La agricultura chilena atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años.
Lo que hasta hace poco eran historias de éxito para el sector hoy muestran señales de agotamiento, con algunos productores enfrentando menores retornos, mayores costos y crecientes dudas sobre la viabilidad de determinados negocios.
Las cifras dan cuenta de ese escenario. Según el Banco Central, durante el primer trimestre de 2026 las exportaciones chilenas crecieron 14,7%, impulsadas por la minería y los productos industriales.
En contraste, los envíos agropecuarios retrocedieron 9,8%, arrastrados principalmente por una caída en las exportaciones de frutas frescas, especialmente cerezas.
Pero detrás de los números hay señales más profundas. La decisión de Hortifrut -el mayor productor de berries del mundo- de salir del negocio de las cerezas y transferir sus huertos a uno de sus socios encendió las alarmas sobre el futuro de una industria que durante la última década protagonizó una expansión sin precedentes. El deterioro de los retornos ha llevado a muchos productores a cuestionar la rentabilidad futura del cultivo.
Al mismo tiempo, otro símbolo de la agricultura chilena llegó a su fin. Tras siete décadas de historia, la remolacha dejó de tener comprador luego de que Iansa decidiera no adquirir producción para la próxima temporada, dejando en la incertidumbre a cerca de 240 agricultores y afectando miles de hectáreas productivas en el Maule.
En este contexto, los principales gremios del sector reconocen que 2026 ha sido un año particularmente desafiante. La caída de algunos mercados, el aumento de costos, la pérdida de competitividad y la amenaza de un fenómeno climático de gran intensidad configuran un escenario complejo.
Las exportaciones agropecuarias pierden fuerza
Para el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, las cifras de exportaciones agrícolas son consistentes con una desaceleración que comenzó a evidenciarse tras el buen desempeño de años anteriores.
"El primer trimestre de 2026 la actividad agrícola muestra señales de desaceleración y nos preocupa esa tendencia"
Antonio Walker, presidente de la SNA
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Venimos de un 2024 muy positivo para la agricultura y de un 2025 que, si bien mostró crecimiento sectorial, fue bastante más complejo desde el punto de vista de los negocios, con resultados muy heterogéneos entre rubros y márgenes más presionados
. El primer trimestre de 2026 la actividad agrícola muestra señales de desaceleración y nos preocupa esa tendencia", comentó a
Emol.
El dirigente agregó que el desempeño del sector es dispar. "Ha sido un año muy desafiante y heterogéneo: sectores como frutos secos, carne y leche mantienen un buen desempeño, mientras algunas frutas, vinos, cultivos tradicionales, remolacha y el sector forestal enfrentan mayores dificultades".
Las cerezas dejan de ser un negocio seguro
Durante años, las cerezas fueron el gran fenómeno exportador de la agricultura chilena. Sin embargo, la última temporada dejó en evidencia las vulnerabilidades de una industria que concentró gran parte de su crecimiento en el mercado chino.
Según el Comité de Cerezas de Frutas de Chile, el país exportó 113,8 millones de cajas de cerezas durante la temporada 2025-2026 y cerca del 87% tuvo como destino China. Pero el fuerte incremento de la oferta terminó golpeando los retornos de los productores.
Si hace apenas dos temporadas el precio promedio pagado al agricultor rondaba los US$4 por kilo, durante la última campaña se ubicó entre US$1,8 y US$2.
La situación comenzó a generar movimientos dentro de la industria. La semana pasada, Hortifrut anunció su salida del negocio cerecero y traspasó sus campos plantados a la familia Moller, uno de sus socios históricos.
Aunque desde Frutas de Chile llaman a analizar el desempeño bajo una lógica de temporada y no de año calendario, reconocen que la cereza enfrentó uno de sus ejercicios más exigentes.
"En cerezas tuvimos una temporada exigente, lo que refuerza la importancia de seguir trabajando en competitividad, calidad y diversificación de mercados"
Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile
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En cerezas tuvimos una temporada exigente, lo que refuerza la importancia de seguir trabajando en competitividad, calidad y diversificación de mercados", sostuvo a Emol el presidente del gremio,
Iván Marambio.
Para Walker, la experiencia dejó una enseñanza para toda la industria. "El caso de la cereza mostró que no basta con crecer en volumen: tenemos que seguir fortaleciendo calidad, coordinación, reputación internacional y diversificación de mercados".
El fin de la remolacha
Si la crisis de las cerezas abrió dudas sobre la sostenibilidad de uno de los negocios más dinámicos del agro, el cierre de la actividad remolachera representa el golpe más duro para un cultivo tradicional.
La decisión de Iansa de dejar de comprar remolacha para la próxima temporada puso fin a una actividad con más de 70 años de historia en Chile. La medida dejó a cerca de 240 productores sin comprador y obligará a buscar alternativas para miles de hectáreas agrícolas.
La situación afecta particularmente al Maule, donde cerca de 2.500 hectáreas de riego de alto rendimiento, ubicadas principalmente entre Linares y San Javier, estuvieron históricamente ligadas a este cultivo.
Walker considera que el problema trasciende a la remolacha y refleja dificultades estructurales de competitividad. "Al mismo tiempo, la situación de la remolacha evidencia una discusión más profunda sobre competitividad de algunos rubros tradicionales", acotó.
A ello se suma una combinación de mayores costos y menores precios internacionales. "El alto precio del petróleo y de los fertilizantes, combinados con bajos precios para granos, vinos y otros son una mezcla complicada".
Entre la competitividad y el clima
Pese al complejo escenario, tanto la SNA como Frutas de Chile coinciden en que el desafío de fondo es recuperar competitividad y adaptarse a un contexto internacional más exigente. "El foco hoy está en recuperar competitividad y adaptarnos para retomar la senda de crecimiento", afirma Walker.
Sin embargo, a los desafíos económicos se suma un nuevo factor de incertidumbre: la posible llegada de un fenómeno de "Súper Niño", que podría traer lluvias intensas tras meses de déficit hídrico.
"Para la agricultura eso tiene una doble lectura: una mayor disponibilidad de agua, que es una bendición después de años de estrechez hídrica; pero también efectos dañinos como inundaciones, perdida de suelos ribereños, anegamiento de caminos, aluviones y otros", advirtió el dirigente.
Desde Frutas de Chile, en tanto, sostienen que la seguridad hídrica seguirá siendo una condición clave para sostener el desarrollo del sector exportador durante los próximos años.
"Hasta ahora no hemos visto impactos directos del clima en la fruta, pero sí estamos preocupados por la falta de agua. Este año las lluvias no nos han acompañado y eso se suma a un problema estructural como la falta de infraestructura hídrica", finalizó Marambio.