Si hay que elegir una imagen que represente a plenitud cada uno de los
Mundiales de fútbol celebrados hasta hoy, es la del momento en que el campeón levanta la copa. Así lo tenía claro
Rodri, capitán de la selección de España, al momento de recibir el domingo el trofeo tras derrotar a Argentina por 1-0 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Pero el volante demoró lo más que pudo el ritual que era visto por millones de personas en el planeta: estaba esperando que el Presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, saliera del escenario. Sin embargo, el líder republicano -que había sido abucheado por el público- no quería perder protagonismo y solo se movió lo suficiente para mantenerse en la foto pese a los intentos del mandamás de la FIFA,
Gianni Infantino, de sacarlo del lugar.
La escena, de todos modos, no sorprende. Trump ya había hecho lo mismo el año pasado en la final del Mundial de Clubes celebrado también en EE.UU., cuando se quedó fijo en el escenario mientras el Chelsea celebraba el título. Ahora, tras el fin de "su" Mundial, era completamente predecible que la imagen se repitiera.
Esta escena fue el claro ejemplo de cómo el líder republicano, con sus diferentes acciones,
marcó el desarrollo de la competencia celebrada en Estados Unidos, México y Canadá. Pese a no haber asistido a ningún partido salvo la final, el gobernante no pasó desapercibido y su imagen se hizo notar.
Sus declaraciones en las que reflejaba su desconocimiento del fútbol y su bullada relación con Gianni Infantino fueron comentario obligado no solo en el mundo deportivo, sino que también en la esfera política, donde veían con recelo el protagonismo del Mandatario estadounidense.
Más allá de las críticas, Trump calificó el Mundial 2025 como "uno de los mayores eventos de cualquier tipo jamás celebrados" y no ocultó su deseo de que Estados Unidos vuelva a ser sede de un torneo de este tipo que, al menos a nivel organizativo, dejó comentarios positivos.
De las visas negadas al "Balogun Gate"
Los cuestionamientos comenzaron una vez que el Gobierno de Estados Unidos impusiera restricciones de viaje a una serie de países que impidieron que algunos aficionados viajaran a Estados Unidos.
Pero el hecho que encendió las alarmas fue la decisión de negarle la entrada al país al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, quien había sido elegido para participar en el Mundial.
Las autoridades norteamericanas explicaron que el juez "fue considerado inadmisible debido a problemas relacionados con la verificación de sus antecedentes y se le denegó la entrada al territorio". Abdulkadir Artan, pese a no poder arbitrar, agradeció el apoyo del mundo del fútbol y aseguró que sí estará en la próxima cita, a celebrarse en 2030.
Luego vino la polémica en torno a Irán. Dos meses antes del inicio del torneo, Donald Trump propuso sustituir al país persa -en guerra con Washington e Israel- por Italia, idea que no prosperó. Esta hostilidad se notó claramente una vez iniciada la Copa: la selección iraní no pudo concentrar en territorio estadounidense, por lo que ocupó a México como su centro de operaciones. Así, el equipo debía viajar por el día a Estados Unidos, lo que entorpeció el trabajo logístico y también afectó a los jugadores, que aseguraron haber sido maltratados con este tipo de acciones.
Pero sin dudas que el escándalo mayor tuvo que ver con el llamado "Balogun Gate". Fue el mismo Donald Trump quien reconoció que llamó a Gianni Infantino para pedir una revisión de la sanción que pesaba sobre el delantero estadounidense Folarin Balogun, quien debía cumplir una fecha de suspensión tras haber sido expulsado en el encuentro entre su selección y Bosnia y Herzegovina. La polémica creció luego de que la FIFA decidiera dejar sin efecto la suspensión del goleador, que pudo jugar en la derrota por 1- 4 ante Bélgica en los octavos de final.
Este hecho generó un sinnúmero de críticas tanto al propio Trump como a la FIFA. Y si bien el ente rector del fútbol mundial recalcaba que sus órganos disciplinarios actuaron de manera independiente, el incidente planteó dudas sobre una interferencia política. El episodio vino a coronar la serie de cuestionamientos a la estrecha relación entre el Mandatario estadounidense y Gianni Infantino, quien en el pasado incluso le entregó al republicano un premio por la paz.
Días después, el Mandatario norteamericano explicaría su comunicación con la FIFA: "Me vi forzado a llamar a Gianni y hacer una recomendación (...). ¡Dejen que ese tipo termine el partido! No, no dije eso.
Dije: me gustaría poner una queja. No sabía qué iba a pasar,
pero es mejor cómo salió todo, porque no hay controversia: ganaron el partido", sostuvo.
Luego vinieron otros comentarios de Trump, como su deseo de organizar otro Mundial, pero esta vez solo en Estados Unidos, o sus críticas al DT de Inglaterra, Thomas Tuchel, por su planteamiento defensivo en la semifinal con Argentina. El corolario lo puso con su participación en la final.
Pensando en las elecciones
El Mundial se realizó en momentos en que Donald Trump es bastante cuestionado tanto a nivel interno como en el exterior. Los números económicos, su campaña antiinmigrantes y las consecuencias que ha traído la guerra en Irán que emprendió junto a Israel lo han puesto en el punto de mira. Todo esto, ad portas de las elecciones legislativas de medio término a celebrarse en noviembre, donde el oficialismo podría perder su mayoría en el Congreso.
Con este escenario, para el Mandatario el Mundial significaba una vitrina para mostrarse ante Estados Unidos y el resto del planeta como un líder capaz de seguir guiando al país más poderoso del globo. Por un lado, los estadounidenses valoraron el nivel organizativo de la cita futbolística, sin embargo, el accionar del líder republicano dio que hablar, dejando más bien una imagen negativa.
"
Trump ensombreció todo el torneo, utilizándolo como arma para fines políticos internos, independientemente de si acudía en persona a los partidos", aseguró a DW
Jules Boykoff, profesor del Departamento de Política y Gobierno de la Universidad del Pacífico, en el estado de Oregon. El académico afirmó que, por ejemplo, el caso Balogun "pasará sin duda a la historia como
una de las intervenciones políticas más notorias de la historia del Mundial".
Para Boykoff "intervenir en la situación de la tarjeta roja le permitió a Trump transmitir a su base política el mensaje de que podía hacer que organismos internacionales como la FIFA se plegaran a su voluntad".
En esa línea, el profesor remarcó que "la mayoría de las acciones de Trump durante el Mundial deben interpretarse como esfuerzos por influir en la opinión pública nacional de cara a unas elecciones intermedias clave, y no como un intento de convencer a la opinión pública internacional de que es una persona estupenda".
Similar opinión tiene el sociólogo español Rafa López, quien en diálogo con el canal La Sexta sostuvo que "el problema de Trump se llama elecciones de medio tiempo: se llama que puede perder el control del Senado, que puede perder el poder de la Cámara de Representantes y que tiene un problema con su propio partido; de hecho, comienza a ser un problema incluso para su propio partido".
De este modo, "veremos los movimientos que habrá, porque es un pato cojo y, a medida que se aproximen las elecciones, los candidatos republicanos, pese a toda la ingeniería electoral que están haciendo, se van a sentir muy incómodos con Trump".
Y si por un lado sacan cuentas positivas y se encargan de ensalzar el éxito del Mundial, por el otro han crecido los cuestionamientos al Mandatario y su forma de hacer política. Habrá que esperar a noviembre para ver si esto incidirá en las elecciones.