La nueva sobretasa arancelaria de 12,5% que Estados Unidos comenzó a aplicar a parte de las importaciones provenientes de Chile abrió un nuevo frente de preocupación para el sector exportador.
La medida alcanza a una amplia variedad de productos agrícolas, forestales y agroindustriales que compiten directamente con otros países que enfrentarán un gravamen menor, reduciendo así la competitividad de la oferta chilena en uno de sus principales mercados.
La decisión estadounidense se originó tras una investigación realizada bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, en la que Washington concluyó que Chile no dispone de mecanismos considerados suficientes para impedir el ingreso de bienes producidos con trabajo forzoso.
Desde la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei) enfatizan que ello no constituye una acusación contra las exportaciones chilenas ni cuestiona la legislación laboral del país, sino que responde a diferencias en los modelos de fiscalización aplicados por ambas naciones.
El escenario adquiere mayor relevancia al compararlo con el tratamiento que recibieron otros socios comerciales de Estados Unidos. Mientras Chile quedó en el grupo sujeto a una tasa de 12,5%, economías competidoras como Argentina, Canadá, México, Ecuador, Guatemala, Honduras, India, Indonesia, Malasia, Reino Unido y la Unión Europea enfrentarán un arancel de 10%, diferencia que podría inclinar la balanza en industrias donde los márgenes son estrechos y el precio resulta determinante para los compradores.
En todo caso, más de la mitad de las envíos chilenos hacia Estados Unidos, medido en montos, quedaron excluidos del nuevo gravamen, entre ellas los cátodos de cobre refinado, el litio, el yodo y otros minerales estratégicos. De todas formas, gran parte de la canasta agroexportadora sí deberá asumir el incremento, afectando especialmente a regiones cuya actividad económica depende de la producción de fruta fresca, alimentos procesados y productos forestales.
Más allá del salmón y el vino
Si bien el salmón y el vino concentran gran parte de la atención pública por el peso que tienen en las exportaciones chilenas, la lista de productos alcanzados por la nueva sobretasa es considerablemente más amplia.
De acuerdo con la información entregada por la Subrei, cerca del 40% de las importaciones estadounidenses provenientes de Chile deberán pagar el nuevo arancel de 12,5%. Entre ellas aparecen productos agrícolas emblemáticos como uvas, arándanos frescos y congelados, cerezas, manzanas, limones, cítricos, duraznos, frutas congeladas, aceite de oliva, leche condensada y otros lácteos.
También figuran carnes de ave, sal, harinas de pescado, mejillones en conserva e inulina, además de manufacturas forestales como tableros de madera.
Desde la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) advirtieron que el golpe será especialmente sensible para algunos rubros cuya dependencia del mercado estadounidense es elevada. "Entre los productos agrícolas más expuestos se encuentran la uva de mesa, los arándanos, las manzanas, las peras y el vino. La situación es especialmente preocupante si consideramos que el 66% de la uva de mesa chilena tiene como destino Estados Unidos", señalaron a Emol.
A ello se suma la industria forestal. Según el gremio, productos con mayor nivel de elaboración -como molduras, perfiles, tableros MDF, contrachapados y piezas de carpintería- sí deberán asumir el nuevo gravamen, aun cuando la madera aserrada de coníferas quedó excluida por estar cubierta por otra normativa estadounidense, correspondiente a la Sección 232.
La desventaja frente a países competidores
Uno de los principales efectos del nuevo esquema arancelario no radica únicamente en el aumento de 2,5 puntos porcentuales para Chile respecto de la sobretasa previa, sino en la diferencia que se genera frente a países que compiten por los mismos compradores estadounidenses.
Argentina, Canadá y México -todos relevantes exportadores de alimentos- quedaron en el grupo que enfrentará un arancel de 10%. Chile compite directamente con Argentina en productos como el vino, mientras que la competencia más fuente con Canadá está en torno al salmón.
Chile integra el grupo sujeto al 12,5%, junto con economías como Australia, Brasil, China, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Egipto, Guyana, Hong Kong, Irak, Israel, Japón, Kazajistán, Kuwait, Libia, Marruecos, Nueva Zelanda, Nicaragua, Nigeria, Noruega, Omán, Perú, Catar, Rusia, Corea del Sur, Arabia Saudita, Singapur, Sudáfrica, Suiza, Tailandia, Bahamas, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uruguay, Venezuela y Vietnam.
¿Por qué Chile quedó con un arancel más alto?
La explicación entregada por la Subrei apunta a que la decisión estadounidense no responde a cuestionamientos sobre las condiciones laborales en Chile, sino al diseño de los mecanismos de control de importaciones.
Según la entidad, Estados Unidos exige la existencia de herramientas específicas que impidan el ingreso de bienes elaborados con trabajo forzoso o, alternativamente, que el país haya asumido compromisos en esa materia mediante un Acuerdo de Comercio Recíproco (ART). Chile, sostuvo la Subrei, hoy no cumple ninguna de esas dos condiciones.
"La resolución contempla dos alternativas para quedar afecto a una tasa de 10%: disponer de una normativa vigente y efectiva que impida la importación de bienes producidos total o parcialmente con trabajo forzoso, o haber suscrito compromisos específicos en esa materia a través de un Acuerdo de Comercio Recíproco (ART). Chile no está en ninguna de las dos situaciones, por lo que quedamos incluidos entre las economías a las que se aplicó una tasa de 12,5%", explicaron desde el organismo.
La repartición insistió además en que la resolución "no implica que exista una acusación contra Chile por importar bienes elaborados con trabajo forzoso, ni un cuestionamiento a la solidez de nuestra legislación laboral", subrayando que el país cuenta con una institucionalidad robusta y que la decisión estadounidense responde a criterios regulatorios propios.
En esa línea, la Subrei enfatizó que Chile dispone de legislación laboral, organismos de fiscalización y compromisos internacionales consolidados, incluidos convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
La diferencia, explicaron, es que Estados Unidos privilegia controles en frontera para impedir el ingreso de productos asociados al trabajo forzoso, mientras que Chile ha desarrollado su política mediante normas laborales y fiscalización interna
Los productos que quedaron protegidos
Pese al impacto sobre una parte importante de la canasta exportadora, el nuevo esquema también dejó fuera a bienes estratégicos para ambas economías. Más de la mitad de las importaciones estadounidenses desde Chile continuará sin la nueva sobretasa gracias a las excepciones definidas por Washington.
Entre los principales productos excluidos figuran los cátodos de cobre refinado, plata, yodo, carbonato e hidróxido de litio, oro no monetario, renio, nitrato de potasio, concentrados de molibdeno sin tostar, sulfato de cobre, además de kiwis, paltas, naranjas frescas y semillas.
Según la autoridad, estas exclusiones responden a que se trata de materias primas consideradas esenciales para la industria estadounidense o cuya producción doméstica resulta insuficiente para abastecer la demanda.
Desde la SNA también destacaron que algunos productos agrícolas relevantes quedaron fuera del gravamen. "Hay excepciones porque Kiwi, naranjas, y paltas no tienen ese arancel especial", señalaron desde el gremio.
La estrategia del Gobierno para revertir el escenario
Con la medida ya en vigor, el foco del Ejecutivo está puesto en reducir el universo de productos afectados. La Cancillería y la Subrei mantienen conversaciones con las autoridades estadounidenses para obtener nuevas exclusiones dentro de la oferta exportadora chilena.
El objetivo es evitar que industrias intensivas en mano de obra pierdan participación frente a competidores internacionales que ingresarán al mercado estadounidense con menores costos. Para ello, las gestiones se concentrarán en aquellos productos donde el efecto del arancel podría ser mayor por el volumen exportado o por la fuerte dependencia del mercado norteamericano.
Mientras esas negociaciones avanzan, los gremios sostienen que el nuevo escenario obliga a mirar el problema más allá de los casos emblemáticos del salmón y el vino.
A su juicio, frutas frescas, productos forestales con mayor elaboración, alimentos procesados y otros bienes agroindustriales también enfrentarán una competencia más dura frente a proveedores de países que quedaron con un arancel de 10%, reduciendo el atractivo de la oferta chilena en uno de sus principales destinos de exportación.