Psicología del cambio climático en el Valle de Aconcagua

Desde hace 6 años, los habitantes de esta zona han visto cómo la "megasequía" ha deteriorado las tierras, a tal punto que se han planteado abandonar el lugar donde nacieron. Revista Viernes habló con ellos.

01 de Abril de 2016 | 15:59 | Por Daniela Pérez G. y Cristóbal Bley
REVISTA VIERNES LA SEGUNDA

Por estos días, Exequiel Muñoz Chávez (43) dice vivir confundido. Experto en la producción de higos y aceitunas, desde que nació ha ayudado a su familia a cosechar la tierra que tienen en Tabolango, en la comuna de Santa María, en San Felipe y desde el año pasado, luego de la muerte de su papá, es el encargado de coordinar y mantener las funciones del campo. Sin embargo, a pesar de su experiencia, hoy no sabe cómo tratar a los árboles que cubren el predio. “Antes tenía claro cuándo ponerles abono, por ejemplo. Ahora, que no sé cuándo llueve, no puedo guiarme por los mismos tiempos porque en vez de hacerle un bien a las plantas las terminaría matando”. Los árboles, en su mayoría olivos e higueras “también viven confundidos”, confiesa. “Como el sol se mantiene hasta incluso mayo, luchan por mantenerse verdes, cuando en la realidad ya deberían estar descansando, botando las hojas, preparándose para el invierno”.

La sequía –que los especialistas califican como una “megasequía”– en el Valle de Aconcagua se ha sentido con fuerza y hace seis años comenzó a cambiar la vida de sus habitantes. Tanto, que incluso han llegado a pensar en dejar la tierra en la que nacieron y se criaron en busca de nuevas oportunidades laborales, las que en el pueblo se han vuelto igual de escasas que el agua. “Hoy el campo ya no es la base, es un complemento”, dice Exequiel parado al lado del estanque de 1.70 metros que alguna vez llenó con agua para regar el predio, cuando cosechaban 8 o 9 mil kilos de aceitunas en comparación a los 120 kilos que obtuvo el año pasado.

¿Cuál es la razón de la severa sequía que hoy los afecta? “Los climatólogos han logrado hacer el cálculo a través de diversos estudios y modelos, y dicen que un 25% de la responsabilidad se le puede atribuir al cambio climático. Si no fuera por éste, hubiésemos tenido una sequía menos intensa, lo que podría haberse expresado en su temporalidad o en que los rangos de déficit hídrico no hubieran bajado tanto”, explica Paulina Aldunce, ingeniera agrónoma e investigadora del Centro del Clima y Resiliencia (CR2) de la Universidad de Chile, que ha estado analizando el impacto de este fenómeno en los habitantes del valle –como Exequiel y varios de sus vecinos– en un estudio conjunto con psicólogos, sociólogos, antropólogos y científicos.

“El impacto más importante que se ha vivido y que se espera que sufra Chile debido al cambio climático es el déficit hídrico que se produce en sequías prolongadas como ésta. Cada vez vamos a tener menos acceso al agua y, por lo tanto, se van a desarrollar muchos conflictos con los actores que tienen intereses por este recurso, que en Chile son fuertísimos. Es cuestión de ver los problemas en el norte”, asegura la especialista.

Más allá de su lucha constante contra la escasez de agua, los habitantes también han tenido que enfrentar otros dos importantes impactos del cambio climático en nuestro país: el alza de temperaturas en el largo plazo, con el aumento de grados Celsius; y las olas de calor y lluvias extremas que provocan desastres naturales. Golpes que no sólo los han afectado económicamente, sino también en su vida personal.

“La gente que depende del trabajo agrícola se ve muy afectada. Tienen problemas porque hay menos demanda de trabajo, pero también están muy relacionados con el medio ambiente y al verlo tan seco se afectan emocionalmente”, afirma Aldunce. Por otro lado, se generan conflictos que antes no existían, como tener que acostumbrarse a regar a través de un sistema de cuotas en el que, por derechos de agua, algunos reciben más que otros. “Esto genera enfrentamientos importantes, incluso a balazos, me han contado. Porque con este sistema, que pase una acequia por tu predio no significa que puedas utilizar toda esa agua. Cada sitio tiene un turno y una cantidad asignada y, por supuesto, eso hace que algunas personas traten de sobornar a otras para que les asignen más agua, o se producen robos”.

Continúa leyendo el reportaje completo en Revista Viernes.
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