Horas después de asumir, el nuevo primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, anunció los primeros nombres que integrarán su gabinete con la misión de reestructurar el liderazgo laborista tras la renuncia de Keir Starmer. Se trata de figuras conocidas que ya formaron parte del Ejecutivo anterior.
Burnham nombró este lunes a Ed Miliband como ministro de Relaciones Exteriores y anunció que mantendrá a Shabana Mahmood al frente de la cartera de Interior. Ellos se suman al exministro de Defensa John Healey, quien pasará a estar al frente de Economía.
Miliband, que fue líder del Partido Laborista entre 2010 y 2015 y hasta ahora ocupaba el ramo de Energía en el gabinete de Starmer, pasará a ser el nuevo jefe de la diplomacia británica, en sustitución de
Yvette Cooper.
Por su parte, Shabana Mahmood, que en los últimos días había sonado como posible candidata a ministra de Economía, finalmente mantendrá su puesto como titular de Interior, donde ha impulsado una política migratoria y de asilo de 'mano dura', endureciendo los requisitos de obtención de visado y extendiendo los plazos para lograr la residencia permanente.
Los nombramientos se anunciaron a través de sendos videos breves publicados en la cuenta oficial del primer ministro británico en redes sociales, en los que se puede ver a Burnham recibiendo tanto a Miliband como a Mahmood en el interior del número 10 de Downing Street, estrechándoles la mano y dándoles un abrazo.
Healey ocupó la cartera de Defensa en el Ejecutivo de Starmer durante gran parte de su mandato, pero anunció su renuncia el pasado 11 de junio por desencuentros con el ex primer ministro por la financiación del plan de inversión de defensa británico.
En su carta de renuncia, el entonces titular de Defensa aseguró que tanto Starmer como el Ministerio de Economía habían sido "incapaces" de comprometer la financiación necesaria que el país necesitaba para defenderse en un tiempo de "amenazas crecientes". Su nombramiento a cargo de las finanzas del país anticipa, por tanto, un aumento en las partidas de gasto destinadas a defensa.
Desafíos
Andy Burnham goza de una cómoda mayoría parlamentaria, pero tiene ante sí una serie de retos que su antecesor pudo resolver solo en parte. Aunque será un Gobierno que se apoye en la misma mayoría laborista, el desgaste sufrido por Starmer -puesto de manifiesto en la debacle electoral del partido en las elecciones municipales y autonómicas de mayo- obliga al nuevo primer ministro a implementar cambios que serán analizados con lupa.
En materia económica, el principal desafío tiene que ver con la disciplina fiscal y estabilidad presupuestaria. Reino Unido tiene unos niveles de deuda pública que en mayo equivalían al 94,2% del PIB, en niveles no vistos desde comienzos de la década de 1960. Esta deuda ha supuesto un corsé en las políticas del gobierno precedente a la hora de ejecutar políticas sociales o de aumentar el gasto en defensa. Sin ser muy explícito, Burnham ha dado a entender que se dejará influir menos por las exigencias presupuestarias.
Desde la perspectiva más ciudadana, una de las promesas más repetidas por Burnham y su entorno ha sido la de
"devolver el dinero a los bolsillos de la gente" y aliviar en primer lugar el costo de la vida. Aunque no ha dado mayores precisiones, su equipo acaricia ideas como congelar los alquileres durante un año, reducir el precio de los pasajes en autobuses públicos o eliminar la 'tasa verde' en las facturas de electricidad (pensada para financiar el sector de las energías renovables).
En este último punto, Burnham deberá decidir si apuesta por la energía verde o los hidrocarburos. El Gobierno laborista saliente decretó una moratoria sobre las nuevas exploraciones petroleras en el mar del Norte, apostando por las energías renovables con el fin de garantizar una mayor soberanía energética en el futuro, una necesidad puesta en evidencia con las guerras en Ucrania e Irán.
En contraposición, se da por seguro que Burnham va a levantar esa moratoria y autorizar la exploración y posible explotación de los yacimientos de Rosebank y Jackdaw en aguas escocesas, en línea con su objetivo de aliviar a corto plazo la factura eléctrica de los británicos y de garantizar los puestos de trabajo en el sector.
Otro aspecto importante es el migratorio. El Gobierno de Starmer y su ministra del Interior Shabana Mahmood no dudaron en aplicar la "mano dura" para contener la inmigración, una de las cuestiones más candentes en el país. Como resultado, en 2025 la migración neta (entradas menos salidas) se situó en 171.00 personas, un descenso del 48 % con respecto al año anterior.
La cifra es la más baja desde 2021, cuando había restricciones de viaje por la pandemia de coronavirus, y muy inferior al máximo de 944.000 registrado en el año que concluyó en marzo de 2023.
Sin contar la pandemia, sería la más baja desde 2012. Al menos, con la decisión de mantener a Mahmood en Interior, Burnham está dando una señal de que mantendrá esta mano dura.
En materia política, uno de los grandes retos del nuevo primer ministro británico es impulsar un alicaído Partido Laborista. En las elecciones de mayo pasado, la colectividad perdió casi 1.500 concejales en los ayuntamientos ingleses, además de ser relegado por primera vez en la historia al tercer puesto en su feudo histórico de Gales y de sufrir otro descalabro en Escocia. Todas estas derrotas -que fortalecieron al populista Reform UK en Inglaterra y a los nacionalistas en Escocia y Gales- dieron una idea de hasta qué punto el laborismo había perdido popularidad tras su victoria arrasadora solo dos años atrás.
Ya pensando en política exterior, Burnham deberá definir qué acercamiento quiere con la Unión Europea (UE). Procedente de una región muy euroescéptica (el norte inglés), el Mandatario nunca ha afirmado que se plantee revertir el Brexit, y se ha mostrado vago con promesas como que quiere "consolidar los progresos logrados en las negociaciones existentes con la Unión Europea".
Por el momento, la esperada cumbre euro-británica que debía celebrarse el próximo miércoles en Bruselas se pospuso por el cambio de Gobierno en Londres. En ella deberán definirse nuevos acuerdos en agricultura, energía o visados para jóvenes, temas no desprovistos de escollos: Bruselas quiere que los estudiantes europeos en Reino Unido paguen las mismas tasas que pagan los británicos en territorio UE, algo que supondrá a Londres una factura de cerca de 120 millones de euros.
El nexo con Estados Unidos es otro punto a analizar en cuanto a política exterior se trata. La "relación especial" de la que Londres siempre se jactó con Washington ha saltado por los aires con Donald Trump: no solo no perdonó a Reino Unido los aranceles, sino que ha criticado ferozmente al Gobierno de Starmer por no sumarse a la guerra contra Irán, por congelar las exploraciones petroleras en el mar del Norte y por su política migratoria que juzga demasiado permisiva.
Consultado por su opinión sobre Burnham, Trump dijo que aún no lo conoce bien pero que lo considera "extremadamente progresista", lo que augura una relación si cabe más complicada. Por su parte, el líder laborista ha prometido que será "muy franco" con el Mandatario estadounidense y se permitirá discrepar con él "respetando su cargo".
Por otro lado, el líder laborista también deberá pronunciarse por la situación en Medio Oriente. A su antecesor se le criticó por su tibieza para con Israel durante la guerra de Gaza y también con respecto a los ataques del Estado hebreo al territorio libanés o la guerra contra Irán. Burnham, por el momento, mide sus palabras: por un lado, ha afirmado que "tenemos que hacer más para presionar al Gobierno de Israel", pero refiriéndose únicamente a la situación en Cisjordania. Preguntado sobre si cree que en Gaza se ha cometido un genocidio, evitó la palabra y se limitó a apuntar que hay "una evidencia creciente de que parecen haberse cometido crímenes de guerra".