Rodrigo Salinas: Forever fun

Ha pasado toda su vida riendo y haciendo reír. De hecho, así conquistó a su esposa y así consiguió que su humor traspasara sus cómics y entrara a la televisión, donde hoy, “Ratoncito” y “El dostor” son personajes conocidísimos de “El club de la comedia”. Le preocupa, eso sí, no ser una autoridad para sus hijos. “Qué les digo si son desordenados (...) Me van a decir ‘¿y cómo tú, papá, que te vestías de mujer en la tele?”. A pesar de todo, igual se ríe de eso.

11 de Noviembre de 2010 | 13:38 | Por Ángela Tapia F., Emol
Manuel Herrera, El Mercurio.
A estas alturas de la vida, sus 35 años, Rodrigo Salinas está viviendo una etapa que no planeó. Nunca había pensado que terminaría trabajando en televisión, haciendo personajes como “Ratoncito” o “El dostor”, y mucho menos que actuaría en vivo con sus amigos de “El club de la comedia” o que hoy se evalúe la participación de todos ellos en el próximo Festival de Viña.

Aunque asegura que ha “hueviado” toda su vida, lo suyo era el dibujo, el cómic, una pasión que comenzó desde el colegio, cuando era “una de las manzanas podridas del curso”. Así pasó de dibujar a los profesores a estudiar Arte en la Chile -porque él es de la U, así que estudiaba en esa universidad o ninguna otra- y terminó creando una editorial, Feroces Editores, con sus amigos Carlitos Lechuga y Chico Dueñas, con la que publicaron el trabajo de su ídolo y referente, Hervi.

“Cuando lo conocí le llevé un vino. Me dijo que no tomaba mucho y le dije que yo tampoco, pero terminamos súper curados. Lo pasamos muy bien; le mostré mi trabajo y era tal cual lo imaginaba, buena persona. Después me dijo que me iba a llevar a mi casa, pero como estaba curado, pensé que si chocábamos, le iba a tomar la mano antes de morir, como Thelma y Louise. Pero el tiempo demostró que no éramos sólo unos curados”.

Y claro que no. Mientras el maestro continuó siendo una leyenda del dibujo, Salinas pudo publicar su viñeta, “Canal 76”, en la revista Wikén, sus trabajos en fanzines y libros -ya va en la segunda edición de “Una novela ecuestre. La verdadera historia de Ratoncito”, al tiempo en que se lanzaba a la creación de guiones. Este nuevo paso se lo debe a Pedro Peirano, quien lo invitó a trabajar en Aplaplac y a “31 Minutos”, comenzando así esa parte de su vida que no estaba contemplada.

El humor lo tenía incorporado. Ser gordito desde siempre y para colmo ir toda su vida en un colegio de hombres, le dieron un doctorado en la respuesta rápida y saber reírse de él mismo. No por nada hoy dice orgulloso haber conquistado a su esposa a punta de chistes.

Para él, el humor no puede tener autocensura. Estas opiniones surgen al recordar que en agosto, el Consejo Nacional de Televisión formuló cargos en contra de “El club de la comedia” por sus parodias a Jesús y los apóstoles, pero que esta semana fueron retirados.

“El canal apeló, dándonos una señal súper clara de que iban a defender la libertad de expresión y que iban a llegar hasta las últimas consecuencias. Es como sentar el precedente de que uno puede hacer humor de muchas cosas. Ésta no es una campaña contra Jesús. De hecho, cada día lo quiero más. Veo la naturaleza y pienso cómo no voy a querer a Dios. Pero tengo una formación católica que me hace acordar de ciertos chistes del colegio y cierta estética de la misa, de los curas y de los apóstoles. No nos reímos tanto de Jesús como de los apóstoles. Sobre todo yo, que era Judas. No sé quién lo puede defender hoy en día cuando es el sinónimo de la traición”.

-¿Se sintieron poco apoyados por la gente?
“No, siento que hubo un respaldo súper fuerte. La sensación que tuve de la gente es que nos apoyó, más allá de si les haya gustado o no los sketches, sino que por el derecho de poder hacerlos. Creo que el humor debe tener las posibilidades de ir avanzando. Por otro lado, también entiendo al Consejo, puedo entender que alguien se moleste con las cosas que uno hace, porque estudié en un colegio católico también. Pero la pega de uno es ser un profesional del hueveo, y uno puede huevear hasta que te dicen ‘no’. En El Mercurio me pasa lo miso. Los límites no los establezco yo, sino me estaría autocensurando. Por eso no tengo límites para las cuestiones. Bueno, hay cosas de las que no haría chiste”.

-¿De qué cosas?
“De detenidos desaparecidos, por ejemplo. Hay temas que son sensibles en la medida en que hay gente que todavía no los reconoce, y no puedes burlarte de algo que aún no se asume como una verdad oficial. Lo de Jesús es distinto, y no creo que alguien se cuestione su fe por los chistes escolares que nosotros hacemos. A mí no me gusta la imagen de la cuestión polémica, pero siento que hay que pasarlo bien”.

-“Profesional del hueveo”, ¿cuál fue tu escuela?
“Mi escuela fue el colegio San Ignacio, colegio de hombres”.

-¿El Del Bosque?
“No, yo vengo del Alonso de Ovalle, tengo calle. Haber estado en un colegio de hombres de kinder a 4° medio y haber sido gordo durante toda mi vida son cosas que te obligan a aprender a defenderte. También aprendí el humor por haber estudiado en la Chile y después, puntualmente, por haber trabajado en Aplaplac, que es como el Olimpo del hueveo. Luego está ‘El club de la comedia’. Al final, la pega se aprende haciéndola no más”.

-¿Se puede ser un gordito pesado?
“Yo también soy pesado a veces, pero creo que ser gordo genera también una forma de relacionarte. No puedes ser gordo y pesado, aunque conozco un par de guatones insoportables. Pero la idea es que si vas a ser feo, trata de ser simpático. Si no desarrollaste tu físico, desarrolla tu lenguaje, la capacidad de responder rápido y defenderte. Así pasó en el colegio, porque te acostumbran a eso. Te peinaste un día mal y te huevean y te huevean”.

-¿Vas a estar con los de “El club” en Viña?
“Hay un rumor de que el canal quiere que vayamos, pero es una decisión que hay que tomar en grupo. A mí me preguntaron y lo encuentro chistoso. Es irresponsable de mi parte decir eso, porque es un trabajo serio y habría que prepararse bien. Yo le tengo miedo al monstruo, como cualquier chileno, pero también me imagino a mi mamá diciendo ‘¡mi hijo está en Viña!’, y es chistoso. Al final, no puedes andar con miedo por la vida. Prefiero decir ‘no deberíamos haber ido a Viña’, pero después que nos pifien. El miedo no puede inmovilizarte”.

-¿Qué te pareció la crítica de la Wikén, donde Francisco Aravena decía que “es hora de que ‘El club de la comedia’ pase de curso (...) Sus monólogos deberían ser más pulcros, parejos y regulares, y sus sketches se beneficiarían de superar el chiste de camarín de cuarto medio”?
“Me encantó. Creo que es lo más parecido a una crítica constructiva, porque es como ‘miren, cabros. Tienen que crecer’. Evidentemente que en lo que uno hace, en cualquier pega, hay que desarrollarse. Pero cuando se habla de que es un humor escolar, sí, porque ‘El club’ es 5° medio también”.

-¿No será 4° medio?
“No, porque eso es el colegio. (Sergio) Freire le puso así; dijo que estar en ‘El club’ es como 5° medio, porque es el mismo nivel de hueveo que tenías en el colegio, pero profesional. Sí siento que el programa tiene que mejorar, en términos de calidad y ritmo, pero en hueveo tiene muchos tonos. Y si nos proponemos hacer solamente humor inteligente, por ejemplo, lo empezaría a encontrar fome. Es momento de que pasemos a 6° medio, pero de ninguna manera perder esa energía escolar, que pretendo no perder nunca en mi vida”.

-¿Te has pasado toda tu vida así?
“Creo que sí, con peores o mejores resultados. En el colegio, de hecho, te genera problemas. Recuerdo haber estado siempre condicional, haber tenido malas notas… Ser bueno para el hueveo no era un plus. Con mis amigos éramos las manzanas podridas del curso, pero revertir esa situación ha sido entretenido. A mí me anotaban en el colegio por dibujar”.

-¿Es cierto que conquistaste a tu esposa haciéndola reír?
“Sí. Me produce un placer extraño hacer reír a la gente. Interprétalo como sea, pero hacer reír a una mujer, para uno, es realmente un logro. Yo me puedo acostar tranquilo si la hice llorar de la risa. Son las herramientas que uno tiene”.

En su casa, no sólo su esposa se ríe de y con Rodrigo. También se divierten sus dos hijos, Laura (7) y Salvador (3), quienes ya muestran claras señales de saber que su papá no es precisamente el estricto de la familia.

-¿Te ven en la tele?
“Sí, y me cachan. De hecho, la otra vez, Salvador me acompañó a una grabación donde estaba vestido de mendigo, y me decía ‘papá, sácate eso. No me gusta’. Algún día, cuando crezcan, van a entender por qué lo hice, para que estuvieran bien y no les faltara nada. A veces tengo miedo, porque dudo que yo sea una autoridad para ellos, por mi trabajo. Qué les digo si son desordenados o les va mal en el colegio. Me van a decir ‘¿y cómo tú, papá, que te vestías de mujer en la tele?’. Así que trato de que la mamá sea la autoridad”.

-¿No te complica que vayan a repetir malas palabras o chistes de grandes?
“Es que no quiero que vean el programa porque es para adultos. Pero en internet igual lo ven. La otra vez, Salvador le pegó al primo y le dije que le pidiera perdón. Así que él cantó la canción de ‘Ratoncito’. Ahí me di cuenta que creé un monstruo. Aunque, quizás, de eso se trata también, que basta con cantar para que no sea tan terrible”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Veo mujeres piluchas en internet (ríe)”.

-En serio, por favor. Puede ser un hobbie, algún hábito diferente.
“(Piensa) ¿A parte de ver mujeres piluchas en internet?”.

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