El acelerado crecimiento de la industria chilena del avellano europeo comenzó a mostrar algunos puntos débiles durante la última cosecha. La capacidad de procesamiento y almacenamiento disponible no está avanzando al mismo ritmo que las nuevas plantaciones y el aumento de la producción.
El problema quedó registrado en la plataforma de lobby, donde representantes de los productores solicitaron una reunión con el ministro de Agricultura, Jaime Campos, para abordar la situación de la fruta que no había sido adquirida por el principal comprador de avellanas del país, la italiana Fererro, empresa detrás de los productos Nutella, Kinder y Ferrero Rocher, y de la cual prácticamente depende el sector, algo que preocupa a los productores.
La audiencia, registrada el 11 de junio de 2026, fue solicitada por el presidente del Comité del Avellano Europeo,
Rodrigo Viñambres Guevara, y contó también con la participación de Jessica Millar, Jorge Uslar Matus y Luis Demetrio Zañartu.
En la petición se advertía que la situación podía afectar aproximadamente al 20% de la producción nacional, con un impacto especialmente importante entre pequeños y medianos agricultores. También se planteaba la necesidad de promover nuevos compradores, abrir mercados internacionales y desarrollar herramientas de apoyo público-privadas.
Sin embargo, Viñambres precisó a Emol que el volumen efectivamente afectado durante la temporada habría representado entre un 12% y un 15% de la producción nacional.
"No es el concepto que no esté comprando", aclaró el dirigente respecto de Agrichile, filial del grupo Ferrero y principal comprador de avellanas europeas en Chile. "¿Qué pasó todas las temporadas anteriores? Ferrero, a través de Agrichile, compraba todas las calidades. Siempre con un entendimiento que ellos utilizaban la calidad A y B y algo de C. Todo el resto la compraban y ellos, supongo, que la revendían", señaló.
"Hubo un momento que Ferrero dice, en la mitad de temporada, la calidad C, D y E no la compro. El contrato dice, escrito, que ellos tienen la libertad de las calidades inferiores de poder no comprarte", afirmó Viñambres.
Con el avance de la temporada aparecieron otros compradores que adquirieron parte de esos volúmenes. Entre ellos, mencionó empresas y operadores que recibieron encargos desde el extranjero. El principal problema, por tanto, no fue que toda la fruta quedara sin comercializar, explicó el dirigente. La dificultad estuvo en que una parte importante perdió calidad y debió venderse a precios considerablemente más bajos.
Lluvias y falta de secadores
Uno de los problemas detrás de la pérdida de calidad fueron las precipitaciones registradas durante la cosecha, en marzo, las cuales aumentaron la humedad de la fruta. En esas condiciones, las avellanas deben ser limpiadas y secadas rápidamente para impedir la aparición de hongos y moho.
"Lo mismo que pasa con las nueces. Tienes que procesar esa avellana porque con humedad no es guardable, se pudre. Esto es lo mismo, le entra hongo, le entra moho. Entonces, tú tienes que secarla para parar esa pudrición", explicó.
Los productores que contaban con máquinas de cosecha, instalaciones de prelimpieza, secadores y bodegas pudieron procesar rápidamente la fruta y mantenerla dentro de las categorías superiores. Los agricultores de menor tamaño, en cambio, tuvieron menos capacidad para reaccionar ante las lluvias.
"El agricultor grande tiene secado, velocidad de cosecha, capacidad de guarda. El chico no tiene toda esa capacidad", sostuvo. Según el dirigente, una planta de prelimpieza y secado puede requerir una inversión cercana a US$2.000 por hectárea. Para un proyecto de aproximadamente 60 hectáreas, la infraestructura podría costar entre US$150.000 y US$200.000.
"Si tú vas a poner un huerto hoy día de 30 hectáreas, tú necesitas una planta de prelimpieza. Una planta de prelimpieza te va a costar US$70.000 u US$80.000", indicó.
El desembolso se suma al costo de establecer el huerto. Viñambres calculó que solo las plantas pueden representar alrededor de $2,4 millones por hectárea, considerando cerca de 600 unidades a valores de entre $4.200 y $4.500 cada una. Al añadir riego, habilitación del suelo y otros trabajos, la inversión inicial puede acercarse a $10 millones por hectárea.
$10 millonespor hectárea costaría entrar al negocio de las avellanas
"El agricultor de 20 hectáreas o de 30 hectáreas compró el campo con crédito, está pagando el crédito y ahora tú vas y le dices: 'Oye, tienes que comprar secadores, tienes que comprar un sistema de limpieza'", señaló.
El efecto de la menor calidad se reflejó directamente en el precio recibido por los productores. "Una avellana de US$6 te podía bajar a US$2, a US$1,5 o a US$2,5", explicó.
Viñambres afirmó que las avellanas de calidad A y B fueron pagadas a valores cercanos a US$6 por kilo, mientras que una parte de la fruta afectada recibió entre US$1,5 y US$3 por kilo. "No es que se haya perdido, que nadie la compró. Se comercializó. Pero sí perdiste la posibilidad de venderla al valor nominal real", puntualizó.
Considerando un volumen aproximado de 14 millones de kilos y una diferencia cercana a US$3,5 por kilo, el dirigente estimó que los productores habrían dejado de percibir alrededor de US$50 millones durante la temporada.
"Si hubiese sido calidad A y B, estarían pagados promedio US$6, y te pagaron promedio US$2 o US$2,5. Está hablando que dejaste de ganar casi US$50 millones", afirmó.
El boom
El episodio ocurre en momentos en que el avellano europeo se consolida como una de las especies frutícolas de mayor expansión en Chile. De acuerdo con datos de Odepa, la superficie nacional catastrada alcanzó las 49.264 hectáreas en 2024, duplicando el área existente en 2020. Durante los últimos cinco años catastrados, la superficie aumentó a una tasa promedio anual de 15,1%, la más alta entre las distintas especies frutícolas.
La producción se concentra principalmente en el centro-sur del país. La Región del Maule reúne el 44% de la superficie, seguida por La Araucanía con un 20%, Ñuble con un 18% y Biobío con un 10%.
La superficie podría aumentar nuevamente con los catastros realizados durante 2026. Además, el volumen producido seguirá creciendo durante los próximos años, debido a que solo 11.100 hectáreas se encuentran actualmente en plena producción, mientras otras 33.500 hectáreas todavía atraviesan una etapa productiva creciente.
"Chile se está plantando a razón de 5.000 hectáreas al año", sostuvo Viñambres.
El país cuenta con más de 700 productores de avellano europeo. Aproximadamente 200 tienen menos de diez hectáreas y cerca de 100 poseen superficies superiores a 100 hectáreas, según Odepa.
"Chile se está plantando a razón de 5.000 hectáreas al año".
Rodrigo Viñambres
La temporada 2025/2026 cerró con exportaciones por US$563 millones FOB. En volumen, se enviaron al exterior 46.300 toneladas de avellanas sin cáscara y 15.700 toneladas con cáscara, cifras que más que duplicaron los resultados de la temporada anterior.
Entre abril y junio de 2026, las exportaciones de avellanas alcanzaron los US$122,8 millones, un 7,3% menos que en igual periodo de la temporada anterior.
La propuesta al Gobierno
Viñambres explicó que el objetivo de la reunión con el Ministerio de Agricultura fue comenzar a trabajar en una solución estructural antes de que el crecimiento de la industria profundice las dificultades observadas durante esta temporada.
"¿Cómo podemos manejar privados y Gobierno este sistema? Poner una planta de proceso pública. Era, en rigor, cómo nos sentamos y generamos una mesa de trabajo donde esté el poder comprador o los poderes compradores, los agricultores y las entidades públicas. Ese fue el tenor de la reunión", señaló.
"¿Van a haber créditos con aval del Estado? ¿Qué facilidades van a haber para ese agricultor?", cuestionó el representante del sector.
A juicio del dirigente, el país también debe reducir su dependencia de Agrichile (Ferrero), grupo que, según sus estimaciones, maneja entre el 25% y el 30% de la fruta a nivel mundial. "No podemos depender solamente del poder comprador que es Agrichile. Tenemos que hacernos cargo como país de buscarnos un mercado", afirmó.
"Eso no es culpa de Ferrero. Es culpa de nosotros, los agricultores, que tenemos que estar preparados para la contingencia climática", reconoció.
"No podemos depender solamente del poder comprador que es Agrichile (Ferrero). Tenemos que hacernos cargo como país de buscarnos un mercado".
Rodrigo Viñambres
El problema de fondo, sostuvo, es que la superficie plantada y la producción están creciendo con mayor rapidez que la infraestructura necesaria para procesar la cosecha."¿Qué va a pasar? Lo mismo que ha pasado en Europa y en Estados Unidos: se van a generar cooperativas", anticipó.
"Nuestra preocupación es que no nos pille desvalidos", concluyó.