Con el paso del tiempo los gerentes de pequeñas y medianas empresas han enfrentado diferentes cambios y evoluciones en la forma de operar. Factores como la reducción de la jornada laboral, la digitalización acelerada y la presión por mantener la rentabilidad están redefiniendo la forma en que se lideran estas organizaciones.
De acuerdo con datos de organismos de gobierno, en Chile las pymes representan más del 90% de las empresas, lo que refleja su importancia para la economía y la creación de empleo a nivel nacional
Sin embargo, también son las más sensibles a cambios regulatorios, alza de costos y fluctuaciones en la demanda, lo que obliga a sus líderes a tomar decisiones más estratégicas y oportunas.
En este escenario, el rol del gerente ha evolucionado. Ya no basta con administrar el día a día o resolver urgencias operativas. Hoy se requiere una visión más integral, capaz de anticipar escenarios, priorizar con claridad y generar condiciones para sostener la productividad en equipos muchas veces reducidos.
Uno de los principales desafíos es hacer más con menos tiempo. En empresas donde cada trabajador cumple múltiples funciones, una gestión ineficiente puede traducirse rápidamente en atrasos, sobrecarga laboral o pérdida de oportunidades comerciales. Así, la organización del tiempo deja de ser una habilidad deseable y se transforma en una condición crítica para la supervivencia.
"La diferencia entre una Pyme que sobrevive y una que crece está en salir de la urgencia y gestionar con foco. Una buena práctica es definir al inicio de la semana tres prioridades estratégicas no negociables y proteger tiempo para ejecutarlas", señala Manuel Castillo, académico del Diplomado en Gerencia de Proyectos de la Universidad Autónoma de Chile.
A esto se suma un entorno económico más estrecho. El aumento de costos laborales y operacionales, junto con una mayor competencia, ha reducido los márgenes de muchas empresas. Según cifras del Banco Central, los costos han mostrado una tendencia al alza en los últimos años, lo que obliga a las pymes a optimizar sus recursos sin comprometer la calidad de sus productos o servicios.
En ese contexto, el manejo financiero se vuelve central. Una gestión deficiente del flujo de caja o de los gastos puede impactar directamente en la continuidad del negocio, especialmente en empresas con menor acceso a financiamiento.
"El error común -sostiene el académico de la Universidad Autónoma- es querer medir todo y terminar no gestionando nada. Tres variables son críticas en el día a día: el flujo de caja, las ventas del período y el margen. Son el pulso mínimo antes de tomar cualquier decisión de gasto o inversión."
Pero no todo pasa por los números. La gestión de personas también adquiere un rol protagónico. En entornos de presión, los equipos requieren liderazgo cercano, comunicación clara y reconocimiento constante para mantener su compromiso.
"En escenarios de presión, los equipos no esperan más recursos, pero sí ser vistos y valorados. Un gerente que comunica, reconoce y confía en su equipo logra sostener la motivación incluso en los momentos más complejos", agrega Castillo.
En paralelo, la incorporación de tecnología, especialmente herramientas de inteligencia artificial, comienza a consolidarse como una oportunidad concreta para mejorar la eficiencia. Desde la automatización de tareas administrativas hasta el análisis de datos o la atención al cliente, estas soluciones permiten liberar tiempo y enfocar esfuerzos en actividades de mayor valor estratégico.
No obstante, el desafío no está solo en adoptar estas herramientas, sino en utilizarlas de manera efectiva. La capacitación y la integración adecuada en los procesos internos son claves para que la tecnología realmente impacte en la productividad.