El Banco Central pondrá manos a la obra este año en una de las tareas regulatorias más esperadas por la industria fintech local: la normativa para las stablecoins. Así lo señaló el vicepresidente del instituto emisor, Alberto Naudon, durante su presentación hoy en un seminario por FinteChile.
La presentación de Naudon se centró en dos ejes de la agenda regulatoria del Banco Central: las stablecoins y los pagos inmediatos en el comercio. "Vamos a proponer normas durante la segunda parte del año", dijo, aunque aclaró que no anticiparía el contenido de esas decisiones. "Mi interés es destacar ciertos aspectos que me parecen particularmente importantes", explicó.
En términos simples, una stablecoin es un token digital que un emisor promete mantener siempre al mismo valor de una moneda de referencia, normalmente el dólar. Para sostener esa promesa, el emisor respalda cada token con activos líquidos y seguros, en una proporción de uno a uno. Es, en la práctica, un mecanismo parecido al de una tarjeta de prepago o un saldo bancario, pero que circula en blockchain y puede transferirse entre plataformas sin que el emisor intervenga en cada operación.
Naudon se ha referido a este instrumento en más de una ocasión. El pasado 8 de junio, en una columna publicada en el blog del Banco Central, planteó que las stablecoins no son una categoría económica nueva, sino un "envoltorio" tecnológico para funciones que la banca y la regulación financiera ya conocen bien. Sostener una stablecoin, escribió entonces, se parece mucho más a mantener un saldo en una cuenta bancaria o en una tarjeta de prepago que a poseer una criptomoneda como Bitcoin.
Hoy, en el seminario de FinteChile, Naudon llevó la discusión a un terreno más jurídico. "Las stablecoins son especialmente interesantes de analizar porque muestran la distancia que puede existir entre una descripción económica y su traducción jurídica", planteó.
"Económicamente, la idea es simple: una entidad emite un token, mantiene reservas y promete que ese token conservará un valor estable respecto de una moneda, normalmente el dólar. Pero al llevar esa descripción al derecho aparecen brechas considerables", afirmó.
De ahí se desprenden, según el vicepresidente, tres preguntas relevantes. La primera es qué define realmente al instrumento: "¿Es la tecnología que utiliza? ¿El activo que lo respalda? ¿O la promesa que el emisor hace al tenedor?". Para Naudon, "el centro de la discusión debe estar en la función que cumplen, más que en la tecnología", aunque reconoció que se trata de un tema debatido en el mundo.
La segunda pregunta apunta a los derechos del tenedor. "El inversionista de un fondo es propietario de una participación cuyo valor depende de los activos de la cartera; si la cartera pierde valor, la participación también", comparó. "El tenedor de una stablecoin espera algo distinto: un monto fijo, sin participar del rendimiento de las reservas ni absorber sus pérdidas normales." Y advirtió que decir que la stablecoin es un pasivo del emisor "puede bastar para un modelo económico; no basta para el derecho": hay que definir "quién es exactamente el acreedor —¿la persona que controla la llave?, ¿el custodio que aparece en el registro?—" y cómo adquiere ese derecho alguien que recibió el token después de varias transferencias.
La tercera pregunta es qué significa realmente la redención a la par. Naudon distinguió tres planos: la obligación jurídica del emisor de entregar un peso por token, la capacidad efectiva del tenedor de ejercer ese derecho "con acceso al emisor, un proceso suficientemente rápido y un costo que no vuelva irrelevante la promesa", y que el token se negocie siempre a la par en el mercado. ¿Su conclusión? "La ley puede crear un derecho a la par. No puede decretar por sí sola un precio de mercado a la par".
impacto acotado en el corto plazo
Pese a la relevancia del debate regulatorio, Naudon indicó que no espera un rol protagónico de las stablecoins en los pagos domésticos chileno en el corto plazo, dado que "compiten con un sistema local que ya es digital y ampliamente utilizado". Su propuesta de valor, planteó, "probablemente aparezca primero en pagos transfronterizos y remesas, donde las stablecoins globales han ido adquiriendo un rol más relevante".
El vicepresidente también marcó una distinción relevante para el diseño regulatorio, entre los emisores locales —"donde las autoridades chilenas pueden establecer condiciones de organización, reservas y supervisión"— y las stablecoins globales que llegan a usuarios locales sin presencia regulada en el país, "lo que limita el alcance de una regulación exclusivamente nacional".
Pagos al comercio: el otro frente
El segundo eje de la presentación de Naudon fue el desarrollo de los pagos inmediatos en el comercio. "Las tarjetas resuelven bien el pago en comercio, las transferencias resuelven bien el movimiento de dinero entre personas. Lo que todavía no se ha desarrollado con la misma fuerza es el pago directo desde una cuenta a un comercio".
Chile cuenta con transferencias interbancarias de disponibilidad inmediata desde 2008, recordó el vicepresidente del Banco Central, pero "una infraestructura capaz de mover dinero con rapidez no se convierte automáticamente en un buen medio de pago en el comercio". Mientras para pagar con tarjeta "basta con acercarla a un terminal", transferir "todavía exige ingresar RUT, banco, tipo y número de cuenta, verificar los datos y enviar un comprobante".
"Eliminar pasos innecesarios es deseable; eliminar controles necesarios no lo es".
Alberto Naudon
Naudon identificó tres tensiones —"trade-offs", en sus palabras— que el Banco Central deberá resolver en su propuesta normativa. La primera combina simplicidad, seguridad y protección del usuario. Según dijo, los alias y códigos QR "pueden reducir mucho la fricción", pero "cuanto más simple e inmediata es la experiencia, más importa que la validación y la prevención del fraude estén bien diseñadas".
"Eliminar pasos innecesarios es deseable; eliminar controles necesarios no lo es", subrayó.
La segunda tensión es entre estándares comunes e innovación. Es positivo que bancos, fintech, PSP e iniciadores desarrollen soluciones nuevas, señaló, "pero si cada una usa identificadores o reglas incompatibles, esa innovación puede terminar en fragmentación: el comercio tendría que integrarse con varios sistemas y el usuario necesitaría una aplicación diferente para cada pago".
La tercera es de gobernanza: alguien debe definir los estándares y resolver desacuerdos entre participantes, "función que puede recaer en el Banco Central, en una entidad neutral administrada por la industria o en una combinación de ambas". A su juicio, "la pregunta central no es quién opera cada componente tecnológico, sino quién tiene la capacidad de decidir cuando la coordinación voluntaria no produce un resultado interoperable".
El vicepresidente no anticipó que estos pagos vayan a sustituir rápidamente a las tarjetas, aunque planteó que es más probable que ganen espacio primero en segmentos como "pequeños comercios, pagos entre empresas, casos donde la liquidez inmediata importa", para luego expandirse desde ahí. "El objetivo no es escoger un ganador: es ampliar las opciones, la competencia y la resiliencia del sistema", cerró.