacia fines de marzo y extenderse durante abril y mayo si los precios internacionales se mantienen elevados.
"El problema es la persistencia. No es lo mismo que el petróleo esté sobre US$100 uno o dos días a que se mantenga varias semanas o meses. El efecto acumulativo es mucho mayor", explicó.
No es el escenario base, pero sí existe riesgo de episodios de 'estanflación parcial".
Pablo Muller
Además del impacto en los combustibles, Ortiz anticipa que el encarecimiento de la energía podría trasladarse gradualmente a la inflación. Según proyecta, el efecto inicial podría sumar cerca de 0,2 puntos porcentuales al IPC, aunque el impacto podría ampliarse en los meses siguientes debido al encarecimiento de los bienes importados y al aumento del tipo de cambio.
Para Pablo Muller, director del magíster en Desarrollo Económico, Social y Política Públicas de la U. Autónoma, el panorama para la economía chilena "se ha deteriorado", en medio de un escenario internacional que "presiona combustibles, transporte y tipo de cambio, elevando la inflación y reduciendo el ingreso real de los hogares".
"Soy moderadamente cauteloso. Si el conflicto se prolonga y el petróleo se mantiene sobre US$100, el principal riesgo es una inflación importada combinada con menor crecimiento global. Eso tensiona a economías abiertas como Chile. No es el escenario base, pero sí existe riesgo de episodios de 'estanflación parcial", acotó.
En tanto, Carlos Smith, docente investigador del Cies-UDD, afirmó que el golpe para la economía chilena "podría ser bastante fuerte si es que persisten los precios de la energía sobre los US$100. Eso, con la fragilidad fiscal interna que tenemos, puede ser una mala combinación".
"Con el petróleo al alza las divisiones de transporte y alimentos van a subir presiones de costos importantes que van a reducir el poder adquisitivo real de las familias. Y dado que tenemos un FES con apenas un 1% del PIB y un déficit estructural de 3,6%, el Estado no tiene la misma capacidad para reducir shocks sin comprometer la solvencia del país", añadió.
"El golpe podría ser bastante fuerte si es que persisten los precios de la energía sobre los US$100. Eso, con la fragilidad fiscal interna que tenemos, puede ser una mala combinación".
Carlos Smith
Por lo tanto, Smith afirmó ser "cautelosamente pesimista" respecto del desarrollo de la situación y manifestó que "
hay condiciones para que técnicamente haya estanflación".
Gilberto Aranda, profesor titular de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, señaló que, lejos de observarse señales de distensión, el conflicto parece estar ampliándose. "Por ahora no veo síntomas de que esto vaya a bajar la presión. Más bien veo señales en sentido contrario", sentenció.