A partir del próximo 26 de abril comenzará a regir una nueva etapa de la Ley 21.561, que reduce la jornada laboral semanal desde 44 a 42 horas. La medida, que forma parte de un proceso gradual, obligará a las empresas a reorganizar sus operaciones en un escenario donde mantener la productividad aparece como uno de los principales desafíos.
El cambio se da en un contexto en que gran parte de las organizaciones aún no ha completado su proceso de adaptación. Según un estudio publicado por Workera en marzo pasado, firma especializada en registro de asistencia, solo un 13% de las empresas ya opera con jornadas entre 40 y 42 horas semanales, mientras que más del 67% de los turnos de jornada completa se mantiene entre 42 y 45 horas. Incluso, un 13% supera ese umbral, exponiéndose a sanciones que pueden llegar hasta 60 UTM por trabajador.
Para Francisco Díaz, Country Manager de Workera, “los desafíos principales siguen siendo la reorganización de turnos y contar con registros confiables que permitan demostrar el cumplimiento normativo frente a las fiscalizaciones anuales que realiza la Dirección del Trabajo”.
En este escenario, la discusión no solo pasa por cumplir la normativa, sino por cómo sostener los niveles de desempeño en menos tiempo. Juan Andrés Perry, socio de Consultoría en Personas de EY, advierte que el equilibrio será clave. “Los principales desafíos que las empresas deben enfrentar (…) se encuentran en el necesario equilibrio que deben procurar entre productividad y modelo operativo, cumplimiento de la normativa vigente, y adaptabilidad en la regulación de sus condiciones de trabajo”, afirma.
Asimismo, el experto enfatiza la necesidad de abordar estos cambios de forma estratégica. “Es importante que las empresas busquen la forma de acordar e implementar estos cambios de la forma más favorable, tanto para su funcionamiento como para sus integrantes”, señala.
Recomendaciones para mantener la productividad
Frente a este nuevo marco, expertos concuerdan en que la reorganización del trabajo será determinante. “Esta nueva etapa de la Ley 21.561 que se inicia este 26 de abril, y que implica pasar de 44 a 42 horas de trabajo a la semana, comprende un importante desafío en materia de productividad. Este factor cumple un rol fundamental en el ámbito laboral, ya que influye directamente en la capacidad de las organizaciones para crecer, innovar y mantenerse competitivas”, manifiesta Francisco González, gerente general de Vertical Hunter.
A ello se suma la necesidad de simplificar procesos, identificando ineficiencias, eliminando tareas innecesarias y optimizando flujos de trabajo para mejorar el desempeño operacional. También se releva la importancia de ordenar la jornada laboral, a través de una planificación adecuada del día, la reducción de interrupciones y la optimización del tiempo destinado a reuniones.
Así, desde la firma entregan las siguientes recomendaciones:
1. Proteger el bienestar de los colaboradores. Los equipos que descansan adecuadamente, son valorados por las jefaturas y trabajan en un buen ambiente laboral rinden mejor en el tiempo. Es decir, el bienestar representa un elemento crucial para mantener la productividad a lo largo de los años.
2. Simplificar y mejorar los procesos. Esto se traduce en identificar ineficiencias, eliminar pasos innecesarios y optimizar flujos de trabajo, todo lo cual contribuye a disminuir tiempos y elevar el desempeño operacional.
3. Ordenar la jornada de trabajo. Planificar el día, limitar interrupciones y acotar la duración de reuniones, por ejemplo, contribuye a un uso más eficiente del tiempo.
4. Focalizar los esfuerzos en lo fundamental. Esto implica distinguir entre lo urgente y lo importante, lo que facilita concentrar la energía en tareas que realmente aportan valor, evitando la dispersión y el desgaste innecesario.
5. Impulsar la colaboración. Contar con equipos alineados, con objetivos claros y buena comunicación, se traduce en un trabajo más coordinado, lo que reduce las equivocaciones.
6. Incorporar herramientas tecnológicas. La digitalización y automatización de funciones repetitivas facilitan el trabajo diario, lo que libera espacio para labores de mayor impacto y relevancia.
González expresa que la reducción de la jornada de trabajo no debe verse como una limitación o amenaza, sino como una oportunidad para modernizar la forma de trabajar. “Adaptarse con éxito a esta nueva fase demandará compromiso, innovación y una gestión más consciente del tiempo y las personas”, puntualiza.