Con el paso de los años, los contextos laborales han ido cambiando en Chile y el mundo. Una fuerte transformación digital de la mano de la Inteligencia Artificial, nuevas regulaciones y mayores exigencias se han posicionado en las empresas, generando mayores presiones tanto para los trabajadores como para las jefaturas.
Esta tendencia se desarrolla en un escenario donde el estrés laboral sigue mostrando cifras relevantes en Chile. Según el Reporte Burnout Laboral 2025 de Buk, un 12% de los trabajadores del país declara experimentar agotamiento crónico de manera frecuente.
A esa investigación se suma un estudio de Laborum que reveló que el 89% de las personas afirma sentir estrés o agotamiento laboral, reflejando que el desgaste emocional se ha transformado en un desafío transversal para las organizaciones.
Estos números no solo reflejan la realidad de los trabajadores. Los líderes también enfrentan situaciones complejas y, según los expertos, los jefes pueden tener presiones adicionales.
Además de responder por resultados, deben gestionar equipos, resolver conflictos, acompañar procesos de cambio y, cada vez más, adaptarse a nuevas tecnologías como la inteligencia artificial.
“Los cargos de liderazgo están mostrando mayores niveles de agotamiento porque hoy operan como 'bisagra' en un sistema de trabajo más rápido, más digital y más ambiguo, absorbiendo simultáneamente presión por resultados, demanda emocional del equipo y cambios permanentes”, explica Nicolás Herrera, Chief Product Officer de MentorU (startup que utiliza simulaciones laborales e inteligencia artificial para entrenar equipos comerciales y acelerar su productividad).
El ejecutivo sostiene que el problema no responde solo a una mayor carga de trabajo, sino también a la forma en que esta se desarrolla. “El 68% de las personas dice que lucha con el ritmo y volumen de trabajo y el 46% declara sentirse burned out, mientras que las señales de productividad muestran una deuda digital sostenida, con reuniones y trabajo fuera de horario en niveles altos”, afirma.
Roberto Maldonado, ingeniero en Marketing Digital y que trabaja con un equipo asesorando a empresas, complementa que “hoy muchos líderes pasan gran parte de su jornada coordinando, respondiendo mensajes, participando en reuniones y gestionando urgencias. Eso reduce el tiempo disponible para tareas estratégicas y termina generando una carga cognitiva permanente que, sostenida en el tiempo, favorece el agotamiento”.
El efecto sobre los equipos
El desgaste de las jefaturas no solo afecta a quienes ocupan esos cargos. Distintos estudios muestran que el estado emocional de los líderes tiene un impacto directo en el clima laboral, la motivación y el desempeño de los equipos.
En ese sentido, Nicolás Herrera explica que “el estrés de los jefes impacta el clima y el desempeño porque el manager es un amplificador (…) Cuando el liderazgo se deteriora, se resienten resultados como la retención y el desempeño organizacional”.
Según el especialista, cuando un líder se encuentra sobrepasado aumentan los riesgos de que disminuya la seguridad psicológica dentro de los equipos, aparezcan mayores niveles de estrés y se reduzca la productividad. “Cuando el jefe no puede ordenar prioridades y proteger el foco, el equipo entra en sobrecomunicación y baja ejecución”, agrega.
La situación, además, se vuelve crítica en momentos en que las empresas enfrentan transformaciones aceleradas. La incorporación de nuevas tecnologías, los cambios organizacionales y la necesidad de mantener altos niveles de competitividad han aumentado las exigencias sobre quienes tienen responsabilidades de conducción.
En ese contexto, Maldonado complementa que “lo que estamos viendo es que muchos jefes enfrentan una presión constante desde distintos frentes. Deben responder a la organización, acompañar a sus equipos y adaptarse a cambios cada vez más rápidos. Cuando esa dinámica se mantiene durante largos períodos sin los apoyos adecuados, el riesgo de agotamiento aumenta e impacta en los equipos”.
Cómo prevenir el desgaste
Frente a este escenario, los especialistas destacan que la solución no pasa solo por fortalecer la resiliencia individual de los líderes, sino por abordar las causas estructurales del estrés laboral.
“Prevenir el desgaste en cargos de liderazgo requiere priorizar intervenciones sobre las causas del estrés laboral crónico, no solo más resiliencia (…) La prevención más efectiva combina cambios organizacionales, mejoras en las prácticas de gestión, recursos adecuados y un mejor diseño del trabajo”, plantea Herrera.
Entre las medidas que han mostrado mejores resultados se encuentran el respeto por los tiempos de descanso, la reducción de reuniones innecesarias, la promoción de entornos con mayor seguridad psicológica y programas de acompañamiento como coaching ejecutivo para líderes.
“Cuidar a los líderes no es solo una cuestión de bienestar. Cuando las jefaturas cuentan con mejores condiciones para gestionar su trabajo, también mejoran la toma de decisiones, la capacidad de acompañar a los equipos y los resultados de la organización en su conjunto”, sentencia Maldonado.