Las características que marcaron los operativos de rescate de los niños atrapados en Tailandia

Confianza en las labores, habilidades para sobrevivir y un resguardo exhaustivo de la información, son parte de las claves del suceso que mantuvo encerrados por 18 días a 12 menores y a su entrenador en una cueva.

10 de Julio de 2018 | 11:29 | Redactado por Valentina Salvo U., Emol
AFP
SANTIAGO.- Los 13 afuera y a salvo. Ese fue el último balance que brindaron este martes las autoridades de Tailandia respecto de los niños y el entrenador que quedaron atrapados al interior de una cueva en el norte del país, luego de que una tormenta inundara el acceso y les impidiera salir.

Todo comenzó el 23 de junio pasado, cuando los 12 adolescentes pertenecientes al equipo de fútbol "Jabalíes Salvajes" y el asistente técnico de 25 años, ingresaron a las cuevas por una razón aún no esclarecida.

Pasaron 17 días para que el último de ellos lograra salir gracias a un operativo que duró casi 72 horas. Un periodo marcado por la confianza, habilidades para mantenerse a salvo y un estricto régimen de secreto que ha dejado más de una interrogante en el aire.

Confianza y apoyo

Uno de los aspectos que llamó especialmente la atención de la comunidad internacional que permanecía atenta a lo que ocurría en las cuevas de Tham Luang, fue la confianza de las familias y la sociedad tailandesa en los involucrados en el rescate.

Cerca de 18 buzos especializados tanto de la Marina de Tailandia como de distintas nacionalidades, además de otras decenas de funcionarios de diversos organismos, acudieron hasta las cuevas para ayudar, primero, en el hallazgo de los menores y luego en su salida.
Todos ellos contaron en todo momento con el respaldo de los padres, instalados en un campamento a las afueras de la cueva, que incluso evitaron hacer preguntas sobre el procedimiento con el fin de no obstaculizar las labores. Aún más, cuando un crudo evento azotó los ánimos en la zona y daba cuenta de la dificultad del procedimiento: el fallecimiento de un buzo tailandés al interior de la gruta.

Pero además, esta confianza también fue traspasada hasta el mismo entrenador que se encontraba a cargo de los menores y que quedó atrapado junto a ellos. Contrario a lo que se podría esperar, la reacción de los familiares con Ekapol Chanthawong fue de apoyo en vez de reproche. "Si Ekapol no hubiera ido con ellos, ¿qué le habría pasado a mi hijo?", dijo la madre de uno de los menores atrapados a la televisión tailandesa. "Cuando salga, tendremos que ayudarlo a sanar su corazón. Querido Ek, yo nunca te culparía", agregó.

Fortaleza al interior de la cueva

De la misma manera, otro de los factores que han destacado del operativo es la fortaleza de los niños para soportar las duras condiciones en las que se vieron enfrentados y las habilidades de Chanthawong a la hora de mantenerlos a salvo.

Pese a que habían perdido peso, los buzos británicos que hallaron al grupo diez días tras su desaparición destacaron su buen estado en general. "Son muy fuertes", se escucha decir a uno de ellos en un video de ese primer encuentro.

Se sabe que los adolescentes llevaban algo de comida, pero se estima que uno de sus principales desafíos fue el racionarla. La tarea la habría llevado con especial éxito el entrenador, quien por 20 años vivió en un monasterio para formarse como monje budista. Según trascendió, el joven dividió los alimentos y cedió la mayoría a los adolescentes, además de enseñarles a meditar para que conservaran su energía al máximo.

"Estoy bien, no se preocupen por mí", fue la frase que se repitió en las cartas que los propios niños enviaron a sus familiares una vez hecho el contacto con los equipos de rescate y que revelaba su buen estado anímico. De hecho, uno de los grandes alivios es que los adolescentes se encuentran en buenas condiciones de salud y que solo algunos cuentan con infecciones pulmonares provocadas por la inhalación de gases propios de la gruta.

Restricción de información e incógnitas

Pero además, entre las características que marcaron el operativo está la estricta regla impuesta por las autoridades tailandesas, que prohibió la publicación o filtración de imágenes e información. La medida limitaba el uso de celulares a los funcionarios y amenazaba con severas sanciones a quien violara la normativa; se impidió el uso de drones en la zona y la presencia de prensa en las cercanías de la cueva.

Esta política de resguardo exhaustivo de la información generó que se desconozcan muchos de los detalles en torno al operativo de evacuación. Durante los rescates, se mantuvo en secreto la identidad de los niños que estaban siendo sacados, incluso para los padres. Ello, según se argumentó, para evitar que algunos de los progenitores celebraran mientras otros aún se mantenían en vilo.

Pero una de las principales interrogantes que aún quedan en el aire tiene que ver con lo ocurrido ese 23 de junio. Que entraron para refugiarse de la lluvia, que se encontraban explorando o que estaban preparando una fiesta de cumpleaños sorpresa para uno de los niños. La verdad es que la razón que llevó a los menores a ingresar a la gruta es todavía una incógnita y lo esgrimido no son más que hipótesis.

Lo que sí se sabe es que hoy, tras más de dos semanas de encierro, los 12 niños y su entrenador se encuentran fuera de la cueva, relativamente sanos y por sobre todo, a salvo.
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