Hasta antes del sistema frontal, el ministro de Defensa, Fernando Barros, había tenido una baja exposición mediática; por un lado, por la naturaleza de su cartera, y por otro, porque no se había generado -durante estos meses de Gobierno- una catástrofe relacionada a las inclemencias de la naturaleza que implicara una eventual participación de las FF.AA..
Pero pese a esto, el ministro Barros ha tenido algunas intervenciones que han dado ciertas señales de que posee una "pauta propia", que no necesariamente "conversa" con la narrativa del Ejecutivo.
El abogado tributarista llegó al Gobierno tras una larga carrera en el sector privado, aunque con relevantes participaciones en materias públicas. Consultado por el paso que dio para aceptar ser ministro de Estado, Barros planteó ayer a Radio Infinita que se dio en el momento preciso en que pudo aceptar algo que "siempre había querido".
En ese sentido, recordó que fue dirigente en el colegio, presidente de la Asociación Mundial de Estudiantes de Derecho, "me tocó ser parte de un proceso histórico muy relevante, como fue la detención del senador Pinochet en Londres, asesoré al ex Presidente Piñera en la constitución de sus fideicomisos. Siempre he estado cerca del mundo empresarial, pero también del mundo de la cosa pública, tengo muchas amistades relacionadas con todo, y por lo tanto, siempre ha estado el bicho", acotó.
Caso niños haitianos y aranceles
En junio, cuando se conoció un preinforme de Contraloría sobre menores haitianos no localizados, el Ejecutivo estampó una denuncia ante el Ministerio Público por presunto tráfico ilícito de migrantes. Por esta situación, y sin el informe final de Contraloría a la vista, el Gobierno fue acusado de una "sobrerreacción".
En esa oportunidad, el ministro Barros fue uno de los primeros en descartar que los niños estuvieran desaparecidos, apuntando a un "desorden administrativo" y "política mal manejada" por parte de autoridades, refiriéndose a los procesos entre 2022 y 2025.
No obstante, sostuvo que "quiero decir responsablemente, sin ser encargado la investigación, no hay ningún antecedente serio que indique que estamos frente a un tema de tráfico de niños, de prostitución infantil, de órganos. No hay ningún antecedente, incluso más, responsablemente, no hay antecedentes de que estos niños estén desaparecidos o perdidos. Aquí entró una cantidad de niños y no se sabe en qué están", subrayó.
En esa línea, recalcó que "no hay una sola denuncia ni acción criminal que diga mi hijo se perdió o no está ni en Haití, ni en Chile y en el camino se extravió (...) los antecedentes que hay no hablan de ninguna de estas situaciones dramáticas".
"Yo creo que la expresión perdidos ya supone tener antecedentes que yo desconozco. La comunidad haitiana lo mismo. No tengo información de que haya decenas o cientos de denuncias, querellas o acciones judiciales de padres diciendo mis hijos están perdidos", apuntó.
Aranceles de EE.UU.
La semana pasada se conoció que Estados Unidos aplicó una sobretasa arancelaria de 12,5% a una parte de las exportaciones chilenas, como resultado de la investigación iniciada bajo la sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 contra 60 economías, por considerar que no prohíben o no fiscalizan eficazmente la importación de bienes producidos total o parcialmente mediante trabajo forzoso.
Al margen de la polémica que causó el hecho de que dos ONG expusieran en contra de Chile apuntando a "trabajo forzoso" en la agricultura y salmonicultura, el ministro de Defensa no dudó en salir a cuestionar la decisión de Washington, marcando un contaste con sus colegas del gabinete ministerial.
Mientras el canciller Francisco Pérez Mackenna optó por una postura más institucional, insistiendo en que el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ambos países "está plenamente vigente" y que las conversaciones diplomáticas continúan para intentar excluir a Chile de la medida, el ministro Barros calificó la decisión como "injusta" y "decepcionante".
El ministro observó que el asunto de las tarifas, "es algo injusto y es algo que nos deja bastante confuso, porque se supone que somos países muy amigos, muy cercanos".
"Un embajador que está aquí recorre Chile, nos conoce. Entonces, aplicar una suerte de sanción por una acción u omisión respecto a un tema valórico tan relevante como es permitir el abuso, no tomar las medidas para evitar el abuso, una suerte de castigo por esclavismo, digamos, parece muy injusto y genera dudas en la cercanía y confiabilidad de la relación", aseveró.
¿Una pauta propia?
Consultados por Emol, expertos ponderan el estilo que ha mostrado el ministro Barros y las razones que marcarían los matices que ha tenido con ciertas narrativas del Ejecutivo.
Para Raúl Burgos, analista político del Observatorio de Historia de la PUCV, comenta que "creo que lo que se observa es un fenómeno típico de los gabinetes, que en algunos temas los ministros pueden hablar más según su interés en la materia o su cercanía política con el asunto".
En esa línea, comenta que en el caso de los niños haitianos, "Barros habló apuntando a cuestiones afines a su cargo, como el control fronterizo, los flujos migratorios y la seguridad. En ese asunto trató de moderar el tono de la alarma pública, con el objetivo de contener el tema", planteó.
"Es una persona que parece comprender el peso de las palabras expresadas desde la tribuna que tiene, a diferencia de otros ministros que parecen no entender el impacto del rol. Más que tener una agenda propia respecto al Ejecutivo, sus declaraciones dan cuenta de rigurosidad a la hora de comunicar".
Javiera Delgadillo, académica U. O'Higgins
"En el caso de los aranceles, en cambio, vemos que el ministro está opinando sobre un tema que tradicionalmente es de Cancillería y Hacienda. Sin embargo, esto puede explicarse por el interés de resguardar la autonomía de Chile en sus relaciones tanto con Estados Unidos como con China. De allí que Barros asuma una posición más dura al interior del gobierno, en el entendido de que el plan de acción para abordar el tema y las negociaciones con Estados Unidos están en curso en manos de Cancillería", apuntó.
Javiera Delgadillo, docente de la carrera de Administración Pública de la Universidad de O'Higgins (UOH), plantea que "los dichos del ministro de defensa dan cuenta de su experiencia como vocero en causas complejas mediáticamente, no hay que olvidar el rol que jugó como portavoz del dictador Pinochet en su arresto en Londres".
"En este sentido, es una persona que parece comprender el peso de las palabras expresadas desde la tribuna que tiene, a diferencia de otros ministros que parecen no entender el impacto del rol. Ahora bien, más que tener una agenda propia respecto al Ejecutivo, sus declaraciones dan cuenta de rigurosidad a la hora de comunicar, elemento que no ha estado presente en estos meses de gobierno", opinó.
El matiz comunicacional
Por su parte, Roberto Munita, académico de la U. Andes y la UNAB, sostiene que más que una pauta propia, lo que se observa es algo que es propio de los ministerios de Defensa en general, y que se evidencia aún más en Chile.
"El Ministerio de Defensa se sabe como un ministerio de Estado, no de Gobierno, y por tanto, es normal que tiendan a ver sus misiones y su forma de actuar desde esa óptica, lo que se puede alejar de la línea editorial de La Moneda. Por supuesto, esto no es justificación, y es algo que debiera preocupar a los equipos de comunicaciones de un gobierno, pero hay que trabajarlo desde esa óptica, y no desde una mala concepción de un discolaje o de una pauta propia", enfatizó.
En la misma línea, Lucas Serrano, director de Administración Pública de la USS, sede Concepción, planteó que el ministro Barros tiene "una autonomía comunicacional mayor", y si bien "hay diferencias de tono e intensidad respecto de resto del Gobierno, no hay una contradicción política de fondo".
El experto sostiene que "nuevamente encontramos a un gobierno que ha tenido algunas dificultades para mantener una línea plenamente cohesionada entre sus distintas autoridades", sin embargo, a un eventual diagnóstico de una falta de cohesión comunicacional, también podría existir una distribución deliberada de roles.
"Mientras el Presidente y la Cancillería, que son quienes deben mantener abiertas las conversaciones, utilizan un tono más prudente, otro ministro puede subir la presión política. El problema es que no queda completamente claro si estamos frente a una estrategia coordinada o simplemente ante autoridades que comunican con distintos niveles de autonomía", sostiene.