El exministro de Salud, Jaime Mañalich abordó la renuncia de Juan Pablo Rodríguez a la Subsecretaría de Hacienda, luego de que el análisis de una muestra correspondiente a un test de drogas realizado en junio arrojara un resultado positivo.
Rodríguez dejó el cargo tras permanecer 134 días en el puesto, pese a que todavía se encuentra pendiente el análisis de la contramuestra, además, el ahora exsubsecretario ha negado haber consumido drogas y sostiene que el resultado "es un error".
Es así, que a través de una carta a El Mercurio titulada
"La maldición de los falsos positivos", Mañalich explicó que los exámenes pueden arrojar resultados anormales incluso en personas sanas y enfatizó que cualquier conclusión médica debe considerar los antecedentes del paciente y la repetición de la prueba.
"La medicina se apoya en tres pilares: el hallazgo debe hacer sentido con los síntomas del paciente, la magnitud de la desviación y en la repetición del examen", señaló el exsecretario de Estado.
En ese sentido, sostuvo que "la probabilidad de que el mismo falso positivo ocurra dos veces cae al 0,25%" y planteó que los procedimientos diagnósticos deben permanecer dentro del ámbito asistencial, evitando la generación de "un mercado de test que carezca de este cuidado".
Al referirse directamente al caso del exsubsecretario de Hacienda, Mañalich afirmó que "la presunción de error es obligatoria" mientras no se cuente con una confirmación del resultado inicial.
"Se ha informado que una autoridad de gobierno debió alejarse de su puesto por un resultado positivo a drogas. La presunción de error es obligatoria. Se requiere una confirmación", manifestó.
El exministro hizo referencia a la nueva legislación que sanciona la comunicación pública de datos de esta naturaleza, cuya entrada en vigor está prevista para diciembre.
"Es prudente que desde ya este tipo de información sea privada, dándole, incluso si el dato fuera correcto, la oportunidad de rehabilitación a la persona, y no condenar a una muerte cívica", concluyó.
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Señor Director:
Cuando a una persona sana se le realiza un perfil bioquímico de 12 parámetros en simultáneo, como glucosa, urea, colesterol, transaminasas, etcétera, la mitad resultará con que al menos un resultado es falsamente anormal.
Consecuencia: si se cree que se está enfermo cuando no es correcto, se hacen nuevos exámenes o se prescriben fármacos sin necesidad. ¿Cuántos miles toman medicamentos para prevenir la gota, simplemente porque el ácido úrico resultó elevado por azar?
Los valores de referencia se construyen a partir de una población sana en una distribución normal (campana de Gauss). El rango "normal" abarca el 95% central de la población. La medicina se apoya en tres pilares: el hallazgo debe hacer sentido con los síntomas del paciente, la magnitud de la desviación y en la repetición del examen. La probabilidad de que el mismo falso positivo ocurra dos veces cae al 0,25%. Es perentorio que los procedimientos diagnósticos se mantengan en el ámbito de una relación asistencial, y no se genere un mercado de test que carezca de este cuidado.
Los falsos positivos producen consecuencias. Conocemos el perjuicio que se provocó a un destacado tenista chileno sobre el que se señaló falsamente que usó medicamentos para mejorar su rendimiento. El examen de los bancos de sangre para detectar portación del virus del Sida tiene una gran sensibilidad para prevenir transfundir un producto de riesgo; pero arroja una posibilidad importante de falsos positivos.
Se ha informado que una autoridad de gobierno debió alejarse de su puesto por un resultado positivo a drogas. La presunción de error es obligatoria. Se requiere una confirmación. Si bien parece correcta la regla de que el consumo de sustancias implica una incompatibilidad laboral, también es relevante señalar que este es un dato sensible. La nueva ley que sanciona la comunicación pública de una información de esta naturaleza entra en vigor en diciembre, por lo que es prudente que desde ya este tipo de información sea privada, dándole, incluso si el dato fuera correcto, la oportunidad de rehabilitación a la persona, y no condenar a una muerte cívica.
JAIME MAÑALICH
Exministro de Salud