Cómo es el búnker de la Casa Blanca al que llevaron a Donald Trump durante las protestas en EE.UU.

Como precaución, el Mandatario norteamericano estuvo unas horas en el refugio que se encuentra debajo de la sede del Gobierno, el cual fue creado para ser utilizado en caso de emergencia.

02 de Junio de 2020 | 08:00 | La Nación, GDA
Reuters
El viernes por la noche, ante el caos originado a raíz de la multitudinaria protesta frente a la Casa Blanca por el asesinato del afroamericano George Floyd la semana pasada en manos de la Policía, los agentes del Servicio Secreto llevaron al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a un búnker subterráneo .

La noticia, que fue difundida el lunes por el New York Times , señala que Trump, Melania y el hijo de ambos, Barron (de 14 años), pasaron un tiempo no muy extenso en el búnker, diseñado para su uso en emergencias como ataques terroristas .

Si bien son varios los búnkers dispuestos cerca de la Casa Blanca para alojar al Presidente y sus funcionarios, en este caso, Trump habría sido resguardado en el que se encuentra debajo de los cimientos del edificio del gobierno en Washington.

Gran parte de esa infraestructura, que se encuentra en el ala oeste debajo de Pennsylvania Avenue, se construyó cerca de la década del 50, entre 1948 y 1952, cuando la Casa Blanca sufrió una reconstrucción bajo la Administración Truman. Para poder refugiar al presidente en caso de un atentado, se había realizado una instalación secreta y subterránea que se conoce como el Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial (PEOC, en sus siglas en inglés).

Hace 20 años esa instalación aún era muy básica y se pudo ver de manera pública gracias a unas fotos tomadas el fatídico 11 de septiembre de 2001, día del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono, que fueron publicadas recién en 2015 .

En las imágenes se ve al vicepresidente de George Bush, Dick Cheney, y a todo el gabinete de Gobierno alrededor de una gran mesa en una sala con pantallas empotradas en sus paredes y una luz cenital que ilumina todo el espacio de trabajo.

Durante y después de los ataques del 11 de septiembre, los funcionarios, la primera dama Laura Bush y, finalmente, el Presidente Bush, se refugiaron en el búnker . Ese lugar es descrito en la autobiografía de Laura Bush, "Spoken from the heart":

"Fui empujada hacia adentro y abajo, tras un par de grandes puertas de acero que se cerraron detrás de mí con un fuerte silbido, como un sello hermético. Estaba en uno de los pasillos subterráneos sin terminar, debajo de la Casa Blanca, en dirección al PEOC, el Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial, construido para el presidente Franklin Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial. Caminamos por viejos pisos de baldosas con tuberías colgando del techo y todo tipo de equipos tecnológicos.

Me llevaron a la sala de conferencias adyacente al centro neurálgico del PEOC. Es una habitación pequeña con una mesa grande. La asesora de seguridad nacional Condoleezza Rice, la consejera del presidente Karen Hughes, el subjefe de personal Josh Bolten y Dick y Lynne Cheney ya estaban allí, donde habían estado desde la mañana. Lynne, cuyos agentes la habían llevado a la Casa Blanca justo después del primer ataque, se acercó y me abrazó. Luego dijo en voz baja en mi oído: 'El avión que golpeó el Pentágono rodeó primero la Casa Blanca'. Un frío corrió por mi espina. (...) George llegó a las 7.10 de la noche".

El búnker subterráneo de cinco pisos

Tras los ataques del 2001, el búnker se fue expandiendo hacia el lado occidental del ala norte, adyacente al ala oeste. Un ex periodista del Washington Post, Ronald Kessler, escribió en su libro "La Casa Blanca de Trump: cambiando las reglas del juego" de 2018, que ahora existe una instalación de cinco pisos bajo la Casa Blanca.

"Puede albergar al personal de todo el ala oeste indefinidamente en caso de un ataque de armas de destrucción masiva", detalla.

Según Kessler, la extensión del refugio por debajo de la Casa Blanca se mantuvo en secreto y comenzó en 2010 con la presidencia de Barack Obama. La excusa fue que había que cambiar el cableado eléctrico y el sistema del aire acondicionado. Pero Kessler accedió al presupuesto de la obra y era de 376 millones de dólares, suma que le pareció excesiva para los trabajos que supuestamente deberían realizarse.

El periodista da también un dato que habla mucho del actual Presidente de Estados Unidos. Cuenta que Trump, apenas asumió la presidencia, recorrió la instalación subterránea interesado en saber cuál era el grado de seguridad. En 1985, en sus épocas de empresario, el político compró Mar-a-Lago, un inmueble patrimonial declarado Hito Histórico Nacional, en Palm Beach, Florida. Debajo de sus cimientos hay un búnker que en algún momento Trump definió como "seguro y sólido" .
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