Queda menos de un mes para que se celebren las elecciones presidenciales en
Brasil y el escenario está cada vez más ajustado. Luego de un momento bastante complicado en las encuestas, el senador derechista
Flávio Bolsonaro ha logrado repuntar e, incluso, en algunos sondeos aparece por encima del Mandatario
Luiz Inácio Lula da Silva, de cara a una eventual segunda vuelta.
De acuerdo con la encuesta de la firma Quaest, dada a conocer el lunes por O Globo, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro cuenta con un 42% de intención de voto en un posible balotaje, frente a un 40% de Lula, con lo que ambos candidatos siguen empatados dentro del margen de error, que es de dos puntos.
Otros sondeos también han mostrado resultados similares. La encuesta de AtlasIntel y Bloomberg, publicada el pasado 10 de septiembre, dio a Bolsonaro
un 46,4% de intención de voto, frente al 46,2% de Lula; mientras que el estudio de PoderData dado a conocer un día después puso al candidato derechista en el primer lugar con un 45,4% de los votos, versus un 45% del Mandatario.
Si bien todas estas diferencias están dentro del margen de error -por lo que se habla de un empate técnico-, la tendencia es clara: desde julio en adelante, el legislador ha logrado reducir una distancia de hasta ocho puntos con su rival, provocando un escenario aún más incierto de cara a la primera vuelta del próximo 4 de octubre.
Todo indica que Lula y Bolsonaro pasarán al balotaje contemplado para el 25 de octubre, sin embargo, no hay claridad sobre qué pasará después. Estas son las claves del repunte del candidato derechista:
Economía y campaña
Tanto medios como especialistas brasileños coinciden en que la percepción económica es un factor clave para explicar la caída de Lula en las encuestas y, por consiguiente, el repunte de su adversario. Si bien la inflación interanual está en un 4,44% (dentro de las previsiones del Banco Central) y el desempleó ha bajado hasta el 7,5%, el principal problema pasa por la sensación en la población de que "el dinero no alcanza", en un país donde ocho de cada diez personas tienen deudas y casi un tercio de las familias acumula pagos atrasados, según la Confederación Nacional de Comercio.
"El clima económico ayuda a explicar estas cifras, que son muy malas para el presidente Lula", explicó la analista Isabel Mega en CNN Brasil. "Existía la expectativa de mantener cierta estabilidad o, al menos, el comienzo de percibir que las cosas están mejorando a medida que el gobierno eleva el tono de su discurso", añadió.
Ante este escenario, el Presidente de Lula ha anunciado una serie de medidas, como el programa de renegociación de deudas
"Desenrola" o la decisión de
permitir retiros del Fondo Brasileño de Indemnizaciones por Despido. No obstante, la ciudadanía aún no ha percibido los efectos de estas determinaciones.
"El Palacio Presidencial ya ha diagnosticado que la economía es el principal obstáculo actual, pero el gobierno aún no ha logrado resolverlo de manera que se traduzca en una recuperación para el Presidente", remarcó Mega.
Flávio Bolsonaro, por su parte, ha aprovechado esta situación para responsabilizar al Gobierno y hacer una serie de promesas centradas en la reducción de impuestos para aliviar la complicada situación económica de muchos brasileños.
Por otro lado, el heredero de Jair Bolsonaro ha liderado
una campaña agresiva contra el Gobierno de Lula, que le ha permitido posicionarse y centrar la atención ciudadana. Del mismo modo, ha logrado sumar
el respaldo activo de figuras fuertes de la derecha brasileña, como el gobernador
Tarcísio de Freitas, el diputado
Nikolas Ferreira y la esposa de su padre,
Michelle Bolsonaro, con quien tuvo marcadas diferencias tiempo atrás.
Lula, en tanto, ha debido afrontar escándalos como el de su jefe de gabinete, Marco Aurélio Santana, quien dejó el cargo en julio pasado luego de que se descubriera que recibió pagos de la empresaria Roberta Luchsinger, amiga de Lulinha, hijo del Mandatario brasileño.
Escándalo judicial
Otro tema que ha golpeado la campaña presidencial es el escándalo que afecta al Tribunal Supremo de Brasil, que investiga a uno de sus jueces, Alexandre de Moraes, por presuntos vínculos con el banquero Daniel Vorcaro, preso por estafa.
El caso primero salpicó a Flávio Bolsonaro, investigado por sospechas de corrupción y lavado de dinero en el financiamiento de un filme sobre su padre, costeado por el propio Vorcaro. Esto significó una baja notable en las encuestas en julio pasado.
Sin embargo, el avance del caso, que ha golpeado al propio juez De Moraes (conocido por condenar a Jair Bolsonaro a 27 años de cárcel por golpismo) se ha transformado en una crítica al sistema y al Gobierno, favoreciendo a la oposición.
El relato, entonces, cambió: ya no se habla del "candidato bajo sospecha", sino que de un "sistema en crisis". La derecha, de este modo, ha aprovechado restarse del escándalo y denunciar abiertamente a las autoridades brasileñas.
Aún quedan unas semanas para conocer al próximo presidente del gigante sudamericano. Lo cierto es que el escenario es, por lo bajo, incierto.