La economía chilena registró señales mixtas en materia de ahorro, inversión y endeudamiento, según las Cuentas Nacionales por Sector Institucional al cuarto trimestre 2025 publicadas por el Banco Central.
El informe -clave para entender cómo se distribuyen los flujos financieros entre hogares, empresas, gobierno y sector financiero- da cuenta de un leve fortalecimiento del ahorro agregado, pero también de persistentes necesidades de financiamiento a nivel país.
En concreto, la tasa de ahorro de la economía se ubicó en 22,8% del PIB, lo que implicó un alza de 0,9 puntos porcentuales respecto de 2024. Este avance respondió a que el ingreso nacional creció por sobre el consumo -8,6% versus 7,1%-, consolidando una mejora en la capacidad de generar recursos internos .
Sin embargo, ese mayor ahorro no fue suficiente para cubrir el dinamismo de la inversión. La formación bruta de capital alcanzó 24,1% del PIB, también con un incremento de 0,9 puntos porcentuales, lo que llevó a que la economía registrara una necesidad de financiamiento de 1,2% del PIB, levemente superior al año anterior. Es decir, Chile siguió requiriendo recursos externos para sostener su nivel de inversión .
A nivel sectorial, el panorama muestra contrastes. Mientras las empresas no financieras y los hogares elevaron su ahorro, el gobierno y las sociedades financieras redujeron su contribución. Al mismo tiempo, el déficit fiscal y la menor capacidad de financiamiento del sistema financiero presionaron la necesidad de recursos, en contraste con una mejor posición de los hogares .
En paralelo, el endeudamiento también evidenció dinámicas divergentes: las empresas redujeron significativamente su carga de deuda, el fisco la incrementó y los hogares, pese a aumentar sus pasivos en términos absolutos, lograron disminuir su peso relativo respecto del PIB. Todo esto en un contexto donde la economía, en su conjunto, elevó su posición deudora frente al resto del mundo hasta 19,2% del PIB .
Hogares: más ahorro y mejor posición financiera
El sector hogares mostró una mejora en 2025. Su tasa de ahorro alcanzó 5,4% del PIB, levemente superior al año previo, impulsada por un crecimiento del ingreso disponible de 6,8%, explicado principalmente por mayores salarios e ingresos de independientes .
Esto permitió que los hogares elevaran su capacidad de financiamiento a 3,5% del PIB, consolidándose como uno de los principales oferentes de recursos dentro de la economía. En términos financieros, aumentaron sus inversiones en depósitos y acciones, aunque redujeron su exposición a fondos mutuos.
Además, su riqueza financiera neta subió hasta 122,2% del PIB, favorecida por el buen desempeño de los fondos de pensiones y los mercados bursátiles. En paralelo, aunque los pasivos crecieron 6,8% anual -principalmente por créditos hipotecarios-, la deuda como porcentaje del PIB cayó a 46,2%, reflejando el mayor crecimiento del producto.
Empresas: más ahorro, menor deuda y déficit estable
Las empresas no financieras fueron protagonistas del aumento del ahorro agregado. Su tasa se elevó a 14,8% del PIB, impulsada por mayores ingresos empresariales, tanto por rentas de la producción como de la propiedad .
Pese a ello, el sector mantuvo una necesidad de financiamiento de 3,4% del PIB, sin cambios respecto de 2024, en un contexto de mayor inversión, que llegó a 18,6% del PIB.
Uno de los datos más relevantes fue la fuerte caída en su endeudamiento: la deuda total bajó a 90,1% del PIB, 7,8 puntos menos que el año anterior. Este ajuste se explicó principalmente por la reducción de la deuda externa, favorecida por la apreciación del peso.
En línea con lo anterior, las empresas también redujeron su posición deudora neta, evidenciando una mejora en sus balances financieros.
Gobierno: menor ahorro y mayor presión fiscal
El Gobierno general continuó mostrando un deterioro en sus cuentas. Su tasa de ahorro cayó a 0,9% del PIB, mientras que su déficit -o necesidad de financiamiento- se ubicó en 2,5% del PIB, levemente por sobre el año previo.
El menor desempeño se explicó por una caída en los ingresos fiscales, especialmente en la recaudación de impuestos, junto con mayores transferencias sociales. Aunque el gasto de capital se mantuvo estable, no fue suficiente para compensar la menor generación de ahorro.
Este déficit se financió principalmente mediante emisión de deuda, lo que llevó a que el stock de deuda pública subiera a 40,3% del PIB, un punto porcentual más que en 2024. Asimismo, la posición deudora neta del gobierno se deterioró, alcanzando 16,5% del PIB.
Sector financiero: menor capacidad de financiamiento
Las sociedades financieras también mostraron un debilitamiento. Su tasa de ahorro cayó a 1,7% del PIB y su capacidad de financiamiento se redujo a 1,2% del PIB .
En el caso de los bancos, la menor generación de excedentes se vinculó a una contracción en los flujos de préstamos y a cambios en las condiciones de liquidez tras el término de programas como la FCIC. Aun así, el sistema mantuvo una capacidad positiva de financiamiento.
En contraste, el Banco Central logró equilibrar su posición, cerrando el año con una capacidad de financiamiento nula (0,0% del PIB), tras haber registrado déficit el año anterior.
En tanto, los fondos de pensiones incrementaron levemente su inversión -hasta 3,2% del PIB- y elevaron su patrimonio a 68,2% del PIB, con un mayor peso de activos en renta variable, tanto local como externa.