La inflación de marzo ya comenzó a traspasarse con fuerza a los bolsillos.
Hoy, la Unidad de Fomento (UF) superó por primera vez en la historia la barrera de los $40.000, en medio del reciente ciclo de reajustes gatillado por el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El hito se explica por el alza de 1% que registró el IPC el mes pasado, impulsado en buena medida por el encarecimiento de las bencinas. Ese dato activó el mecanismo de ajuste de la UF, que se recalcula diariamente en función de la inflación, elevando progresivamente su valor durante abril.
Como resultado, la unidad acumula un incremento mensual de $158,89 alcanzando hoy un valor de $40.000,61. Se trata de un nivel inédito para este indicador, clave en la economía chilena por su amplia utilización en contratos y pagos indexados.
El impacto no es menor. La UF está presente en una serie de compromisos financieros de los hogares, como los dividendos de créditos hipotecarios, aranceles universitarios y planes de salud, por lo que su avance se traduce directamente en mayores costos para las familias.
A esto se suman efectos indirectos. El alza de la UF también presiona la estructura de costos de empresas y servicios, lo que puede derivar en aumentos de precios finales y, con ello, en un encarecimiento del gasto cotidiano.
El funcionamiento de este instrumento responde a un mecanismo establecido: su valor se ajusta día a día entre el 10 de un mes y el 9 del siguiente, tomando como base la variación del IPC del mes previo, indicador que es calculado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Así, cada registro inflacionario tiene un efecto prácticamente inmediato en su evolución.
Un instrumento creado para enfrentar la inflación
La Unidad de Fomento fue implementada el 20 de enero de 1967, durante el gobierno del expresidente Eduardo Frei Montalva, en un contexto de alta inflación en Chile, donde las tasas anuales podían superar el 20% o incluso el 30%.
Su objetivo inicial fue proteger el valor de los ahorros y préstamos, especialmente en contratos de largo plazo, reduciendo la incertidumbre que generaba la inflación para la inversión y el crecimiento económico.
Con el paso del tiempo, su funcionamiento fue evolucionando. En 1975, tras el cambio del escudo al peso, su reajuste pasó de ser trimestral a mensual, reflejando la necesidad de ajustes más frecuentes. Luego, en 1990, el Banco Central asumió la responsabilidad de determinar su valor diario.
Desde entonces, su uso se ha expandido más allá del mercado hipotecario, consolidándose como uno de los principales indicadores de indexación en la economía chilena, según datos de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF).