Finalmente, el domingo, tras 39 días, terminó el Mundial de Fútbol 2026.
Aunque en la cancha España levantó la gloriosa copa, la batalla económica del Mundial 2026 tuvo otros vencedores.
El torneo, disputado en Estados Unidos, México y Canadá, movió miles de millones de dólares y confirmó que, en el fútbol moderno, los resultados más importantes no siempre se producen dentro de la cancha.
Con 48 selecciones, 104 partidos y más de 15 millones de asistentes entre estadios y zonas de aficionados, la competición se transformó en la Copa del Mundo más grande de la historia.
También fue una de las más costosas para los espectadores y una de las más rentables para la FIFA y sus socios comerciales.
El resultado fue desigual. Mientras algunos actores multiplicaron sus ingresos, otros terminaron enfrentando precios récord, reservas inferiores a las previstas y beneficios económicos menos espectaculares de lo anunciado.
La FIFA indiscutida ganadora
El principal ganador fue la FIFA.
El organismo proyecta superar los US$15.000 millones en ingresos durante el ciclo 2023-2026, una cifra muy superior a los US$7.600 millones generados en Qatar 2022.
El dinero provino principalmente de la venta de derechos de transmisión, patrocinios, entradas, licencias comerciales, paquetes corporativos y experiencias VIP. A eso se sumó la plataforma oficial de reventa, mediante la cual la FIFA cobró una comisión de 15% tanto al comprador como al vendedor.
El organismo también recibió ingresos por la comercialización de alimentos y bebidas dentro de los estadios y por productos asociados al torneo. Incluso puso a la venta fragmentos del césped utilizado en la final entre España y Argentina, conservados en resina y acompañados de un trofeo de cristal, por US$3.000.
La magnitud del negocio llevó a Gianni Infantino a plantear la posibilidad de ampliar el Mundial de 2030 desde 48 hasta 64 selecciones. Una decisión que aumentaría los desafíos logísticos, pero también el número de partidos, audiencias, patrocinadores e ingresos.
La Televisión
Las cadenas de televisión también aparecen entre las grandes beneficiadas.
Aunque desembolsaron sumas millonarias por los derechos, la alta audiencia permitió vender espacios publicitarios por valores que oscilaron entre US$200.000 y US$300.000 por 30 segundos.
Durante los partidos de Estados Unidos en las fases decisivas, algunas tarifas habrían alcanzado los US$750.000.
Las pausas de hidratación introducidas durante los encuentros abrieron un nuevo espacio comercial. Aunque la FIFA sostuvo que se trataba de una medida destinada exclusivamente al bienestar de los jugadores, las interrupciones permitieron incorporar hasta ocho anuncios adicionales de 30 segundos por partido.
En un torneo de 104 encuentros, ese nuevo inventario publicitario pudo representar cerca de 832 espacios y generar alrededor de US$500 millones para las emisoras, dependiendo de las tarifas aplicadas.
La elevada audiencia también podría aumentar el precio de los derechos televisivos para el Mundial de 2030, cuya comercialización ya comenzó a ser promovida por la FIFA.
Apuestas
Las casas de apuestas fueron otro de los grandes ganadores. El Mundial estaba encaminado a convertirse en el evento deportivo con mayor volumen de apuestas de la historia, con una cifra estimada de US$50.000 millones.
Eso equivale a cerca de US$500 millones apostados por partido. El crecimiento estuvo impulsado por la ampliación del campeonato, el desarrollo de las apuestas deportivas en Estados Unidos y la popularidad de las jugadas en vivo, que permiten apostar mientras se disputa el encuentro.
Por su parte, el comercio de camisetas también registró cifras récord. Nike afirmó que las ventas de uniformes de selecciones nacionales fueron más del doble que durante Qatar 2022, en esta cita planetaria, la camiseta de Inglaterra encabezó sus ventas, seguida por las de Francia, Brasil, Países Bajos y Estados Unidos.
Para Adidas, el uniforme de México fue el más vendido. También aumentó la demanda por camisetas retro y diseños personalizados, impulsada por la incorporación de estas prendas a la moda urbana.
México recibió millones de visitantes
México aparece entre los anfitriones con resultados más favorables.
Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey recibieron cerca de 7,5 millones de viajes durante el torneo, superando la estimación previa de 5,5 millones.
Alrededor de 3 millones correspondieron a visitantes extranjeros y el gasto turístico habría alcanzado los 39.700 millones de pesos mexicanos, equivalentes a unos US$2.100 millones.
La ocupación hotelera promedio llegó al 65% en las tres ciudades, un aumento aproximado de 12% frente al mismo período de 2025. Durante los días de partido, los niveles oscilaron entre 85% y 95%, mientras las tarifas promedio de las habitaciones subieron 51,5%.
No obstante, el impacto tuvo una limitación importante, pues, 4,5 millones de personas visitaron las ciudades, pero no pasaron la noche en ellas. Las excursiones por el día generan un gasto considerablemente menor que las estadías prolongadas.
Los hinchas
En la otra cara del negocio estuvieron los aficionados.
La FIFA aplicó por primera vez un sistema de precios dinámicos, que incrementaba automáticamente el costo de las entradas cuando aumentaba la demanda.
Los boletos oficiales para la final llegaron a ofrecerse por US$32.970, mientras algunas entradas publicadas en el mercado de reventa superaron los US$2 millones.
A ese desembolso se sumaron vuelos, hoteles, comidas y transporte. Uno de los casos más polémicos ocurrió en Nueva Jersey, donde el viaje en tren hasta el estadio aumentó inicialmente desde US$12,90 hasta US$150.
La indignación pública obligó a reducir la tarifa, aunque el precio se mantuvo por encima de su nivel habitual.
Los costos provocaron críticas incluso entre quienes valoraron positivamente la organización deportiva. La sensación entre numerosos aficionados fue que asistir a un Mundial dejó de ser una experiencia accesible y pasó a convertirse en un producto premium.
Hoteles y ciudades
Pese a la llegada masiva de visitantes, algunas ciudades anfitrionas y empresas hoteleras no consiguieron los resultados esperados.
En Estados Unidos, cerca del 80% de los operadores hoteleros señaló antes del torneo que las reservas se encontraban por debajo de sus proyecciones iniciales. En Nueva York, dos tercios de los hoteleros reportaron cifras inferiores a las estimadas, mientras en Seattle la proporción se acercó al 80%.
En Canadá, el sector hotelero de Columbia Británica también informó niveles de reservas inferiores a años anteriores, pese a los partidos disputados en Vancouver.
Los especialistas explican que los mundiales generan fuertes aumentos de demanda en fechas específicas, pero no necesariamente mantienen los hoteles llenos durante todo el campeonato. Además, parte del turismo habitual evita las ciudades sede por los precios, las aglomeraciones y los problemas de transporte.
Las autoridades habían estimado que el Mundial agregaría US$41.000 millones a la economía global, incluidos US$17.000 millones en Estados Unidos, junto con la creación de 185.000 empleos.
Sin embargo, expertos advierten que buena parte de esos trabajos son temporales y se concentran en actividades de menor remuneración, como hotelería, restaurantes y servicios. El efecto sobre la riqueza permanente de las ciudades sería bastante más acotado.