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"No, yo no voy a ser la nonna ni la abuela ni na', soy la Lily"

26 de Marzo de 2009 | 10:57 |
Comenzó en la actuación apenas llegada de Europa, en los radioteatros de 'La hora de Italia', como era chica y hablaba en italiano participó en varios de ellos. "Me tenían que poner una ruma de libros para que alcanzara el micrófono", recuerda riendo Liliana Ross.

No se planteó ser actriz al salir del colegio y optó por la enfermería, pese a que por puntaje podría haber estudiado medicina.

-¿Se oponían tus padres?
"No, fijaté; mis padres nunca se opusieron. En eso eran bien europeos y yo aprendí a ir al teatro con ellos. Yo iba de niña; en esa época me daban la mesada y, como vivía en el centro, pescaba mi plata y me iba a ver teatro… chica. Además la ciudad, entonces, era amistosa. Me acuerdo que a los once años yo caminaba por el centro como si nada… ¡ahora yo no dejaría un niño solo ahí ni por nada, me muero!"

Estuvo a punto de casarse con un brillante abogado de la colonia italiana, pero se arrepintió. "Menos mal –dice-, porque hubiera sido un desastre". Después de eso, decidió entrar a los cursos de teatro nocturnos de la Católica, ya que trabajaba durante el día. "Y esta cuestión es como la droga: la probai y ahí ya no te suelta".

Así conoció a Hugo Miller, que era el director de la escuela; a los dos años se casaron y ya no dejó más el teatro. "La única vez que yo le dije a Hugo entonces separémonos, fue cuando me dijo que no hiciera teatro".

-¿Por qué no quería que hicieras teatro?
"Porque le quitaba la mujer de la casa y con las niñitas… ¡si era machistón el Miller! Fue la única vez en mi vida y no volvió a mencionarlo jamás".

-¿Cómo te enamoraste de Hugo, si era bastante mayor que tú y no especialmente agraciado en lo físico?
"A mí siempre me han atraído los hombres muy inteligentes y ¡era brillante!; era un hombre bueno, excepto tal vez consigo mismo; se castigaba mucho, porque tuvo una niñez muy difícil, pero la gente lo quería mucho, porque era muy bueno.
"Fue un maestro único, lo mejor que hizo en la vida fue educar; o sea, educere, sacar de la gente lo mejor que la gente tiene para dar. Y me enamoré de esa cosa brillante que él tenía".

Insiste en que nunca se habría casado con un hombre tipo galán, porque era muy insegura y le hubiera dado terror. "Me sentía fea, siempre me sentí fea; ahora lo superé… ¡lo superé!, creo que soy una vieja, ehhh, de buena presencia, pero siempre me sentí poco agraciada. También hice algunas trampitas para mejorar la 'presentation'".

Liliana reconoce haberse practicado varias cirugías, pero de carácter menor, para arreglarse la nariz "y otros detallitos. Mucho menos de lo que la gente se imagina. Creo que si uno puede retener un poco el paso del tiempo bien, pero –después- disfrazarte de lola o de vieja corriendo en moto, como dicen mis hijas, jajajaja ¡ni cagando! Quedai con la frente pegada acá (indica la mitad del cráneo), jajajaja".

Hace apenas tres semanas la operaron del colon. Según cuenta, fue sólo por intuición que se hizo los exámenes que arrojaron un quiste que, aunque benigno, significó una intervención quirúrgica mayor. Orgullosa, muestra la cicatriz que, a pesar del poco tiempo, casi no se nota e insiste en la buena calidad de su piel.

Con Hugo Miller, Liliana tuvo tres hijas: Daniela (fotógrafa) y madre de tres hijos, Vanesa (actriz) y Moira (actriz), con un hijo. Ella habla con gran cariño de sus hijas y de sus nietos y muestra una flor que le regaló el más pequeño, Lucas.

Hugo sufrió del corazón por varios años y en 1997 falleció. Después de un tiempo, Liliana se reencontró con un antiguo compañero de la escuela de teatro (también alumno de su ex) y comenzó una amistad que terminó hace un par de años en matrimonio por las dos leyes.

Raoul Pinno se fue a los Estados Unidos, donde fue productor manager de cine para la Universidad de Los Ángeles y después administró el Hollywood Bowl, que es el equivalente a la Quinta Vergara, pero mucho más grande, porque se hacía un evento todos los días. Estuvo 10 años a cargo de eso. Ella cuenta riéndose que él le asegura que se fue de Chile al saber que pololeaba con Miller, pues siempre estuvo enamorado de ella, "pero yo no le creo", dice.

-Tú dices que Hugo te lo mandó.
"El Hugo me lo mandó. Primero me mandó unos ejemplares bien de mierda (carcajada), para que lo valorara un poco más y después a Raoul.
"Sabes que revisando unas fotos, cuando nos íbamos a casar con el Hugo, los compañeros de universidad nos dieron una comida, es muy loco, porque en la foto estamos yo, Hugo al lado y ¡detrás Raoul! O sea formábamos un triángulo, no lo podía creer".

Se ven una pareja inmensamente feliz. Él la cuida y la atiende con una delicadeza y un cariño que se notan a kilómetros; ella lo incluye en casi todos los temas de los que habla. Dice sentirse una mujer plena y feliz a su lado.

-¿Tus hijas aceptaron bien este matrimonio?
"Mira la única que sigue diciendo que no entiende por qué a estas alturas nos casamos por las dos leyes es la Vane, pero todas se llevan muy bien con Raoul.
“La Daniela que tiene mucho humor, le digo, ponte tú, venimos llegando de las Torres del Paine y el viernes nos vamos a Iquique y a Arica; se escucha una pausa por el teléfono y me dice ¡Puta, lo pasan mal los weones" (estalla en una sonora carcajada).

-¿Cómo ha sido ser abuela?
"La chochera. Lo más divertido es que Raoul ya habla de nuestros nietos, está chocho también. Son dos mujeres y dos hombres".

-¿Cómo te dicen?
"Lily, por supuesto. No, yo no voy a ser la nonna ni la abuela ni na', soy la Lily. Además no soy la abuela típica de pelo blanco y eso. No, jugamos, nos revolcamos, nos tiramos en la alfombra, nos metemos a la tina juntos todos. Es muy bonito. Además los niños de hoy son más maduros".

-¿Por qué nunca confiesas tu edad?
"Porque la quiero dejar en el misterio (carcajada). Tengo menos de la que represento, pero menos de la que me achacan, probablemente. Porque, para una mujer, en mi profesión, es una cosa en contra. Y lo es, porque piensa que la Rivadeneira, que tenía 33 años, hacía el papel de una mujer, en una teleserie, en que el compañero de colegio del hijo se enamoraba de ella. Entonces, uno piensa ¿Qué papel me van a dar? ¡la bisabuela de Walter Kliche! (risas nuevamente)".
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