La historia de
Caranca comenzó en Puerto Varas con la idea de transformar un problema ambiental en una oportunidad de negocio.
Inspirada por la lluvia y el entorno del sur de Chile, la empresa combina economía circular, diseño e innovación para fabricar botas de agua utilizando materiales reciclados.
Con el paso de los años, el emprendimiento amplió su alcance y hoy desarrolla equipamiento para familias, trabajadores e industrias agrícolas y acuícolas, apostando por productos de mayor durabilidad y menor impacto ambiental.
Su lema, "No se bota, se hace bota", resume una filosofía que busca demostrar que la sostenibilidad puede ser parte del negocio y no solo un valor agregado.
En una nueva edición de Lo pensó/Lo hizo de Emol, Domi Hollemart repasa los orígenes de Caranca, los principales desafíos que enfrentó para consolidar la empresa, sus planes de expansión internacional y por qué considera que el apoyo del Estado fue clave para convertir una idea nacida en el sur de Chile en un emprendimiento con proyección global.